Xavier Nava Palacios / Foto de Xochiquetzal Rangel

Antonio González Vázquez

 

A días de cumplirse un año de que la policía capitalina desalojó con lujo de fuerza a María Teresa Carrizales de la oficina del Registro Civil, el alcalde Xavier Nava Palacios no encuentra salida del laberinto en que se metió.

 

Cuando se ordenó el desalojo de la ex Oficial del Registro Civil, el presidente municipal no tuvo en cuenta la magnitud del impacto que dicha acción tendría en su administración ni en su futuro político.

 

Se impuso una orden tan arbitraria como excesiva que le ha acarreado un problema mayor que está lejos de resolverse a conveniencia del edil.

 

No solo lastimó visiblemente su imagen al frente de un ayuntamiento que se proponía ser diferente al de su antecesor, Ricardo Gallardo Juárez, sino que en el extremo, fue colocado como agresor de mujeres.

 

A un año del incidente violento del que fue objeto la abogada Carrizales, permanecen en la memoria las imágenes que ilustran el exceso en el uso de la fuerza pública, presuntamente ordenada por el secretario General del municipio, Sebastián Pérez García y materializada por elementos a cargo de Edgar Jiménez Arcadia.

 

En aquel momento, las fotografías y videos circularon profusamente en redes sociales y la prensa nacional publicó los hechos: calificaron el incidente de brutal y violento. Los medios potosinos hicieron lo propio, de modo que la figura de Nava Palacios debió enfrentar una tormenta de noticias y artículos negativos en su contra.

 

Desde entonces, el panorama del edil se empezó a oscurecer de tal modo que hoy enfrenta demanda de juicio político en el Congreso del Estado, donde por cierto, el alcalde tiene más enemigos que aliados.

 

 El asunto cumplirá un año en la agenda de crisis municipal sin que el alcalde y colaboradores muestren las habilidades políticas y legales necesarias para salir del entuerto.

 

De hecho, el futuro político electoral de Nava está en manos del poder legislativo al que por el momento se encuentra atado con nudo gordiano. 

 

El sendero del alcalde con destino a las elecciones del año entrante le depara paso a paso un futuro por demás  incierto y escabroso; fue él quien eligió esa ruta de alto riesgo.

 

La decisión de desalojar a como diera lugar, así fuera con violencia a la ex oficial del Registro Civil, se tomó con tal impericia que llegó a convertirse en todo un desastre del que Nava es el principal damnificado.

 

El alcalde acababa de cumplir un año de su triunfo electoral y en ese momento mantenía un provechoso bono de aceptación ciudadana. Quizás pensó que no pasaría nada y que tras unos días de exposición negativa, al final su posicionamiento ante la opinión pública no resultaría vulnerado.

 

Pero no fue así.

 

Hace unos días, en  sesión privada del pleno de diputados, se determinó regresar a Comisiones uno de los dictámenes sobre el juicio político contra el edil., Se presumía que el dictamen que se votaría favorecería a Nava, pero esa intención se evaporó porque un grupo de diputados denunció públicamente lo que ocurriría.

 

Luego entonces, el presidente con aspiraciones de gobernador, sigue y seguirá por tiempo indefinido en el banquillo de los acusados, lo cual, bien mirado, no es la mejor de las ideas para forjar una candidatura.

 

La disculpa pública que el ayuntamiento ofreció a María Teresa Carrizales, no fue un acto voluntario sino una reacción tardía a raíz de la recomendación emitida por la Comisión Estatal de Derechos Humanos. Se buscó con ello atenuar los daños, pero en los hechos le dio más impulso a la ex oficial del Registro Civil para ir más allá de la simple disculpa.

 

En los hechos, nadie ha sido sancionado, el secretario general del ayuntamiento y el director de la policía se mantienen en sus cargos.

 

Paradojas de la política: ellos están firmes en sus puestos y su jefe, el alcalde, está a nada de ser enjuiciado y con ello, probablemente inhabilitado para contender en las próximas elecciones.

 

Si en su momento hubiese rodado alguna cabeza de entre los que intervinieron en el incidente, el escenario para Nava sería otro.

 

Con miras al 2021, el alcalde no tiene partido para construir una candidatura; el que lo postuló, no está con él. El grupo que lo arropó para obtener la candidatura en el 2018, no tiene ahora la fuerza necesaria para defenderlo e impulsarlo ante otros grupos que también tienen a sus potenciales candidatos.

 

Tampoco tiene a la vista otras opciones partidistas pues nadie pensaría en ofrecerle algo cuando enfrenta un juicio por actos de abuso de su administración en contra de una mujer a quien la policía arrastro en el piso como si fuera un trapo.

 

A Nava le debe urgir cerrar el episodio, salir íntegro y limpio, sin embargo, esa posibilidad de avista algo remota. En los días y semanas por venir, se verá si el alcalde es capaz de hacer de la política el principal instrumento que le permita recuperar el aliento y los afanes electorales.

 

No es sencillo dialogar y negociar con los diputados, incluso con los del PAN, la tarea resulta compleja. Están otros legisladores, como los del Verde y los de Morena, partidos a los que conviene que Nava no aparezca en las boletas electorales.

 

De los del PRI no se sabe porque dependen de la línea que les de el gobernador, aunque está claro que el derrotero del caso en el legislativo tendrá tufo electoral.

 

Esto, por supuesto, se lo buscó el propio Xavier Nava Palacios porque no supo detener la crisis a tiempo y no tuvo la sensibilidad necesaria para afrontar un notorio caso de abuso de autoridad de sus mandos y elementos policíacos.

 

También le faltó congruencia, pues a la denuncia por presunta corrupción municipal, respondió con la fuerza y no con la razón.

 

Y por si fuera poco, le faltó honestidad como servidor público, pues pese a la crudeza de las imágenes sobre la violencia contra María Teresa Carrizales, exculpó a los responsables al afirmar que el desalojo se había realizado con pleno apego a los derechos humanos.

 

Por supuesto, ese despropósito no tiene perdón ya que los videos son una prueba incontestable de cuan violenta fue la acción policíaca.

 

En unos días se cumple un año de ese evento vergonzante, pero la pesadilla del alcalde no ha terminado.

 

Quizás es hora de que Nava pida algún consejo a su oráculo, el gobernador de Chihuahua, Javier Corral, puede que le diga algo qué hacer.