Enrique Rivera / Ciudadano Navista / 18 de mayo de 2026
Se cumplen 34 años de la muerte del Dr. Salvador Nava Martínez. El 18 de mayo de 1992 se fue el líder civilista que le enseñó a San Luis Potosí que no hay poder ante el arreglo de arriba cuando la gente se organiza desde abajo. Hoy su método vuelve a ser necesario.
En la Sierra de San Miguelito está en marcha una ofensiva para corromper la burocracia y usarla como instrumento para anular el “estorbo” que representa el Área Natural Protegida de la Sierra de San Miguelito, decretada por el entonces Presidente de la República Andrés Manuel López Obrador. No es una sospecha: hay acuerdos para elaborar miles de escrituras sobre el área expropiada a favor de Corett en 1993, lo cual debe hacerse con claridad y transparencia y sobre cerca de 800 hectáreas de crecimiento urbano que puede interpretarse como zona de especulación desde 2009. El objetivo es escriturar rápido, sin importar el origen de las posesiones. A eso se suma la intención de modificar el Decreto del ANP en cerca de 2 mil hectáreas de la Sierra al para incluirlas al proyecto de expansión metropolitana.
Esto no es ordenamiento territorial. Es regularización exprés de la irregularidad para convertir patrimonio ambiental en mercancía.
Salvador Nava Martínez no peleó contra un partido. Peleó contra la lógica donde empresarios y funcionarios deciden el destino de la ciudad y el campo a puerta cerrada. Su lucha civilista dejó tres lecciones que en este caso aplican directo:
1. Legalidad sin simulación. Nava exigía que la ley valiera para todos. El Decreto de ANP Sierra de San Miguelito es ley vigente. Usar la burocracia para fabricar escrituras sobre tierras en conflicto con el ANP convierte al Estado en notario del despojo. No basta con tener papeles: hace falta legitimidad.
2. Soberanía popular sobre el territorio. Para Nava, el uso del suelo no se definía en oficinas. Los acercamientos entre empresarios y funcionarios son una traición al Decreto del ANP porque excluyen a las comunidades y a la ciudadanía. Sin participación real no hay democracia, solo administración del negocio.
3. Costo político a la corrupción. Nava demostró que la corrupción se frena cuando se hace visible. Cuando los acuerdos se cocinan en lo oscuro para luego “regularizar” lo irregular, lo que se destruye no es solo la Sierra: es la confianza en que el Estado puede actuar sin venderse.
La Sierra de San Miguelito es recarga de agua para la zona metropolitana, patrimonio biocultural y el límite físico al modelo de expansión que crece sobre todo lo que puede escriturarse. Si se valida este mecanismo, se sienta un precedente peligroso: cualquier Área Natural Protegida puede convertirse en “estorbo” que se borra con trámites.
Ahí está el hilo con Nava. Él enfrentó los fraudes electorales de 1958, 1961 y 1991, porque sabía que sin reglas claras no hay forma de frenar el saqueo. Hoy la vía no es la casilla, sino el uso corrupto de la función pública para redefinir el territorio. El efecto es el mismo: se sustituye la decisión colectiva por el arreglo privado.
Lo que corresponde hacer ante esta amenaza es el mejor homenaje al legado histórico de Salvador Nava Martínez :
1. Detener la escrituración masiva hasta aclarar el origen de las posesiones y su compatibilidad con el ANP.
2. Abrir auditoría pública de los acercamientos y acuerdos entre funcionarios y empresarios.
3. Establecer participación vinculante de comunidades y del Consejo de Cuenca en cualquier decisión sobre la Sierra.
Salvador Nava demostró que cuando la ciudadanía se organiza, el arreglo de arriba se cae. La Sierra de San Miguelito es la prueba actual. No se trata de estar contra el crecimiento urbano, sino de impedir que se haga a costa de traicionar un decreto y de hipotecar el agua de San Luis Potosí.
Nava murió hace 34 años. Su lucha no. Si la burocracia se usa para anular el ANP, la respuesta tiene que ser la misma que él usó: movilización civil, legalidad real y costo político para quien traicione.
Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Astrolabio.


