San Luis Potosí, México (06 de mayo de 2015).- Sonia Mendoza Díaz y Juan Manuel Carreras han ocultado sus bienes patrimoniales, sus relaciones que pudieran derivar en conflicto de intereses y su situación fiscal. Los candidatos del PAN y PRI se han distanciado de la transparencia, no de ahora que son candidatos, sino en los espacios que han ocupado en el servicio público. Es decir, su opacidad y renuncia a la transparencia no es novedad.

Presionados en cierto sentido por algunos medios de comunicación que han insistido en la necesidad de que los candidatos a gobernador suscriban “Las 3D”, los candidatos de marras han anunciado que en fecha próxima darán a conocer su patrimonio.

Se trata de una postura a destiempo, fuera de lugar y absolutamente desfasada del proceso de campañas político electorales. Falta solamente un mes de campaña, ya transcurrieron dos meses de campaña y ahora se les ocurre que darán a conocer algo que debieron airear desde el primer día de campaña.

En el marco del absurdo y falso acuerdo de civilidad firmado por cinco candidatos a gobernador ante el Consejo Estatal Electoral, directa o indirectamente, los abanderados del PAN y PRI anunciaron que darán a conocer su declaración de bienes.

Deberían saber que eso no se anuncia, se hace.

Las palabras transparencia, rendición de cuentas, gobierno abierto son algunas de las que han estado ausentes en la narrativa de campaña de los candidatos. No es que desconozcan la relevancia de esos temas para la vida democrática de San Luis Potosí, lo que pasa es que no son afines a ello.

Ni Carreras ni Mendoza tienen una idea cercana de lo que representa para la democracia el gobierno abierto, luego entonces, no se le puede pedir peras al olmo. Si tuvieran una ligera noción de lo que eso representa en las sociedades democráticas y participativas, en las que la sociedad juega un rol trascendental en los actos de gobierno, ambos candidatos ya lo habrían referido en sus discursos.

Asusta el nivel de irresponsabilidad de dos políticos que quieren gobernar la entidad y que mantienen en la oscuridad sus asuntos propios de su actividad política.

Cuando Sonia Mendoza fue líder de los diputados del PAN en el Congreso local, cuando fue legisladora federal y luego senadora, ni hizo nada en materia de rendición de cuentas. De hecho, hay testimonios de la enorme irritación que le provocaba que la prensa documentara los excesos de los legisladores.

Carreras López institucionalizó la opacidad en la Secretaría de Educación de Gobierno del Estado a tal grado que ha sido una de las instituciones públicas con más quejas en su contra ante la CEGAIP.

Es decir, ninguno de los dos ha sido un impulsor de la trasparencia sino todo lo contrario.

Ahora, a un mes del siete de junio dicen que ahora sí, que va en serio, que de una vez por todas van a publicar su patrimonio. Que lo hagan ya resulta inocuo. No lo hacen voluntariamente sino en el marco de una presión nacional que desde la sociedad, ha venido germinando desde el arranque de las campañas locales y federales.

Que no se limiten a su patrimonio, que descubran sus intereses, los que están detrás de ellos y de sus candidaturas. Quiénes son sus amigos, quiénes sus promotores, cuáles son sus vínculos con los grandes empresarios, con los proveedores, con los medios de comunicación, con los grupos fácticos de poder.

Que no se atrevan a mentir como están acostumbrados, que no presenten versiones sesgadas, declaraciones incompletas. Que presenten sus tres declaraciones y no quede en una simulación. Los políticos ya están suficientemente desacreditados como para ponerle una mancha más a los harapos.

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