Por Victoriano Martínez

La palabra agandallar no aparece en el diccionario de la Real Academia Española, pero en el Mexionario cuenta con dos definiciones, una de las cuales presenta tres acepciones:

La primera:

Tomar ventaja de alguien, de forma inesperada, amenazante o violenta. Al perpetrador se le llama gandalla, a la víctima, pendejo.

La segunda:

1.- Ganar algo o ganarle a alguien de forma abusiva y/o oportunista.

2.- “golpear”.

3.- Cometer el acto de robar.

En los últimos días, la acción o efecto de agandallar se ha mostrado como una de las características propias de la politiquería, que siempre busca en la administración pública ganar algo o ganarle a alguien algo de manera abusiva, tomar ventaja o de plano apropiarse de lo que no les corresponde.

Seis ejemplos, desde los burdos a los demasiado elaborados, pero todos con el mismo propósito: agandallar.

Los burdos:

UNO. En el Instituto Potosino de la Juventud (Inpojuve) se le otorga una beca a una funcionaria del Ayuntamiento de Sombrerete, Zacatecas.

DOS. El Consejo de la Judicatura nombra como encargado del Centro Integral de Justicia Penal, a un arquitecto con lo que no solo viola lo estipulado en ley del Poder Judicial, sino que ha entorpecido los procesos penales de abogados desde que tomó protesta.

TRES. Jesús Rafael Rodríguez López, secretario Técnico del Secretariado Ejecutivo del Sistema Estatal Anticorrupción (SESEA) somete a aprobación del órgano de gobierno un presupuesto rechazado por el Comité de Participación Ciudadana y se asegura un ingreso de 557 mil pesos para lo que resta del año.

CUATRO. Los diputados del PRI y del PAN incumplen los acuerdos tomados en los oscurito al inicio de la Legislatura y le arrebatan al Grupo Parlamentario de Morena la presidencia de la Directiva para el último año de ejercicio de la Legislatura. Sale a relucir el concepto de agandalle político.

Los muy elaborados:

CINCO. Desde el gobierno del Estado se simuló una consulta pública para cumplir con la Ley de Atención a Víctimas para seleccionar una terna para que el Congreso del Estado eligiera al titular de esa área y, mera coincidencia, el mejor calificado para resultó ser quien tres años antes fue designado directamente por el gobernador Juan Manuel Carreras López.

Lejos de analizar las circunstancias en las que se dio la selección, con irregularidades que dieron pie al inicio de un juicio de amparo, los diputados no disimularon su sumisión al Ejecutivo y avalaron el agandalle de la posibilidad de una auténtica participación ciudadana para seleccionar a quien defiende a las víctimas en el Estado. El electo ya había dado muchas muestras de no hacerlo, algunas que detonaron el conflicto vigente en la CNDH.

SEIS. Creada el 28 de octubre de 2011, la página de Facebook de la Dirección de Cultura del Ayuntamiento de San Luis Potosí había logrado acumular mucho más de 40 mil seguidores. Bastó que Ricardo Gallardo Juárez fuera alcalde de 2015 a 2018 para recibir las contraseñas de esa y muchos otros instrumentos de la administración municipal para, al final, negarlos a su sucesor.

A casi dos años de haberse apropiado de esa información y de que la gallardía mudó su indumentaria amarilla por una verde, surgió el motivo del agandalle de las contraseñas: bastaron diez cambios de nombre a la página para que se convirtiera en la del Partido Verde Ecologista de México… con todo y sus 40 mil seguidores.

Aunque esos diez cambios de nombre también fueron suficientes para que, los seguidores de la Dirección de Cultura se percataran del agandalle, y comenzaran a dejar de seguir a los gandallas: para la noche de este martes el número de seguidores había bajado de más de 40 mil a 38 mil 900… y descontando.

La palabra agandallar no aparece en el diccionario de la Real Academia Española, pero cada vez describe más la actitud de los politiqueros, autodenominados políticos, que se han agandallado la administración pública que debe estar al servicio de la población, para tomar ventaja y servirse de ella.