Astrolabio

Por Oswaldo Ríos Medrano

En 1913, el filósofo italo-argentino José Ingenieros publicó un influyente libro para analizar e identificar a los espíritus pequeños, “El hombre mediocre”. En la obra, se describen las principales características de un hombre mediocre: “incapaz de usar su imaginación para concebir ideales que le propongan un futuro por el cual luchar, se vuelve sumiso a toda rutina, a los prejuicios, a las domesticidades… En su vida acomodaticia se vuelve vil y escéptico, cobarde”.

Consciente de su mezquindad y pequeñez, cuando ocupa la posición de “jefe”, no tolera que nadie a su alrededor brille y haga languidecer su, de por sí, macilenta medianía. Para el hombre mediocre, todo aliado con más luces que él, es un peligro que debe ser exterminado. La soledad es el consuelo de su alma acomplejada.

En San Luis Potosí, el solitario de Palacio, está más solo que nunca.

Ungido candidato, Juan Manuel Carreras fue el dedazo compartido de Enrique Peña Nieto y Fernando Toranzo. Los otros aspirantes, algunos con más mérito, trayectoria, experiencia o militancia se quedaron en el camino. Como candidato, o ya en el gobierno, pudo echar mano de ellos para construir la legitimidad priísta que jamás tuvo, pero fiel a su tradición de “come-solo”, prefirió exterminarlos uno por uno.

Fernando Pérez “Calolo” fue el primer caído, sin la candidatura, aceptó ser abanderado del PRD y tuvo una participación que incidió en el resultado: fragmentó el voto opositor que le permitió a Carreras ganar por apenas dos por ciento. A cambio, el doctor en Derecho, ni las gracias le dio. Hoy despacha relajado en el Tornillín Eléctrico.

De los políticos que construyeron su precandidatura con más tiempo, el de más relieve fue Jesús Ramírez Stabros, con él también hubo rudeza. Primero le hicieron una campaña de desprestigio en medios y luego lo invitaron a que nunca volviera a asomar la cabeza en San Luis Potosí. Del piloto, ni sus luces.

Otro de los principales damnificados del “carrerazo” fue Mario García Valdés, a pesar de las promesas de inclusión al gabinete, jamás le asignó responsabilidad alguna. La única utilidad política que le ha dado, es permitir que la “gallardía” lo use de carnaza, cada que a su gobierno le viene bien una “caja china” distractora.

A Yolanda Eugenia González, mujer respetada por el priísmo militante, incluso se dio el lujo de maltratarla públicamente al empujarla a la dirigencia del PRI solo para que nunca asumiera el cargo y terminara defenestrada y exhibida.  

La última de sus víctimas fue Enrique Galindo. A pesar de estar bien posicionado entre la militancia, haber realizado una campaña estatal y ser un priísta disciplinado, fue sacrificado de fea manera y sus aspiraciones cortadas de tajo. ¿Cuál fue el gran pecado de Galindo? Atreverse a ser el priísta más frontal y desafiante para el grupo político de Ricardo Gallardo.

El pacto secreto entre Gallardo y Carreras (que le permitió al segundo ser gobernador gracias a los votos del primero), incluye episodios vergonzosos en los que el gobernador priísta debe acceder a “cortarle las piernas” al PRI, para poder operar acuerdos inconfesables con una emplumada mano izquierda. Gracias a ello, obtuvo los votos de los diputados gallardistas para sacar adelante los nombramientos de los “fiscales carnales” en materia Electoral y Anticorrupción, por ejemplo. ¿A poco no se dieron cuenta?

En contrario sentido, ¿cuál es el mérito de Luis Mahbub para ser nominado en la primera fórmula y seguro senador por el PRI? Los mismos que tuvo Carreras, ser un tricolor de ocasión que es o no es priísta a conveniencia; ser cercano por igual a Felipe Calderón que a Enrique Peña Nieto; y, sobre todo, una exacerbada pasión por los negocios.

Exterminio frío, selectivo y calculado que lo deja solo para tomar las decisiones, pero que condicionadas por un mediocre tino político, tampoco le permite construir alianzas o impulsar sus cuadros. Si en esta Sexagésima Primera Legislatura, Carreras no tiene un solo diputado carrerista, en la que viene las cosas pintan (sí es posible) para peor.

En el distrito 1, el PRI lleva a uno de sus más representativos candidatos, el famoso “desierto”, ese que refleja la incapacidad y ausencia de liderazgo para contar siquiera con un candidato. En el distrito 2, el nominado será Luis Fernando Alonso, un movido joven que dirigía el Instituto Potosino de la Juventud y que pertenece al grupo político que encabeza Pablo Valladares. En el distrito 3, va Mauricio Ramírez Konishi, heredero de la monarquía cetemista, es hijo de Emilio de Jesús Ramírez. En el 4 Laura Patricia Silva, cuadro militante que no pertenece distinguiblemente a algún grupo. En el 5, María del Pilar Zárate Delgadillo, hija de Pilar Delgadillo y por tanto, vehemente integrante del grupo de Mario García. En el 6, el candidato será el abogado Martín Vaca Huerta, de destacada participación en la campaña electoral de 2015, pero no con el PRI. En el 7, repite como candidato el distinguidísimo “desierto”. En el 8, otra candidatura de hechura valladarista con Enrique Malacara. En el 9, llevan a Laura Yazmín Ávila, hija del conocido priísta soledense Gerardo Ávila. En el 10, la ex diputada federal Fabiola Guerrero, cuadro distinguido del toranzato. En el 11, el o la candidata será decidida por el Verde o el PANAL. En el 12, va la otrora consentidísima (amor plurinominal en dos ocasiones, local y federal) de Fernando Toranzo, Delia Guerrero. En el 13, el nominado será Ángel de la Vega, ex líder ganadero impulsado políticamente en el gobierno de Toranzo. En el 14, Rosario Sánchez Olivares, candidata oficial del DIF estatal. Y el 15, reservado para la designación verdosa o panalera.  

Como pueden ver, ningún miembro del equipo carrerista. Tampoco ningún secretario de Estado, vaya, ni siquiera un subsecretario. Los carreristas corrieron de la competencia electoral. Así de claro tienen el saldo del desastre de su desgobierno.

Ahora bien, considerando que en el estado se repartirán 12 diputaciones plurinominales entre 10 fuerzas políticas estatales, lo más probable es que al PRI solo le alcance para una diputación plurinominal y según se sabe, no irá ahí ningún carrerista. Consecuencia: otra legislatura sin un solo diputado del Corredor Constitucional del Estado y lo peor para él, sin mayoría priísta.

Y en las diputaciones federales, peor.

En el distrito 1 la candidata será Sara Rocha que ya fue diputada federal, cuota cenecista. En el 2, José Luis Romero, dirigente del sector circense del PRI. En el 3, el Partido Verde designará a Óscar Bautista que ya fue diputado local y federal, representante de la “Ecuación corrupta”. En el 4, Margarita Ibarra del sector Salud y encargo especial de Fernando Toranzo. En el 5, otra torancista, Martha Orta. En el 6, el PANAL designará a una joven candidata, (por cierto, ¿saben quién sonaba mucho para este distrito? Toño Lorca, sobrino de Juan Manuel Carreras, pero curiosamente ahora busca la nominación por el PRD con la “gallardía”, ¡ese pacto secreto ya anda muy encuerado!). Y en el 7, Sabino Bautista líder indígena que ya fue diputado local y federal y a quien se ubica como priísta institucional (perdón por la redundancia).

No, tampoco hay carreristas ahí.

Menos los habrá en la candidatura a la alcaldía capitalina, ese matadero al que piensan mandar a una incauta con un gran “cochinito”.

Que Carreras no es priísta ya lo sabíamos, pero no conocíamos de qué tamaño era el odio que le tenía al tricolor.

Especie en peligro de extinción y depredador implacable, Carreras es el asesino del PRI.

Twitter: @OSWALDORIOSM

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