Astrolabio

Carlos Rubio

Si buscas desde el jardín, cruza el gran pasillo. Continúa derecho y haz escala justo frente a la plaza; suspira dos segundos…

El 3 de diciembre de 1999, cuando el municipio de San Luis Potosí se mantenía en manos de una conservadora derecha, nació el bar el Delirio Azul, un lugar que fue convertido por su público en un espacio de expresión, donde predominaba el arte como el medio y las ideas resaltaban de pláticas adornadas con toques de música y alcohol; una oposición al pensamiento de la época.

Las anécdotas del controversial bar que fue un cimiento del nuevo milenio, pueden regresar al presente gracias a Enrique Rivera, uno de los dueños de aquel espacio que, según relata, fue una gran casualidad que los estaba esperando.

El Delirio Azul nació de la necesidad de crear un espacio donde la cultura no se encuentre arraigada a la burocracia y tenga una relación estrecha con el artista; donde cualquiera con una idea plasmada en el aire pudiera exponer ese sentimiento que desencadenara una variedad infinita de sensaciones. Finalmente se convirtió en eso y más; un llamado al libre pensamiento, una molestia para la intolerancia y un efímero cuartel de secretos.

El nombre está hecho por la canción Tú mi delirio y el color azul, que simple y sencillamente era el color favorito de los amigos que componían este proyecto. En las paredes de afuera resaltaba ese color y por dentro se combinaba con el blanco, y algún muro en rojo.

El Delirio albergó exposiciones de fotografía, pintura, escultura e incluso video y propuestas musicales de géneros como jazz, blues, son cubano, rock y ska, entre otros. Francisco Barrios, El Mastuerzo; Arturo Cipriano Izquierdo e Isabel Tercero, son algunos de los músicos de renombre nacional que tuvieron cabida en este foro. Incluso Los Fabulosos Cadillacs llegaron a convivir ahí. Siempre abiertos a nuevos estilos y géneros.

En el año 2000, Enrique viajó a Cuba, donde tuvo la oportunidad de platicar con Alberto Díaz Korda, un fotógrafo cubano, famoso por ser el autor de aquella mítica fotografía del Che Guevara, la cual se sigue usando hoy en día para representarlo. Enrique le contó a Alberto sobre su deseo de pintar esa imagen del Che en el Delirio, lo cual el fotógrafo interpretó como la búsqueda de su autorización y le dijo: “Eres el primero que me pide permiso para utilizar la fotografía y claro que lo tienes”. En realidad, Enrique sólo le contaba que lo haría, pero no pudo evitar asumirse como la primera persona con el permiso de Korda para usar la imagen, así que le dio la razón. De esta forma la imagen del Che se instaló en el Delirio.

Alberto Díaz Korda, fotografía cortesía de Enrique Rivera

Conforme pasó el tiempo los dueños se dieron cuenta que ya no era sólo una galería, sino que las personas que acudían compartían una forma de pensar, que incluso llegó a disgustar a los altos mandos de la ciudad, como Marcelo de los Santos Fraga, quien tomaba sus turnos como presidente municipal y gobernador de San Luis Potosí durante la existencia del bar.

“La situación se torna difícil porque su política cultural no empataba con la política cultural que teníamos nosotros en el Delirio, que era una política libre, donde se podía hablar del 2 de octubre del 68, como se podía hablar de desnudos (…) y esto empezó a no gustar”.

(Fotografía cortesía de Enrique Rivera)

Este espacio fue clausurado por inspectores en infinidad de ocasiones, por vagas razones; incluso llegaron a señalar como pornografía obras donde aparecían desnudos. La situación se convirtió en una inmensa paga de multas para poder abrir siempre que eran obligados a cerrar. De alguna forma, el Delirio logró sobrevivir durante un tiempo a los embates de un gobierno conservador.

Al mismo tiempo se llevaba a cabo una lucha interminable por el Cerro de San Pedro, aquel lugar que ilustra nuestro escudo y del que ahora sólo quedan vestigios de esas riquezas que alguna vez se encontraron allí. Los defensores de la causa pidieron a los dueños del Delirio Azul la oportunidad de realizar sus reuniones en ese espacio. Como ya lo habían consolidado como un foro de lucha social, aceptaron; y así es como realizaban sus juntas, todos los martes antes de que abrieran.

Como insurgentes de la Independencia de México, los defensores del cerro se reunían en secreto allí, resguardados por las paredes del bar. Y siguiendo la misma historia, fueron descubiertos, causando la clausura del Delirio Azul, esta vez en definitiva.

“A la larga a mí me dio mucho orgullo porque se trató de arriesgarlo todo por una causa justa que era la defensa de Cerro de San Pedro. Al final de cuentas lo vienen cerrando el ultimo día de abril del 2005 y ya nosotros no hicimos nada por abrirlo, ya era demasiado”.

Para ese entonces el Delirio ya había cumplido con su cometido. Fueron casi seis años de fungir como una alternativa a los acostumbrados y selectivos espacios culturales que había. “Yo ya no quería abrir, si se va a cerrar que esa sea la historia, que en San Luis no hay condiciones para abrir un espacio de esa naturaleza”.

Antes de convertirse en este mítico lugar, esta casa azul también albergó al Frente Cívico Potosino, aquel movimiento fundado por el doctor Salvador Nava Martínez, del cual Enrique era parte. Durante todos los años que pasó ahí siendo una de las cabezas del Delirio, no pudo evitar recordar las asambleas que ahí se llevaban a cabo e inspirarse en ellas.

Este sábado 23 de noviembre, en el lugar que hoy se conoce como La Piquería Mezcalería, antes el Delirio Azul, acompañados por Francisco Barrios El Mastuerzo, se llevará a cabo la celebración de 20 años de lo que fue y significó este lugar: “Una grieta que se abrió oportunamente en esa mole conservadora que era San Luis, y esa grieta por más que la intentaron resanar e impedir que creciera, llegó para quedarse”.

“Así fue el Delirio, una historia de muchas casualidades”.

…cámbiate de acera y vislumbra entre los árboles, la pequeña esquina donde está la gran casa de la rebelión. Allí yacía la guarida del Delirio Azul.

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