Astrolabio

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¿La maldad se hereda? Así como podemos heredar algunas características físicas y visibles de nuestros padres, abuelos y tíos, ¿Será también posible heredar algún factor genético que desencadene una profunda violencia?

El gen del guerrero.

La teoría del gen del guerrero propone que ciertas personas tienen una predisposición genética a ser violentos. Según un estudio publicado en la revista Molecural Psychiatry, el 50% de los comportamientos violentos tienen una base genética.

Este estudio fue llevado a cabo por un equipo de investigación del Instituto Karolinska de Estocolmo, Suecia. Ahí se determinó que los genes MAOA y CDH13 son determinantes para tener una mayor propensión para cometer crímenes violentos.

En este sentido, el autor del estudio y profesor del departamento de Neurociencia de la institución, Sinc Jari Tiihonen, explica:

“(…) Más del 50% de los delitos violentos graves cometidos en países desarrollados pueden explicarse por razones genéticas”.

El gen CDH13 es el que contribuye a generar las conexiones neuronales del cerebro y es el que también está asociado con el Trastorno del déficit de atención e hiperactividad (TDAH); por su parte, el gen MAOA es el encargado de metabolizar la dopamina, la cual está íntimamente relacionada con las emociones fuertes como el odio, la violencia o el amor.

Los autores explican que muchos individuos que son portadores de mutaciones genéticas de bajo riesgo, probablemente no manifiesten conductas violentas. Sin embargo, poseer una combinación de alto riesgo aumenta 13 veces las posibilidades de desarrollar comportamientos violentos. El alcohol y las drogas también son otros dos factores claves y determinantes que están presentes en la mayoría de las personas violentas.

“La mayoría de los delincuentes se encuentran bajo la influencia de una sustancia psicoactiva en el momento del homicidio, mayoritariamente alcohol”.

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Genes vs crianza.

 

Sin lugar a duda, el factor de la crianza también juega un rol fundamental para que una persona revele su lado más oscuro y violento. No en vano, la mayoría de los asesinos y violadores seriales tuvieron infancias terribles marcadas por el abuso, poca estabilidad, violencia y demás.
La parte más espeluznante es cuando una persona criada en el seno de una familia estable, normal, con afecto y sin ninguna clase de carencia, desarrolla el instinto asesino, como es el caso de los hermanos David y Bryan Freeman, quienes siendo adolescentes, abandonaron sus creencias religiosas, se unieron a un grupo neonazi y asesinaron a su propia familia.
Algunos científicos apuntan a que, tanto los factores genéticos como de crianza, son importantes para que una persona desarrolle una personalidad violenta. En este sentido, el científico especializado en el comportamiento humano, Terrie Moffitt, afirma:
“Hoy, los casos de violencia más resonantes implican una combinación de factores sociales y biológicos”.

 

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