Astrolabio

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Por: Diana López.

 

El motor de los carros detenidos ante el semáforo no cesa en la Avenida Universidad. El sol extenuante del mediodía hace bostezar a los conductores que esperan el cambio del rojo al verde.

De pronto, entre motos, camionetas, coches pequeños, camiones urbanos y transeúntes que cruzan entre las calles de Constitución y Universidad, un par de aros de hula hoop llegan a mitad de calle y las dos chicas que los llevan, se colocan frente a los carros con una sonrisa de oreja a oreja. Ambas comienzan a ejecutar movimientos bastantes ágiles con ellos. Antes de que el semáforo cambie terminan sin dejar de sonreír, se acercan a los coches y agradecidas vuelven a las escaleras de la Cineteca Alameda donde se refrescan un breve momento y cuentan las monedas recibidas, antes de volver a la rutina cuando el semáforo llegue al temido color rojo de los automovilistas que llevan prisa.

Ellas son Lesly y Elizabeth, y este es su hobbie…

 

Un hobbie con retribución.

De aspecto fresco, siempre bromeando, sonrientes y con buena actitud, ambas chicas nos platican un poco acerca de cómo llegaron ahí. Lesly toma la iniciativa.

“Tenemos un año más o menos de haber iniciado la danza en las calles. Yo empecé porque vi a una amiga que hacía lo mismo y me llamó la atención, así que empecé a ver videos en YouTube y me puse a practicar yo sola, así que empecé a sacar varios trucos y después invité a Ely”.

Por su parte Ely comenta que sus amigas en la prepa practicaban lo mismo y le transmitieron lo que sabían… Entonces, ellas decidieron llevarlo a la práctica como hobbie en varios cruceros de la ciudad. No lo hacen por necesidad, ni por no estudiar; de hecho, ambas son atraídas por los estudios de arte, que esperan iniciar y concluir cuando hagan trámites a la universidad, aunque lamentan que las carreras relacionadas con éste ámbito, estén tan poco valoradas en el estado.

Sin embargo, su ánimo no decae, porque les gusta lo que hacen y su hobbie les deja una buena ganancia por dos o tres horas de trabajo frente a los autos.

“Hay días que son mejores que otros… Por lo general nos va mejor aquí en Universidad y en otro crucero que está en Carranza y Reforma, porque hay mucha gente todo el día. Estamos entre 2 y 3 horas, depende de nuestras ocupaciones. Yo por el momento estudio Danza Contemporánea en el Centro de las Artes, así que sólo podemos hacerlo entre 11 y 12 del día. Lo hacemos por diversión y para ganar algo de dinero, la mayoría de las veces lo gastamos en comida. Pero casi siempre nos va bien; hemos llegado a acumular hasta $200 pesos por 2 horas de rutina”.

 

Encuentros en cruceros.

Pero la zona no siempre está disponible para Ely y Lesly, y varias veces han tenido que compartir crucero con gente que sí lo hace por necesidad. También les ha tocado recibir críticas tanto constructivas como destructivas de paseantes y conductores que aplauden o malinterpretan las razones por las que realizan esta actividad en las calles.

“Antes de que Ely llegara, estaba yo sola”, comenta Lesly, “y sí me tocó escuchar a varia gente gritándome que me pusiera a trabajar. Creen que lo hago por necesidad o que soy una vaga”.

“¡Pero sí es lo que hacemos!”, comenta Ely entre risas. “Estamos trabajando, además de que nos gusta hacerlo… Y nos deja dinero para comida”, bromea.

Pero no todo ha sido malo. Han recibido comentarios e incluso invitaciones a escuelas relacionadas con este arte y a eventos sociales como XV años para que hagan presentaciones durante la fiesta. Sin embargo, no se consideran aptas aun para involucrarse en otro nivel de presentación. Son felices con lo que hacen por el momento, aunque no descartan del todo la posibilidad de hacerlo en un futuro.

Mientras la charla fluye con las chicas y el semáforo vuelve a ponerse en rojo, un muchacho también hace acto de presencia en el crucero, y comienza a hacer malabares con un grupo de pelotitas. Lesly comenta que por ser un lugar de mucho tráfico de gente y personas, han tenido que compartir calle con muchas personas, algunas de buenos, y otras no de tan buenos modales…

“A veces llegamos y ya se encuentran personas trabajando aquí. Algunos se ofrecen turnarse con nosotras, pero nos ha tocado otros que no nos dejan. También depende si ya conocemos a la persona, porque como ya tenemos un tiempo haciendo esto, hemos hecho varios conocidos que sí nos permiten estar al tiempo que ellos. Y aunque no los conozcamos, tratamos de que esto sea equitativo”.

 

Formación profesional ante todo.

No batallaron mucho, pero se encontraron. Ambas eran conocidas antes de unirse completamente como amigas y compañeras de trabajo de algo que les gusta y les apasiona: el arte.

Ely es originaria de Querétaro, y en un futuro planea regresar a su ciudad para estudiar la Licenciatura de Artes Plásticas. Lamenta que aquí no esté como carrera universitaria y que la única institución que la ofrezca sea la Estatal, que no la termina de convencer del todo.

Lesly secunda el comentario de su amiga. La Escuela Estatal de Música ofrece la Licenciatura de Danza, pero con carencias y limitaciones. Ella busca crecer y desarrollarse en una institución que la provea de las herramientas que necesita para hacerlo, pero aquí se ha informado y no vio el apoyo. Por tal razón, confía en juntar dinero para estudiar la Licenciatura en Danza Contemporánea y especializarse en el medio de creación coreográfica, ya sea en la ciudad de México o Mazatlán.

“Una vez que terminara de estudiar, me gustaría regresarme a San Luis y hacer crecer este tipo de arte”, dice emocionada Lesly, “Me desespera que sólo un lugar te ofrezca la Licenciatura y lo haga con muchas limitantes. He escuchado que egresan muy buenos bailarines, pero ellos dicen haber crecido después de salir de la Escuela, aprendiendo por sus propios medios, y ni siquiera aquí, sino en otros estados”.

Ambas coinciden que el apoyo para las artes está muy limitado y las escuelas, mal planeadas. “Las escuelas no dan el medio ni el apoyo para que los alumnos sean buenos, crezcan y se desarrollen profesionalmente”.

 

De pata de perro.

Pero el dinero que ganan en los cruceros no siempre está destinado para comida… Lesly llegó a reunir la cantidad suficiente para irse nada más y nada menos que a Cancún, donde cuenta, tuvo una experiencia muy buena, tratando con gente que realizaba lo mismo que ella en las calles de una ciudad con más apertura que aquí en San Luis.

“Junté el dinero y me fui a Cancún en camión. Hice mucho tiempo, pero valió la pena porque la gente me trató muy bien y conocí a muchas personas; cada lugar es como estar en un nuevo mundo. Allá también hacía rutinas y con eso me regresé. La gente de allá es muy diferente, ven con otros ojos este tipo de actividades. A los turistas también les llama mucho la atención lo que hice y pagan mejor. Y hay mucha gente que se dedica a lo mismo, aprendí de ellos y me enseñaron con toda la disposición del mundo lo que saben”.

Un nuevo semáforo en rojo hace detenerse a los automovilistas, y ambas chicas sonríen y se preparan para un nuevo acto. Ya es la hora de salida de muchas escuelas. Y los niños dentro de los carros observan detenidamente la actuación de Lesly y Ely. Nuevamente, su sonrisa es el mejor complemento de su acto. Terminan y regresando a refrescarse nuevamente y a tomar aire, finalizan.

“Nos gustaría visitar Guanajuato o el DF, porque hemos escuchado que hacen convenciones de gente que se dedica al malabarismo, actos como el de nosotras o muchos otros más. Pero por lo pronto lo seguiremos haciendo de pasatiempo. Aquí hemos conocido gente que se dedica a esto. Esta es su vida, le dedican todo el tiempo del mundo y se nota”.

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