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España, (5 de Abril).- La figura del poeta romántico, impulsivo, amoroso, que murió de tuberculosis no es cierta sino que pertenece a la leyenda que se fraguó tras la muerte del autor de ‘Rimas’ y que se debe a las crónicas parciales de sus amigos y a los tópicos que se han ido perpetuando. Gustavo Adolfo Bécquer fue un hombre de formación renacentista y su poesía más que romántica es simbolista, en la línea de Verlaine, Rimbaud y Baudelaire. De ahí su modernidad.

Esta nueva visión del poeta y de su obra se desprende de la edición crítica de ‘Rimas. Leyendas y relatos orientales’ preparada por los especialistas Pilar Palomo y Jesús Rubio Jiménez. El volumen, que incluye una introducción de 200 páginas sobre su vida y obra, cierra la colección Clásicos Andaluces de la Fundación Lara, y en opinión de su editor, José Lara Garrido, es un broche de oro, “un volumen que marcará un antes y un después en los estudios becquerianos”.

En esta edición, las ‘Rimas’ no comienzan con “Del salón en el ángulo oscuro…”, aquel poema sobre la inspiración que inició durante más de un siglo los versos de Bécquer, una distribución clásica que no se debe a la voluntad del poeta sino a la interpretación posterior que hicieron sus amigos que le quisieron dotar de una biografía poética.

Gustavo Adolfo Bécquer, que sólo publicó 12 poemas en vida, escribió sus ‘Rimas’ en un cuaderno de contabilidad en blanco bajo el título ‘Libro de los gorriones’. Pilar Palomo publicó este manuscrito en 1977 y se ha basado en esa edición para la ordenación de los poemas en el presente volumen. Considera que debe ser la definitiva porque fue así tal como los redactó su autor.

“El antiguo ordenamiento tergiversa la idea inicial del poeta, porque Rimas nos parece una biografía sentimental. Y no lo es. En Bécquer, el amor es una excusa para desarrollar su ideario poético”, afirma Pilar Palomo, quien señala que el escritor tenía una formación renacentista (hizo un estudio sobre Herrera, poeta al que admiraba) y fue un autor que, en contra de esa idea de poeta fácil, luchaba con el idioma para expresar sus ideas y estuvo corrigiendo continuamente sus versos. “La clave temática de Bécquer”, señala Palomo, “se resume en tres palabras: luz, aire, pensamiento”.

La confusión entre vida y literatura en la figura del poeta comenzará poco después de su muerte y se debe, en principio, a las opiniones de sus amigos más cercanos que literaturizaron la realidad, y construyeron un personaje legendario al modo romántico: un artista malogrado, que murió en su plenitud y que tuvo una vida llena de dificultades. Todo esto no es cierto, según Jesús Rubio, quien señala que pertenece a la leyenda de Bécquer.

Y para demostrarlo, el volumen se inicia con una biografía de unas 50 páginas en las que Rubio expurga y sólo se ofrecen datos comprobados. “Para ello me he basado en documentos administrativos y profesionales, y en su correspondencia, en escasas pero muy reveladoras cartas del poeta”.

Este crítico deja a un lado los testimonios (interesados) de sus amigos para basarse en datos que nos muestran la imagen pública y privada de Bécquer, un escritor de periódicos que redactaba noticias sueltas, pero también estuvo al frente de algunos medios, y dirigió La Ilustración de Madrid. “Bécquer fue un periodista muy bien situado, que murió de una pulmonía”, afirma Rubio, y añade que no murió de tuberculosis, sino de un resfriado tras un viaje en tranvía desde Sol a su casa de Claudio Coello.

Este volumen definitivo incluye 15 leyendas y tres textos bajo el epígrafe de ‘Relatos orientales’: ‘El caudillo de las manos rojas’, ‘La creación’ y ‘Apólogo’, que tradicionalmente se colocaban en el génerico de leyendas, pero que responden específicamente al tema oriental, tan de moda en aquella época. “Cuando murió”, concluye Pilar Palomo, “Bécquer era considerado un buen periodista y un escritor de prosa, pero no un poeta”.

Fuente: El País

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