San Luis Potosí, México (14 de abril de 2015).- Tal como un imán atrae a un clavo, en la entidad potosina han ocurrido cosas en el marco del proceso electoral 2014-2015 que seguro jalarán la atención de los medios de comunicación de la capital e incluso internacionales, como la desaparición y el presunto hallazgo del cadáver, decapitado, del operador político y militante del Partido Acción Nacional en Matlapa, Alfonso Ordaz Mendoza, alías “El Pili”.

El ambiente político que impera en territorio potosino es diferente al que se vive en entidades como Guerrero, donde los padres de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa le solicitaron al Instituto Nacional Electoral la cancelación de los comicios electorales, programados para celebrarse el próximo 7 de junio. Tampoco se compara con Michoacán ni Tamaulipas.

No obstante preocupa la situación local, sobre todo con el antecedente de lo acontecido el pasado 20 de febrero en el municipio Lagunillas, donde a menos de dos semanas del arranque de la campaña de proselitismo de los candidatos a la gubernatura, fue hallado el cadáver de Cecilia Izaguirre Camargo, quien presidía el comité municipal del Partido Revolucionario Institucional y era suegra del candidato priista a la alcaldía en ese municipio.

Días después fue detenido el presunto homicida, quien habría recibido órdenes Javier Patiño Arellano, suplente del diputado local por el PRI, Federico Ángel Badillo Anguiano, amigo éste del gobernador Fernando Toranzo Fernández y de la esposa de este, María Luisa Ramos.

El suplente se ostentaba como compadre del mandatario estatal y gozaba de la confianza del ex Secretario General de Gobierno, Cándido Ochoa Rojas y de su sucesor en ese cargo, Eduardo González Sierra, al grado que compartía alimentos con ambos, como se aprecia en una imagen divulgada en un portal informativo.

Antes, el 13 de febrero, en la columna institucional del diario Reforma, Ochoa Rojas fue vinculado con un grupo delictivo, pues en ese espacio se le señaló como un hombre con fama de estar relacionado con “La Maña”, “algo así como la franquicia de “Los Zetas” en esa entidad…y no se lo digan a nadie, pero se dice que la Policía Federal ya lo trae en la mira. Algo le sabrán”. No es de dudarse que haya sido un comentario promovido por algún rencoroso, pero no es para soslayarse.

Hace poco más de una semana, fue visto por última vez Alfonso Ordaz, mejor conocido como “El Pili”, militante del PAN y coordinador de la campaña del abanderado panista a la presidencia municipal de Matlapa, Edgar Ortega Lujan. Su motocicleta, calcinada, fue encontrada en un camino vecinal y en torno al lugar se detectaron restos de sangre.

Ayer el vocero PAN, Enrique Flores Flores, reportó que fue hallado un cadáver decapitado en el río Moctezuma y el que según familiares es del panista. Horas después el Procurador, Miguel Ángel García Covarrubias, informó en rueda de prensa que no estaba confirmada la versión de la parentela.

Todo ello, sumado a otros incidentes, como la detención del alcalde con licencia de Soledad de Graciano Sánchez, José Ricardo Gallardo Cardona, que enrarece el ambiente político electoral en San Luis Potosí. Hace años, a raíz de la crisis de inseguridad, se hablaba sobre el impacto de llamado “voto del miedo” en los comicios. Entre los potosinos, en diversos municipios, es factible que este se esté propagando.

Debe reiterase que San Luis Potosí no se compara con Guerrero, Michoacán, ni Tamaulipas, pero no es para dejar pasar incidentes violentos que han cobrado vidas en Lagunillas y muy probable en Matlpa, como las de los estudiantes de Ayotzinapa. La única diferencia es la cantidad.

La suma de actos violentos y la sospecha sobre el nexo del ex secretario general de gobierno con un grupo delictivo debe ser considerada como un factor de riesgo por las autoridades y adoptar medidas para prever situaciones más graves. Más vale que dejar pasar y dejar hacer, postura que asumida por el “gran ausente”, el doctor Toranzo.

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