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Estados Unidos (15 de abril).- Aarón Hernández, de 26 años, estadounidense de origen puertorriqueño, fue condenado por el asesinato de Odin Lloyd, un jugador semiprofesional de fútbol americano y cuñado del jugador de los New England Patriots, el pasado 17 de junio de 2013. El cuerpo de Lloyd fue encontrado en el parque industrial de North Attleborough, muy cerca de la vivienda del jugador en Boston. Tenía seis disparos repartidos entre el pecho y la espalda.

Según el jurado, compuesto por siete hombres y cinco mujeres, Aarón Hernández, junto a otros dos cómplices, recogió a Odin con el pretexto de salir por la noche. Sin embargo, llevaron al joven de 27 años al parque industrial, donde Hernández le disparó; esta argumentacion se basa en pruebas concretas. La primera es un vídeo donde se ve a Odin en un Nissan Altima plateado de alquiler con los tres implicados a altas horas de la madrugada. Existe un segundo vídeo, obtenido del sistema de seguridad de la propia casa de Hernández, donde se aprecia un objeto negro con las mismas dimensiones del arma que usó para asesinar a Lloyd. Además, cerca del lugar donde fue encontrado el cuerpo, también fue hallada la colilla de un porro de marihuana con el ADN del jugador.

La defensa de Hernández trató de desmontar estas pruebas argumentando que el jugador de los Patriots “fue testigo” del asesinato “cometido por alguien que conocía”, y que su estado de shock fue tan grande que “no sabía qué hacer, así que puso un pie delante de otro” y siguió con su vida. Esta defensa se tambaleó desde el primer momento cuando el registro por parte de la policía del domicilio del condenado, encontró que había contratado una empresa de limpieza el mismo día que hallaron el cuerpo de Odin, y que además había desmontado un teléfono móvil que posteriormente, tiró en un contenedor al azar.

Su sentencia, cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional, se suma a los cargos de tenencia ilícita de armas y munición; además, en 2012 se vio envuelto en un doble asesinato en un bar de copas, cuando tiroteó el vehículo de Daniel Jorge Correia de Abreu y Safiro Teixeira Furtado, después de un empujón que le hizo tirar parte de su bebida.

“Está bien”, masculló entre dientes el jugador al escuchar su sentencia, mientras miraba a su madre y a su prometida. Una afrenta mínima que puede añadir pena a la cadena perpetua de un jugador que pasó de firmar un contrato de 40 millones de dólares en 2012 a pasar el resto de su vida en prisión.

Fuente: El Mundo.