Texto de Estela Ambriz Delgado
Fotografías de Marco Ernesto Blanco López
Aunque comúnmente son infravalorados, los ríos intermitentes como el Calabacillas son patrimonio biocultural, conservan conocimientos, prácticas productivas e identidad comunitaria, por lo que su conservación no es únicamente una tarea ambiental, es también una labor cultural, y para ello es necesario cuestionar el modelo actual de desarrollo urbano, como considera el investigador Marco Ernesto Blanco López.
En la tercera y última sesión de la jornada “La crisis hídrica en San Luis Potosí: causas, impactos y alternativas”, organizada por el centro estatal del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), el maestro en gestión sustentable del agua expuso los hallazgos de su investigación Qué cuenta el río, reflexiones desde los ríos intermitentes, en torno a este que se ubica en el municipio de Mexquitic de Carmona.
El investigador explicó que los ríos tienen una historia geohidrológica y biológica que los vincula con los procesos físicos y ecológicos del territorio, como son la formación de cauces, la dinámica de sedimentos, los ciclos hidrológicos y la biodiversidad que sostienen.
Además de que también tienen una historia que los vincula con los seres humanos, sus asentamientos, sus economías, culturas, y memorias. Esta integración entre lo natural y lo social convierte a los ríos en registros vivos del territorio, portadores de una herencia biocultural que trasciende la corriente de agua.
De igual forma, abordó algunas de las transformaciones históricas en los ríos de México, que, si bien han sido en los periodos prehispánico, colonial, industrial, y neolioberal, estos últimos dos han tenido el mayor impacto. Puntualizó que en el periodo industrial se da una transformación de los territorios por los procesos económicos y socio económicos en torno al crecimiento de la industria.
En este momento muchos de los ríos que permitieron el surgimiento de nuevas ciudades empiezan a ser contaminados; derivado del crecimiento urbano e industrial muchos ríos principales terminan siendo contaminados y posteriormente se vuelven un problema de salud pública, por lo que la forma de solucionarlo que se implementó fue entubarlos o pavimentarlos como en los casos de los ríos Santiago y Españita.

Blanco López precisó que actualmente existe un periodo neoliberal en donde se ha dado una transformación importante en estos territorios, que ha implicado también modificaciones en el estado dada la reforma de la Ley de Aguas Nacionales (LAN), así como al artículo 27 constitucional que facilitó la comercialización de distintos territorios de propiedad social como comunidades y ejidos.
Por otra parte, indicó que la imagen arraigada del río permanente no corresponde a la realidad de gran parte del país, pues son sistemas fluviales que permanecen secos gran parte del año, con flujo superficial únicamente en temporadas específicas de lluvia. Los ríos intermitentes suelen ser menos valorados e invisivilizados en la percepción social, a pesar de ser la expresión de la dinámica hidrológica regional en zonas semiáridas.
Asimismo, hizo mención de que la formación de una visión de la naturaleza se puede ubicar a través de procesos coloniales y la perdida de saberes bioculturales locales, y el hecho de caracterizar las zonas desérticas como inhabitables, espacios salvajes, con una semántica negativa, la cual persiste en el caso de los ríos, lleva a que sean invisivilizados, pese a constituyen una gran parte del territorio de los cauces superficiales.
Aunque dijo que recientemente, con el cambio climático, han tenido focos de atención, pues muchos ríos que eran de caudal continuo empiezan a ser intermitentes, lo que obliga a ver estos territorios para entender sus dinámicas naturales y culturales que hay alrededor
La incidencia del despojo inmobiliario
En cuanto a la situación de despojo que enfrentan las comunidades aledañas al río Calabacillas, como Suspiro Picacho, Guadalupe Victoria y su anexo La Cruz, y San Marcos Carmona, apuntó a que han atravesado un proceso de transformación territorial y de presión urbana debido al crecimiento de la zona metropolitana.
Indicó también que a pesar de que alrededor de la mitad del río se encuentra dentro del Área de Protección de Flora y Fauna Sierra de San Miguelito, pues nace de sus escorrentías, ha sufrido una transformación en el paisaje que va delineando los trazos de otros ríos sacrificados por el modelo de desarrollo urbano, con algunas características particulares.
En este sentido, subrayó que tiene sus orígenes en poblaciones que antecedieron al estado mexicano, es decir, de pueblos indígenas que conformaron el actual municipio de Mexquitic de Carmona. Estos han atravesado distintos procesos de transformación, actualmente tienen rasgos mestizos y hablan español, pero conservan muchos de sus usos y costumbres.
Blanco López indicó que esto se da el marco de un proceso histórico de larga duración que es el neoliberalismo, en el que se dan las condiciones para despojo y apropiación de territorios.
En el caso concreto de la zona, mencionó que una de las estrategias que se utilizan pasan por aspectos que son simbólicos. Para ejemplificarlo mencionó que un mapa que aparece en el Plan de Ordenamiento Municipal de Mexquitic, justamente donde se aprueban los fraccionamientos con los que se tiene la disputa principal en torno al río, las comunidades aparecen clasificadas como asentamiento irregular, es decir, a través de esa categoría se niega el historial de ocupación que precede al estado mexicano, por lo que las comunidades han llevado a cabo diversos procesos legales de peritaje para que se reconozca que son asentamientos ancestrales de pueblos originarios.
Al respecto, el investigador recurrió al concepto de territorios vacíos, que implica mecanismos legales y discursivos que tienen para el despojo, justamente para decir que en estos territorios no hay poblaciones que sean importantes. Asimismo, dijo en los Programas de Ordenamiento como en el de Mexquitic y otros del estado, se suelen clasificar estos ríos y arroyos como de nula importancia cultural ni ecosistémica.

Los ríos y la memoria colectiva
De acuerdo con la exposición de Blanco López, las funciones de estos cuerpos de agua son infiltración, recarga de acuíferos, regulación de escurrimientos, transporte de sedimentos, corredores ecológicos, así como la construcción del tejido comunitario; además de ser memoria biocultural, que comprende los conocimientos, prácticas y experiencias históricas que las comunidades han acumulado en su relación con la naturaleza a lo largo de generaciones.
“Esta herencia no reside únicamente en libros o archivos: está inscrita en los paisajes, en los ríos. en los nombres de los lugares, y en las formas de habitar el territorio. Los ríos intermitentes son depositarios vivos de esta memoria colectiva”.
De igual forma, el investigador puntualizó que los ríos conservan memoria, huellas de convivencia con la escasez, conocimientos sobre los ciclos de lluvia, áreas de infiltración y recarga, usos productivos del territorio, estrategias para habitar territorios semiáridos, y el principal riesgo que enfrentan es la degradación y perdida de memoria.
Sostuvo que los ríos intermitentes son patrimonio biocultural, entendido este como
la herencia acumulada de la interacción entre sociedad y naturaleza a lo largo de generaciones. Los cuales conservan conocimientos, prácticas productivas e identidad comunitaria, así como memoria del aprendizaje y la adaptación a vivir en territorios semiáridos.
Por ello, concluyó que es necesario revalorar estos espacios y encontrar otras formas de relación con el territorio, pues la sustentabilidad en estos está ligada a conservar no sólo los recursos naturales, sino también las relaciones históricas entre las sociedades y su entorno.
“Recuperar y salvaguardar ese patrimonio biocultural es condición necesaria para enfrentar la desertificación y garantizar el futuro de las comunidades de San Luis Potosí. La conservación de los ríos intermitentes no es únicamente una tarea ambiental: es también una labor cultural. Implica reconocer los conocimientos acumulados por generaciones de comunidades que (…) hicieron posible la vida en condiciones de escasez y variabilidad climática”.
Finalmente, Blanco López subrayó que es necesario cuestionar el modelo actual de desarrollo urbano y caracterizarlo a partir de los fenómenos de despojo que genera, pues esto afecta no sólo a las comunidades sino a toda la ciudadanía debido a la interconexión de todo el sistema hidrológico en San Luis Potosí.





