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Ciudad de México, (24 de abril de 2015).- Hijo y nieto de supervivientes del «genocidio», Mario Nalpatian (Buenos Aires, 1954), reivindica la memoria de su pueblo desde el Consejo Nacional Armenio Mundial. «Hemos aprendido que para prevenir nuevos genocidios, el mundo debe tomar conciencia de quehay crímenes de lesa humanidad que deben ser castigados». No puede haber impunidad, repite,«ni de militares, ni de juntas, ni de Estados que vulneran los derechos de minorías en su propio territorio». Por eso, aplaude que el Papa haya pronunciado la palabra que para Turquía sigue siendo tabú:«El gesto lo enaltece y lo muestra coherente, pese a todas las implicaciones políticas a las que podía enfrentarse». Una de ellas, la indignación del presidente Recep Tayyip Erdogan, que tachó de «estupidez» el discurso. Para Nalpatian, una reacción «desproporcionada y grosera»: «El Papa, más allá de ser líder de la Iglesia Católica, es un jefe de Estado que ha dado su opinión, basada en hechos históricos y elementos que tienen que ver con archivos vaticanos que acreditan que las masacres de armenios entre 1915 y 1923 son tipificables como genocidio».

Tacha de «sobreactuación» la postura de Erdogan, que pretende «amedrentar» a otros líderes que puedan optar por aplicar el término a la tragedia armenia: «Sabe que hay intereses políticos muy fuertes que tienen que ver con la posición estratégica y geográfica de Turquía».

Más allá de no reconocer el genocidio, advierte, Ankara ha implementado una política de «negacionismo, que no trata sólo de rechazar un hecho histórico, sino también de banalizarlo y tergiversarlo». Un crimen impune, explica, inflige a la víctima, sea un pueblo o un individuo, «una herida perpetuamente abierta»:«Hoy hay una herida que no cierra y es responsabilidad de Turquía, que no ha sido capaz de revisar su Historia».

El propio Erdogan «tiene una concepción imperial»: «Actúa como un sultán, considerando que hay que someter y no dialogar. Le ocurre con su oposición interna, con los kurdos (por más que quiera maquillarlo) y por supuesto lo aplica a la política de ignorar la presencia de Armenia. Desde que el país se independizó en 1991, jamás han dado una paso para establecer lazos diplomáticos».

Resta importancia a las palabras conciliadoras hacia Armenia que Erdogan pronunció el año pasado: «Apuntaban más a sus socios europeos, que sabemos que presionan a Turquía para que asuma su responsabilidad. Ankara necesita retomar la agenda sobre el ingreso a la Unión Europea y hay una resolución muy clara del Parlamento europeo que condiciona el ingreso al reconocimiento del genocidio armenio».

La coincidencia de los aniversarios de la batalla de Gallípoli y las masacres armenias «es un intento deliberado de eclipsar éste último»: «Se han manipulado las fechas. Se trata de una actitud cínica del tándem Erdogan-Davutoglu [primer ministro turco] para desviar la atención». Una treintena de países reconocen el genocidio. Los que no lo hacen «muchas veces están condicionados por sus relaciones con Turquía, presos de sus intereses». En el caso de España, cree que lo hará:«No puede quedar al margen de la conciencia universal».

El Mundo

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