Astrolabio

 

Intolerancia desde dentro y afuera de la Iglesia Católica, eso es lo que parece prevalecer aquí y ahora. Mientras que las víctimas de curas de pederastas continúan con su exigencia de justicia, jerarquía y feligresía católicas llevan su cerrazón al límite. Similar intolerancia enfrentan las personas con preferencia sexual distinta a la que ordena la iglesia.

Por una parte, El Vaticano adelanta que el Papa Francisco en su visita a México del 12 al 17 de febrero, no tendrá espacio en su agenda para atender a víctimas de pederastia, pero tampoco atenderá a víctimas del crimen organizado ni tampoco a los padres de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa.

Por la otra, la Iglesia católica potosina echa gasolina al fuego en el tema de los matrimonios igualitarios e impulsa a los grupos más retrógradas del catolicismo a lanzarse en contra de todos aquellos cuyas formas de vida sean diferentes a las que ordena la Iglesia.

Del mismo modo, hace unos días, en el marco de la denominada Marcha Por la Vida y la Familia, fieles católicos se lanzaron, primero vía redes sociales y luego físicamente, en contra de los colectivos sociales que al mismo tiempo se aprestaban a manifestarse para exigir al Congreso modifique el Código Familiar para legalizar los matrimonios entre personas del mismo sexo.

 

Eso también es intolerancia.

 

No es la primera vez que se denuncia el actuar de la jerarquía católica. Incluso se les ha acusado de dividir a la sociedad y de generar sentimientos de odio.

Pero no se puede esperar otra cosa cuando lo que hay es intolerancia.

 

Esto podría terminar si los diputados del Congreso del Estado ya hubieran hecho lo que les corresponde, es decir, legislar. Parece ser sencillo, pero no lo es puesto que los actuales legisladores como a los que les han antecedido, se han caracterizado por su doble moral.

 

El tema ahí continua estancado por no decir que congelado. No les interesa hacer lo que les toca.

 

Mientras tanto, la intolerancia se apodera de algunos sectores opositores a las reformas al Código Familiar y en especial los grupos conservadores cuya actuación deja mucho que desear.

Bien haría el arzobispo José Carlos Cabrero Romero en mostrarse más humilde y acercarse a los grupos de colectivos LGTTB que le han pedido audiencia y no se la ha concedido. Eso no solo es soberbia sino también, intolerancia.

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