Astrolabio

Octavio César Mendoza

Después de darse a conocer el resultado de una evaluación de los ciudadanos de cada Estado respecto a la actuación de sus gobernadores, realizada por el periódico El Financiero y comentada en medios como MVS, el nombre de Ricardo Gallardo Cardona, gobernador de San Luis Potosí, aparece en el cuarto lugar entre los mejor evaluados, por encima de muchos de los que más repercusión política tienen en el país, como Claudia Sheimbaum, de la CDMX, y muy por encima de gobernadores mediáticos como Samuel García, de Nuevo León.

El “efecto” que han tenido las políticas de arranque del gobernante potosino, referentes a la gratuidad de placas para automóviles y licencias de conducción, la distribución de canastas básicas en los municipios de mayor marginación, así como la constante promoción de eventos públicos de alta popularidad, han logrado generar una conexión entre las mayorías y el titular del ejecutivo que, al día de hoy, se muestra incluso de buen humor en las redes sociales. Tan de buen humor que hasta llega a interactuar con sus gobernados, y hace una promoción exitosa del Día Internacional de los Museos.

Ese “click” entre la autoridad gubernamental y la sociedad se da, principalmente, entre la población joven, las mujeres y las personas de mayor edad, lo cual comienza a generar una percepción de contento social que hace a un lado temas como la inseguridad o la insuficiencia de los servicios de salud, los cuales la propia sociedad observa como problemáticas de orden federal, pero que alimenta el discurso de mejora del gobernador.

Con el salto que se prevee que tenga la popularidad del gobernador Gallardo tras los festejos de la Feria Nacional Potosina, la puesta en marcha de obra pública en la zona metropolitana de la ciudad Capital, y de la ampliación de los programas sociales, existe la posibilidad de que, al término del 2022, la fama de “el pollo” trascienda las fronteras de San Luis Potosí, y lo coloque como un serio aspirante a la presidencia de la República, o al menos como un aliado fundamental, pues su liderazgo en el Partido Verde sustituye de forma natural el de un Manuel Velasco, ex gobernador de Chiapas, y el del resto de los personajes prominentes de este instituto político.

Otro de los recursos utilizados para el incremento de su popularidad, radica en la estudiada acción de la justicia en torno a los actores de la que denominó como “Herencia Maldita”, en referencia a la administración de su antecesor Juan Manuel Carreras Lopez. Si la venganza es un plato que se sirve frío, en el caso de Carreras va por tiempos, e incluso puede tener en el propio ex gobernador la apariencia de un postre helado. A poco más de seis meses del inicio de su gestión, Ricardo Gallardo Cardona ya ha acumulado activos políticos en su favor que parecen ser la extensión de su campaña, comenzando por esta labor justiciera, y siguiendo por la adhesión de los alcaldes que se han sumado al mencionado Partido Verde, y que prácticamente han borrado del mapa a la oposición en el Estado. Hoy nadie quiere ser enemigo del gobernador, y todos buscan ser sus amigos o, al menos, no estar en su radar.

Aunado a ello, y gracias a su alianza de trabajo con el presidente municipal de la Capital potosina, Enrique Galindo Ceballos, se prevee que la Entidad se acabe de pintar de verde en las elecciones intermedias; más aún si el gobernador potosino se comienza a hacer notar ante los ojos de Andrés Manuel López Obrador para salir al ruedo como un aspirante cuya mayor seriedad es, precisamente, no mostrarse como un político tradicional adusto, y cuya simpatía popular se puede extender por una región bajío y del centro-occidente que es donde la derecha aún resiste en la defensa de sus bastiones anti-López: Guanajuato, Querétaro, Aguascalientes y Jalisco. Esos estados, son la puerta a la extensión del proyecto de nación de AMLO hacia el 2024, ya que el sureste lo tiene más que ganado.

De mantenerse en esa curva ascendente, según el análisis de quien esto escribe, el mandatario potosino estará en la víspera de su mejor momento político dentro de un año, lo cual lo puede catapultar hacia un liderazgo nacional, al tener como aliados al futuro gobernador de Tamaulipas, a algunos miembros del gabinete de AMLO, y a otros gobernadores que requieren de la ayuda de “el pollo” para revertir su mala imagen a pesar de su cercanía con el Estado de San Luis Potosí, como lo es un David Monreal, de Zacatecas, último lugar en la encuesta de El Financiero. Es el paradójico caso de que el mejor gobernador de Zacatecas puede ser el de San Luis Potosí, en caso de que se gestione una alianza para vencer la criminalidad en la cuna de López Velarde.

Súmele a ello, apreciable lector, que el olfato político de Gallardo se ha ido afinando conforme se asienta en su administración, pues aquella broma de convertir en política de salud el tema de las liposucciones, a pesar del llamado del presbítero Jesús Prieto a “ser serios”, ha comenzado a ser difundido entre el sector femenil de la población potosina con efusividad y entusiasmo. No hay que dudar que pronto se hable de un programa del Sector Salud que, con el pretexto de luchar contra la obesidad, y de empoderar a las mujeres a través de su derecho a verse y sentirse mejor, se convierta en los dos puntos de popularidad que lo pongan entre los tres gobernadores mejor evaluados de esta época a nivel nacional pero, sobre todo, a nivel opcional como pre candidato a la Silla del Águila.

Otro fuerte del gobernador potosino es su resistencia a la crítica, está última la cual se da de forma demasiado rígida por parte de algunos periodistas y analistas políticos, que aún no acaban de entender que la nueva dinámica de la política nacional pasa, en buena parte, por tener un sentido del humor ligero y no ácido. Entre más seria sea la crítica, menos se le toma en serio. Estamos hablando de la era de la posverdad.

De igual forma, dentro de la oposición no hay liderazgo alguno cuya voz se escuche más allá de las notas periodísticas que hacen eco de la misma, y en el horizonte de las posibilidades se intuye que la misma capital del Estado, hoy en manos del único liderazgo con poder real dentro de la oposición, formará parte de los activos del movimiento “gallardista” dentro de un par de años. Ya se habla de los posibles perfiles a suceder a Enrique Galindo, dado que este seguirá su trayectoria política hacia el Senado, para apostar por la Gubernatura en el 2027, y por su sobrada inteligencia sabe que hoy debe ser el mayor aliado de Ricardo Gallardo Cardona.

A menos que ocurra una catástrofe que le quite de las manos el control de las emociones del pueblo, y que salte a la escena pública un personaje carismático y con discurso que haga sentido en la consciencia del respetable elector, al gobernador potosino le acaban de extender seis meses más su luna de miel con su pueblo, que está emocionado porque se percibe a sí mismo como ganador, al haber llevado al poder a uno de los suyos. Imagínese si el Atlético Potosino avanza a semifinales o llega incluso a la final del torneo: nos vamos a creer mucho más.

Y si, hablando de finales, a finales de año “el pollo” llegase a escalar al 60 por ciento de aprobación popular, cuidado, que de ahí puede dar el gran salto a las ligas mayores de la cuarta transformación. Ricardo Gallardo no sólo es el cuarto gobernador mejor evaluado: es el que más ha crecido en los primeros dos trimestres de su mandato, y es también el que se mueve con mayor agilidad. Sólo falta afinar la maquinaria de comunicación para colocarlo en la cima, doce escalones arriba de Claudia Sheimbaum.

Share this...
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
A+