Octavio César Mendoza.

En la política moderna, sobre todo en la mexicana, el culto a la personalidad que venden los mercadólogos suele estar asociado a producciones espectaculares, escenarios con modernas pantallas, imágenes que muestran el mejor ángulo del “producto político” y una parafernalia colorida que da cuenta del encanto o simpatía que provoca la “marca humana” en su búsqueda del voto y, por consecuencia, del ejercicio del poder. La megalomanía de los políticos de esta mexicanidad contemporánea los hace sentirse guapos, jóvenes, poderosos, simpáticos, entre otras “cualidades” cuyo simbolismo es intrascendente cuando, al escuchar al candidato en turno, se dibuja o desdibuja su inteligencia, su conocimiento de la realidad, o su capacidad de “sentir” las emociones del votante, identificar sus problemáticas, y hacer de estas su proyecto de gobierno.

En el “arranque” de toda campaña, los candidatos suelen emitir un mensaje de posicionamiento en tres sentidos: ¿quién soy?, ¿quiénes son mis adversarios?, ¿cuál es mi propuesta? Un político que carece de las herramientas discursivas necesarias (conocimiento, emoción y elocuencia) está virtualmente frito desde el primer día de su campaña. Y es que, en el fondo, un candidato debe ser temido por sus adversarios y amado por sus seguidores. El primer contacto entre elector y candidato es un encuentro de emociones generadas por la identificación de valores, idearios, empatías y familiaridades. “El problema de nuestra época” (decía Sir Winston Churchill) “consiste en que los hombres no quieren ser útiles sino importantes”. De ahí que la compra de candidaturas tenga como consecuencia la derrota en las urnas, porque a fuerza ni las zapatillas de cristal entran.

Por ello los mercadólogos cobran lo que cobran: porque muchos políticos se reconocen incapaces de prender una estufa, incompetentes a la hora de debatir, y suficientemente sanos como para necesitar la administración de cápsulas de humildad para aliviar su soberbia. Lo que ignoran esos candidatos, además, es que por más despensas que repartan, por más promesas que hagan, o por más gritos que lancen en sus mítines, el discurso es tan importante como la imagen, porque la forma verbal es el fondo de lo simbólico. A pesar de la aparente ausencia de intelecto, como en los casos de Fox y Peña; a pesar de la aparente abundancia del mismo, en el caso de Salinas; o a pesar del confuso y difuso intelecto de López, el discurso de todos pegó en el centro de la demanda emocional del elector, y dio motivos suficientes para identificarse con su liderazgo y comprar su propuesta.

En el arranque del actual proceso electoral por la gubernatura de San Luis Potosí, los candidatos han mostrado sus habilidades y carencias, sus propuestas y simbolismos, con diversas fórmulas cuyo impacto y rentabilidad trataremos de analizar en esta columna, con la única intensión de animar a los oferentes a mejorar su discurso e imagen para hacer menos aburrida una campaña marcada por la ruptura de los métodos tradicionales de comunicación e interactuación entre políticos y electores. Esta columna está dedicada a los escritores de discursos, a los diseñadores gráficos, a los “showrunners” de los eventos masivos (o semi vacíos, depende del candidato) y todos aquellos personajes que, detrás del líder, hacen circo, maroma, teatro y maquiavelismo, en aras de que la gente crea que ha llegado el salvador en turno. Utilicemos el método de disección de Jack.

Juan Carlos Machinena Morales fue, desde mi punto de vista, un párroco tardío. Su innegable cultura, su conocimiento de la realidad merced a su constancia en los puestos directivos relacionados con el poder público, así como su preparación académica, no evitaron que su arranque de campaña pudiese haber sido en un púlpito, en lugar de hacerlo en un templete rodeado de personajes que simulaban una representación viva de un Altar de Muertos. El sermón mañanero de los idearios de López Obrador, obligado por el partido “Fuerza por México”, lo asemejó más al traductor de lenguaje de señas que acompaña al presidente. Carece de imagen, y sus redes sociales recuerdan a las precedentes a Facebook, Twitter o Instagram. A pesar de ser un hombre simpático en su trato personal, no tiene la apariencia de un candidato que las masas idealicen.

Adrián Esper Cárdenas tuvo que iniciar su campaña en la Huasteca, o trasladar a San Luis Potosí sus muchas propiedades de dicha región, porque olvidó que esa “hot sale” llamada “Encuentro Solidario” no es otra cosa que un papalote queriendo mantener el vuelo del registro con el viento soplado por los idus de marzo y los abanicos de billetes. No le van a hacer ni siquiera un estudio de imagen y discurso como para avisarle que los potosinos de la Capital no usan botas, ni tienen idea de quién es Adrián, y que no puede romper un bastión de la Derecha con amenazas tipo “El Bronco”, gobernador del Cerro de la Silla. Simpático en su trato personal, el “joven” Esper no hizo “click” ni con los medios de comunicación, por lo que pudo haber convocado a una carne asada y tener más éxito. Su campaña no se percibe como “fresca” (si esa era la intención) sino como improvisada.

José Luis Romero Calzada, es José Luis Romero Calzada, y no habría necesidad de abundar al respecto; pero voy a completar el párrafo y, como una forma de respeto al público, advierto que dicho párrafo no tiene risas grabadas. Tomo mi aserto ontológico del famoso programa dirigido por Roberto Gómez Bolaños, a la par del análisis de una realidad brutal e hilarantemente incontestable: si había necesidad de tener un “sketch” de campaña permanente, este debió estar escrito por un creativo del humor involuntario recomendado por Eugenio Derbez, para que no cayera en el aburrido intento de infantilizar las campañas electorales para que los electores piensen, ahora sí, que todos los políticos son iguales. El depauperado espectáculo de “Redes Sociales Progresistas” pudo ser el inicio de las campañas pensadas para plataformas como Tik-tok.

Marvelly Costanzo Rangel es una mujer cuya innegable simpatía personal tiene una herencia cultural que nos identifica como potosinos: los chocolates “Costanzo”, cuyo antiguo eslogan prometía productos “más dulces que los besos de la novia”. Pero la política suele ser amarga, y San Luis Potosí no está para partir un turrón con Movimiento Ciudadano. Su mensaje, conciso y bien redactado, tuvo el triste destino de ser leído por una voz que, aunque amable, se percibe debilitada por el trato excesivamente “fresa” de la representante de una sociedad empresarial tradicional que, por más trabajo de mercadeo que pague para vender sus “productos políticos”, aún no acaba de entender que las candidaturas no pueden ser parte de un Currículum Vitae de “coaching”, y que las cruzadas tipo Lady Diana no pegan en los empobrecidos territorios del hambre, la violencia y el desempleo.

José Arturo Segoviano García, único Candidato Independiente a una gubernatura en todo México, tuvo dos momentos estelares en su arranque: el de la presentación ante la sociedad como representante “antisistema” partidista, durante el cual se dio gusto señalando a los “chapulines” y “vividores” de la política; y el de la identificación de su familia como el pilar de su ideario político. Las propuestas iban acompañadas de críticas puntuales al sistema partidista, y no tuvo empacho en decir que todos los candidatos, menos él, representan lo que tanto daño ha causado a México y a los mexicanos: la corrupción y el abuso de poder. Se le vio feliz, seguro de sí mismo, a pesar de que las fallas del audio y la escasa concurrencia a su arranque. De viva voz entusiasma más que cuando lee, eso sí. Al apropiarse de los colores azul y oro, envía un mensaje de pertenencia a lo “potosino”.

Francisco Javier Rico Ávalos, de Nueva Alianza, tuvo un bonito, animado y entusiasta arranque de campaña; aunque un mensaje demasiado discreto, opacado por su propia personalidad, lo que transmite inseguridad en sí mismo, y eso ahuyenta a los padres de familia. Pareciera haber sido llamado de última hora para no dejar escapar la oportunidad de colgar algún diputado de representación proporcional en la vitrina de trofeos escolares, o para salvar el inflable del registro de su partido, y seguir la “kermesse” ideológica del magisterio. Es cierto: los maestros son una fuerza poderosísima, una maquinaria electoral; pero “el profe” Paco no es Carlos Jonguitud Barrios, ni detrás de él se encuentra el liderazgo y empuje económico de una Elba Esther Gordillo. Sin embargo, no todo está perdido, porque hay desastres ajenos que hacen olvidar los propios. 

Mónica Liliana Rangel Martínez es el morenista ejemplo de lo anterior. Parece que no hubo un trabajo de contención emocional desde su “equipo de trabajo”. La doctora podría, además, diagnosticar como enfermos de poder a muchos de sus “estrategas”, pues no se les da esto de hacer campaña ni siquiera para aquello que se llama “control de daños”. No los imagino averiguando el funcionamiento de un extintor para tratar de mitigar su propio afán pirómano. “Saliendo por pies” de su arranque de campaña, la doctora parecía sentirse perseguida por los fantasmas de rebeldía de las huestes morenistas, convertidos en sus propios enemigos. Si la frase “borrón y cuenta nueva” se aplicase como ungüento, este arranque sería sólo un mal sueño y no una pesadilla que presagia el naufragio por auto boicot. De algo servirán los chalecos salvavidas del Bienestar, supongo.

José Ricardo Gallardo Cardona tuvo un arranque es-pec-ta-cu-lar que se puede narrar como una fiesta nocturna a la que sólo le faltó un baile en espuma. La inversión en el montaje del “show” valió cada evidente centavo gastado, y eso hace que sus electores se sigan sintiendo emocionados como adolescentes, aunque sin saber por qué. Son los efectos de la dopamina. Hay mucho trabajo de imagen, pero no de contenido, ya que su mensaje tuvo dos momentos contrastantes: el de la continuidad de las ofertas de apoyo al pueblo, sin proyectos claramente definidos, y el de la innecesaria mención “entre líneas” de Xavier Nava. Tan fácil que es cantar “ya lo pasado, pasado” con un escenario tipo “La Voz México”. Dueño de las redes sociales y del “timing”, Gallardo se percibe fresco, joven, “alivianado” y se sabe mover entre la gente, porque lo disfruta.

César Octavio Pedroza Gaitán también tuvo un arranque es-pec-ta-cu-lar que se puede narrar como el concierto de reencuentro de un rockstar de la política con sus fans y nuevos seguidores pluripartidistas. El colorido de la coalición le permitió hacer de DJ de su propia fiesta, mezclando éxitos discursivos revolucionarios como el predecible “Nuevo Plan de San Luis” con el ideario humanista que lo apasiona: un “mix” ideológico del PRIAN. Orador altamente competitivo, Pedroza recurrió a las formas tradicionales para distinguirse de sus adversarios, utilizando conceptos como “honestidad” y “decencia” sin ser halagos en boca propia, y “pillos” y “traidores” sin nombre ni apellido. Sin embargo, su posicionamiento no estuvo acompañado de una idea clara de cómo va a ser su gobierno, más allá de las buenas intenciones, que sume adeptos y sponsors a su campaña. 

En general, y dadas las condiciones atípicas de este proceso electoral inmerso en la apatía y marcado por el temor a la pandemia, el mensaje de posicionamiento inicial de los diferentes candidatos no tuvo el impacto mediático y social que se esperaba. Eso da tiempo para corregir errores, curarse de espantos, cambiar de estrategas y despachos de consultoría de imagen, y centrarse en la oferta política de cada uno. Los potosinos ya no van a comprar espejitos. El trabajo estará en las redes sociales, en los muros y en el territorio de la movilidad electoral operativa, por lo que las bases del llamado “voto duro” tienen ventaja. Sin embargo, no hay que olvidar que ningún mimo ha logrado ser Gobernador del Estado. Por ello reitero el necesario trabajo que cada postulante debe realizar en torno a sus motivaciones, sus emociones, sus ideas y su propuesta; es decir: su discurso.

La llamada crítica “constructiva” se fundamenta en dos objetivos: hacer notar al criticado sus errores y deficiencias, y pedir que se exija a sí mismo la necesaria mejoría. De otra forma, y en este caso en particular, las elecciones municipales tal vez se vuelvan más interesantes que las de Gobernador; y estas últimas terminen siendo asunto de dos candidatos que, por lo pronto, aparecen a la cabeza de las encuestas no pagadas por los mismos: Gallardo y Pedroza. Y para dar un adecuado Servicio al Cliente, invito a mis tres dilectos lectores a compartir la futura entrega de aportaciones no pedidas para mejorar el mensaje de los candidatos a la Presidencia Municipal de San Luis Potosí; ejercicio que trataré de realizar respecto a los ídemes de las principales “Capitales Políticas” del Estado, donde se definirá a no sólo a la autoridad local, sino al próximo titular del Poder Ejecutivo. 

Finalmente, luego de este extenso circunloquio pesudo-analítico-mágico-musical, invito a los electores a quitarse el miedo de que nos veamos en todos los mítines, así como a seguir las redes sociales de todos los candidatos y desmenuzar su mensaje, googlear sus antecedentes y estudiar la viabilidad de sus propuestas. De lo que se trata es de pensar bien en torno a la decisión de quiénes serán los administradores de nuestros impuestos a partir de este 2021, y a quiénes vamos a dar la oportunidad de ser nuestros empleados, o nuestros verdugos y ladrones con llave y garrote en mano. ¿Servidores o vividores? Esa es la cuestión. Para hacer equipo entre ciudadanos, Igual y nos vemos en los diferentes eventos, para aportar nuestra generosa labor crítica, además de disfrutar de los espectáculos en los cuales están basando su deseo de despertar el interés popular.

Contrataciones, consultorías, denuestos, cadenas de oración y donativos al 4442 96 06 35, de 8 a 8. 

¡Y que viva San Luis Potosí!