Astrolabio

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Ciudad de México (12 de febrero de 2016).- Julio Cortázar logró imponer un antes y después en la literatura argentina y latinoamericana. Sus novelas y cuentos marcaron otra forma de hacer la literatura que rompió paradigmas jugando la temporalidad, trazando esa delgada línea entre lo real y lo ficticio.

Un 12 de febrero de 1984 moría Julio Cortázar; escritor e intelectual argentino, quien supo dejar su huella en la literatura latinoamericana.

Una novela que entremezcla narrativa y poesía rompiendo con todos los estándares del momento es Rayuela (1963). Ya que para el autor esta significó una “fuente continua de sorpresas”.

La literatura de Cortázar se volcó, casi sin intención, hacia un público juvenil porque cuestiona de manera implacable las formas, las relaciones, el sistema. Enseña a desnaturalizar el mundo para imprimir una óptica diferente a la que ofrecen los valores occidentales.

Su interés político comienza a aparecer tras su visita a Cuba en 1962, tal como lo relata en la entrevista en El Juglar de México y va aumentando paulatinamente su compromiso y participación.

Entre otras iniciativas, en 1970 se solidariza con Salvador Allende; dona premios y derechos de autor a diferentes causas como a presos políticos argentinos o el Premio Médicis (1974) a la resistencia chilena; en 1979 participa en la iniciativa Habeas contra las dictaduras latinoamericanas impulsada por Gabriel García Márquez y Ernesto Cardenal, entre otros, motivo por el cual se vuelve sujeto de investigación por parte de la dictadura argentina.

En diciembre de 1983, coincidiendo con el fin de la dictdura militar argentina, visitó por última vez su país luego de 32 años en el que él mismo calificó como exilio.

La literatura de Julio Cortázar sencillamente parte de un cuestionamiento vital, cercano a los planteamientos existencialistas en la medida en que puede caracterizarse como una búsqueda de la autenticidad, del sentido profundo de la vida y del mundo. Tal temática se expresó en ocasiones en obras de marcado carácter experimental, que lo convierten en lengua castellana.

Fuente: Sin Embargo.

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