CUAUHTÉMOC CÁRDENAS: EL PRECURSOR

Enrique Rivera

El ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano nació el 1 de mayo de 1934 en la Ciudad de México. Hijo del General Lázaro Cárdenas del Río y de la Señora Amalia Alejandra Solórzano Bravo, egresado como Ingeniero Civil por la UNAM, su vida pública no se explica sin entender esta sólida formación técnica y su profundo origen histórico. Militante del PRI desde 1954, desempeñó cargos de alta responsabilidad como Subsecretario Forestal, Senador de la República por Michoacán de 1976 a 1980 y Gobernador de ese mismo estado de 1980 a 1986.

Fue en 1986 cuando, junto a Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez, encabezó la Corriente Democrática. El planteamiento era de fondo: democratizar las decisiones internas del partido oficial y revisar un modelo económico que asfixiaba al país. Ante la cerrazón del régimen, renunció a la militancia tricolor en 1987.

El 6 de julio de 1988, Cárdenas contendió por la Presidencia de la República postulado por el Frente Democrático Nacional, coalición que agrupó al PARM, PPS, PFCRN y al Partido Mexicano Socialista tras la histórica declinación de Heberto Castillo. Aquella jornada, marcada por la interrupción del cómputo y la llamada “caída del sistema”, se convirtió en el gran parteaguas de la transición política mexicana. Aunque oficialmente se le reconocieron 5 millones 929 mil votos, el movimiento civil ya era imparable. De esa inmensa movilización ciudadana nació, el 5 de mayo de 1989, el Partido de la Revolución Democrática (PRD), siendo Cárdenas su primer presidente nacional. Volvería a abanderar la causa presidencial en 1994 y en el año 2000. En 1997 hizo historia nuevamente al convertirse en el primer Jefe de Gobierno del Distrito Federal electo por voto popular directo.

La relación de Cárdenas con San Luis Potosí es profunda y abarca dos generaciones. Su padre, el General Lázaro Cárdenas, encaró en territorio potosino uno de los episodios más complejos de su Presidencia con el levantamiento del General Saturnino Cedillo, recorriendo personalmente la zona Media y la Huasteca en 1938 para pacificar la región y consolidar el reparto agrario.

Cuauhtémoc Cárdenas retomó ese vínculo entrañable, pero desde la trinchera de la lucha democrática contemporánea. Conoció al doctor Salvador Nava Martínez en 1987, justo cuando comenzaba a articularse el reclamo democrático en todo el país. Para entonces, Nava ya era un gigante con tres décadas de resistencia cívica a cuestas.

En 1991, Cárdenas y la dirigencia nacional del PRD respaldaron con absoluta decisión la candidatura de Salvador Nava a la gubernatura de San Luis Potosí, mediante una coalición inédita que agrupó también al PAN y al PDM. El ingeniero caminó el estado junto al doctor Nava, tocó puertas y recorrió municipios en una campaña que se ganó palmo a palmo en las calles. Tras la polémica calificación de aquella elección de agosto de 1991, Cárdenas acompañó la histórica “Marcha por la Dignidad” que Nava emprendió rumbo a la Ciudad de México, compartiendo tramos de carretera a pie. Años después, el propio Cárdenas recordaría la gesta navista como el máximo referente de cómo practicar y ejercer la democracia por la vía pacífica.

Este lazo indisoluble no terminó ahí. En 2002, el ingeniero estuvo presente en el homenaje nacional a Salvador Nava a diez años de su fallecimiento, y volvió en múltiples ocasiones posteriores para acompañar a la Señora Concepción Calvillo Alonso, viuda del Dr. Salvador Nava, reconociendo siempre que la gran escuela democrática potosina no fue obra de una sola persona, sino de la digna mancuerna de Doña Conchita y el Doctor Nava. San Luis Potosí entendió y cobijó al cardenismo porque aquí ya existía una sólida cultura cívica que sabía perfectamente lo que significaba enfrentar al partido de Estado.

A final de cuentas, la aportación de Cuauhtémoc Cárdenas no se mide en los cargos que ocupó, sino en su capacidad para abrir un sistema que parecía blindado. Fue el ingeniero que entendió que sin democracia no hay proyecto nacional viable, y que la soberanía energética, la defensa del petróleo, el reparto agrario y la justicia social heredados de su padre solo podían sostenerse mediante el voto libre, órganos electorales ciudadanizados y una competencia real. Él abrió de par en par la puerta por la que después transitó el México moderno. Sin la ruptura de 1987, sin la épica movilización de 1988 y sin la posterior fundación del PRD, no se explicaría la transición democrática mexicana ni la normalidad electoral que hoy damos por sentada; de la misma manera, la llegada en 2018 del gobierno de la llamada Cuarta Transformación hubiese sido impensable sin la brecha, la estructura y la larga lucha pacífica que el propio ingeniero Cárdenas inauguró en aquel lejano 1988. Su figura trasciende siglas y fronteras; en América Latina se le reconoce como parte fundamental de esa generación que desafió al autoritarismo, colocando a la democracia como la condición primera de cualquier transformación social. San Luis Potosí, tierra de honda tradición civil, reconoce en el Ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas al gran precursor que no buscó el poder por el poder mismo, sino para abrir los espacios de libertad que hoy nos pertenecen a todos.

Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Astrolabio.