Una obligación legal de la Procuraduría General de Justicia es aclarar los delitos que se cometen en el estado. Aclarar los delitos a través de una investigación seguida con rigor y apego a la ley. El Ministerio Público y la Policía Ministerial tienen la responsabilidad de hacer una realidad la procuración de justicia, por cierto, lograrlo sin tardanza sino con oportunidad. Eso es lo que debería ser.

Hace ya una semana en Lomas Cuarta ocurrió un fatal accidente automovilístico en el que perdieron la vida dos personas y una más resultó gravemente herida. El presunto responsable de la colisión huyó y días después se presentó ante las autoridades. Se fue luego a su casa puesto que la policía no tenía nada que incriminar.

El suceso marcó el ritmo de la información durante la semana que pasó. Las redes sociales generaron una marejada de información y en ellas, floreció la indignación, pero también el reclamo. Que dos personas mueran sin explicación alguna de parte del Estado, es una afrenta social.

Una semana después, la sociedad no sabe la verdad de lo ocurrido. Hay versiones, una muy valiosa de un testigo, pero también están las versiones periodísticas y la de la familia y amigos de las víctimas. Todos tienen una opinión y todos han liberado datos para ahondar en el conocimiento de lo ocurrido.

 

Solamente la Procuraduría General de Justicia ha brillado por su ausencia. Salvo alguna declaración del procurador Garza Herrera, esa instancia no ha hecho nada por aclarar un asunto que tiene a la familia de las víctimas en la incertidumbre y la indignación. Por encima del dolor, tienen que lidiar con una institución cuya imagen es la de una cueva de burócratas que no hacen nada.

 

Piense el amable lector como para cuando la Procuraduría General de Justicia tendrá resultados de sus “investigaciones” si tiene casos emblemáticos sin resolver como el de Diego González o el de Karla del Carmen Póntigo.

La especialidad de la Procuraduría ahora y siempre, es simular que se trabaja en el esclarecimiento de los delitos.

Hace un par de semanas, ante los diputados, el, procurador Garza Herrera describió a una Procuraduría deficiente, llena de vicios, ajena al dolor y a las preocupaciones de las víctimas, corrupta, deficiente, mal organizada y lenta en su andar. Esa radiografía es la misma que en su momento se presentó en el gobierno anterior, hace más de seis años.

 

Es decir, las cosas no cambian. Es el mismo panorama desolador en materia de procuración de justicia.

Que haya pasado una semana del accidente de Lomas Cuarta no debiera asombrarnos puesto que en la Procuraduría no tienen en primer lugar el interés público.