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México (09 de mayo de 2015).- Antes de que existiera la Plaza de las Tres Culturas, Tlatelolco era una zona por donde pasaban los trenes de carga. Y antes de que se convirtiera en uno de los escritores más reconocidos de habla hispana, Juan Rulfo ya era fotógrafo.

Capturó imágenes de los alrededores de Nonoalco, a mediados de los años 50, que reflejaban la vida cotidiana en el área ferrocarrilera, previa a su desaparición definitiva.

Aunque ya había publicado El llano en llamas (1953) Pedro Páramo (1955), no abandonó su actividad de fotógrafo, que inició a finales de los años 30. Realizó a lo largo de su vida muchos proyectos fotográficos por encargo y cuenta propia.

A partir de hoy, en el Centro Cultural Tlatelolco, se exhibe su obra Los Ferrocarriles, imágenes que tomó por invitación de su amigo, el cineasta Roberto Gavaldón, con quien trabajó durante el rodaje de La Escondida, y quien llevó a la pantalla El gallo de oro, segunda novela del escritor que hizo en 1958 y se publicó hasta 1980.

En aquella ocasión, Gavaldón trabajaba en un encargo documental: Ferrocarriles Nacionales lo contrató para documentar “el caos urbano” que generaba la terminal ferrocarrilera en la colonia Guerrero, y justificar así su traslado a la llamada Estación del Valle de México, en Tlanepantla, así como la posterior construcción del conjunto urbano Nonoalco-Tlatelolco.

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Ahí estuvo Juan Rulfo acompañado de su cámara para hacer cientos de fotografías de todo tipo, fijas, terrestres y aéreas. Más tarde, retrató también la nueva estación, y su reportaje gráfico del antes y después se publicó en 1956 en la revista Ferronales. Las fotos originales ascienden a 6 mil negativos, y se conservan en la fundación que lleva su nombre; de esas han surgido distintas exposiciones y libros.

Rulfo también hizo fotografías de arquitectura, paisaje, retrato y de la vida cotidiana de los pueblos de México, pero según explica Víctor Jiménez no se puede comparar su obra literaria con la fotográfica, pues son dos lenguajes diferentes. “Mientras más sabemos de los proyectos de fotografía de Rulfo, más grande se hace la distancia entre lo que hizo el escritor y fotógrafo”, comenta.

En vida, el autor de Pedro Páramo vio sus fotos publicadas en revistas como América -donde también publicó algunos cuentos- y exhibidas al menos en dos ocasiones. La primera fue en 1960 en Guadalajara, donde expuso 23 imágenes. Veinte años más tarde se rindió un homenaje nacional al escritor y fotógrafo en el Palacio de Bellas Artes, donde se mostraron 100 de sus fotografías.

Fuente: Milenio.

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