Antonio González Vázquez

Ayer en la plaza de Armas se reunieron una cien personas para “exigir” que Andrés Manuel López Obrador “se vaya”. En las elecciones de julio de 2018, 526 mil 033 potosinos votaron por López Obrador.

El tamaño de la “oposición” desde “la sociedad civil” es ridículo, pero pese a tan patética pequeñez, tienen derecho a expresarse públicamente, esa garantía es inamovible en el México que esos cuantos ven como una “dictadura”.

En San Luis Potosí, López Obrador logró el 41.86 por ciento del total de la votación válida emitida y con ello, arrasó a sus contrincantes.

Únicamente en la capital, núcleo del conservadurismo en la entidad, López Obrador perdió: obtuvo 70 mil 578 votos por 71 mil 001 votos del candidato del PAN, Ricardo Anaya. Apenas 500 votos de diferencia en una ciudad donde ayer cien personas se dijeron hastiadas del presidente de la república.

A nivel nacional, López Obrador captó el 53 por ciento del total de votos de la elección presidencial; 30 millones 112 mil votos.

Desde el primer día de diciembre de 2018, cuando López Obrador asumió la presidencia de México, hubo expresiones de “protesta” en el país y ya en ese momento le llamaban “dictador”.

La de ayer fue una “movilización” igual que muchas otras que se han venido presentando con el impulso de diversas organizaciones como el denominado Frente Nacional Ciudadano. El común denominador de sus “manifestaciones” es su microscópica presencia.

Por la mañana de ayer, me detuve en la plaza de Armas y frente a la sede del Congreso del Estado, la congregación escuchaba los discursos. Una mujer me pidió que me sumara a las filas del movimiento; hice un movimiento negativo con la cabeza, pero me insistió: “necesitamos que el pueblo se sume, no podemos permitir que México se convierta en otra Venezuela”.

Seguí observando y camine alrededor de la minúscula masa humana que ocasionalmente lanzaba con voz tímida “fuera López Obrador”. Algunos paseantes que cruzaban por la plaza y algunos otros que estaban sentados en las bancas, los veían como algo curioso y algunos de ellos se reían de lo que estaban viendo.

“López se va a ir, López se va a ir”, decía un orador y unos señores desde una banca les respondían “no se va a ir, no se va a ir… se va a quedar”.

En su mayoría, hombres y mujeres de la tercera edad, se formaron en filas por aquello de la sana distancia, lo que provocaba el efecto de hacer creer que eran más de los que en realidad estaban. No conté más de cien.

Muchos llevaban sus banquitos acojinados para sentarse y otros llevaban de la correa a sus perros de raza, otros se pusieron “la verde”, una ADIDAS de mil 450 pesos y otros optaron por el blanco, quizá porque va a tono con la pureza de su estirpe.

Una joven con una gorra azul con el logotipo de la Mercedes Benz, blusa Polo, anteojos oscuros que no parecían haber sido adquiridos en algún puesto de los ambulantes y tenis tipo Skechers de plataforma suave, mantenía en alto una cartulina verde en donde escribió “AMLO genocida”. Pasados unos minutos, la dobló y se la colocó debajo del brazo. Bueno, es que protestar también cansa.

Caminé y en la esquina de la Secretaría de Finanzas escuché que otro orador decía que “hay que reconocer que sí hay algo que López ha hecho bien: dividir a México, dividirnos a los mexicanos”, sentenció.

Una pareja de mujeres maduras, con sombrero para cubrir su cutis del sol, blusas blancas y pantalones caqui, conversaban de sus penurias más recientes: “es que hay mucho qué hacer en la casa y con esto del virus mis muchachas solo vienen media semana”, le dijo una a la otra, quien le contestó con absoluta certeza: “eso está bien, tenemos que cuidarnos, no nos vayan a contagiar”.

El orador seguía con su perorata y pasó a aleccionar a sus endebles huestes: “ahorita una reportera me estaba entrevistando…imagínense, me preguntó que si sé que es el comunismo…no nos dejemos engañar por esos periodistas corruptos”.

De menos, por decir algo, ¿habrán leído alguna vez Vida y Destino de Vassili Grossman para saber de que hablamos cuando hablamos de un dictador y genocida?

Seguramente quienes ayer y en otras ocasiones han descrito a López Obrador como “dictador” y “genocida” no tienen ni peregrina idea de lo que están afirmando. En su ignorancia de la historia, replican lo que dicen sus “intelectuales orgánicos” o los dirigentes de partido o los articulistas y opinadores de la prensa que, ayer eran los chayoteros del momento y ahora se creen redentores de la libertad de expresión.

Expresiones de repudio como la de ayer, se venían realizando mediante “caravanas” de protesta en vehículos, por lo regular de lujo por avenidas de la capital, pero tan insípidas como la dominical de ayer.

¿A quién añoran, a Fox, a Calderón, a Salinas, a Zedillo o a Peña?

Debe haber cierta nostalgia al respecto, pero en un país con un sistema de partidos, instituciones electorales y mando formal establecido por el voto popular, lo único que funciona es la fuerza del voto.

Lo prudente es esperar a los comicios del 2021, será ahí donde el país diga hacía dónde hay que ir, no antes, no somos un país bananero donde los potentados pueden decidir la clase de gobierno y gobernantes que necesita una nación.

Por lo pronto, FRENA no parece ser más que una pálida expresión de inconformidad minoritaria que raya en el ridículo.

Permítame el lector concluir: escucho a un clásico del rock, The Doors; es una rareza, pero va a cuento con lo que dice hoy El Centinela. Se trata de una versión en vivo de la canción No me moleste mosquito. Es una delicia el sostenido del órgano de Manzarek, los solos de Krieger y la voz de Morrison con el ritmo de la cadenciosa batería de Desmore y dice: no me moleste mosquito, por qué no te vas a casa y me dejas comer mi burrito.

Tal vez “López”, como le llaman al presidente en tono despreciativo, bien podría pensar en eso de no me molestes mosquito cuando escucha hablar de FRENA.