Las prendas que esperan una respuesta: del Rancho Izaguirre a las desapariciones en SLP

Desiree Madrid

Una mochila, un pantalón o cualquier otra prenda puede convertirse en algo más que un objeto para una familia que busca a una persona desaparecida. Puede ser una pista sobre dónde estuvo, con quién pudo haber estado y, eventualmente, una puerta para reconstruir una historia que las autoridades no han logrado esclarecer.

Ese fue uno de los puntos de partida de Las Prendas Hablan, proyecto periodístico colaborativo presentado por la periodista Marcela Nochebuena, quien explicó cómo un catálogo de ropa y objetos encontrados en el Rancho Izaguirre, en Jalisco, terminó convirtiéndose en una herramienta para que familias intentaran reconocer pertenencias de personas desaparecidas.

El proyecto surgió después del hallazgo dado a conocer en marzo de 2025, cuando la cobertura mediática del lugar puso sobre la mesa no solamente los indicios encontrados, sino también cuestionamientos sobre la preservación de la evidencia y el manejo que se hizo del sitio. La intención, explicó Nochebuena, fue evitar que el caso quedara reducido a una cobertura coyuntural y continuar investigando qué había detrás de las prendas y objetos localizados.

Para ello participaron Animal Político, el proyecto A dónde van los desaparecidos y la organización Tejerred. Esta última desarrolló un micrositio que convirtió en un buscador el catálogo de prendas y objetos que había sido difundido por la Fiscalía General de la República (FGR), de manera que las familias pudieran buscar por características como color, tipo de prenda o talla.

A partir de esa herramienta, el equipo periodístico elaboró un formulario para saber quién había reconocido alguna prenda, a quién pertenecía, qué había permitido identificarla y qué había ocurrido con la denuncia o el acercamiento posterior con las autoridades. El proyecto también fue compartido previamente con familias y colectivos de personas desaparecidas para conocer su opinión y evitar que la investigación se realizara sin ellas.

Hasta el 25 de febrero, el micrositio había registrado 7 mil 900 visitas y 59 mil consultas al catálogo. Entre los objetos más consultados estuvieron una mochila negra, un pantalón negro talla 32 y un pantalón café. Las consultas provinieron principalmente de Jalisco, Guanajuato, Ciudad de México, Querétaro, Estado de México y Michoacán.

Pero detrás de esas consultas había una pregunta que seguía sin respuesta: ¿la prenda realmente perteneció a la persona desaparecida?

Nochebuena explicó que uno de los principales hallazgos del proyecto fue precisamente la falta de seguimiento a los reconocimientos realizados por las familias. Personas que creyeron identificar una pertenencia no obtuvieron una confirmación definitiva por parte de las autoridades. De acuerdo con lo expuesto durante la charla, más de un año después del hallazgo ninguna de las prendas había recibido una identificación positiva o negativa definitiva por parte de la FGR.

La investigación también encontró patrones entre algunos de los casos documentados: falsas ofertas de trabajo, reclutamiento forzado y, en algunos casos, testimonios sobre asesinatos ocurridos en el Rancho Izaguirre o sus inmediaciones. Las personas desaparecidas cuyos casos pudieron documentarse eran jóvenes.

Uno de esos casos fue el de Merari Noemí, quien salió de su lugar de origen tras recibir una oferta laboral. Antes de llegar a su destino se tomó una fotografía dentro de un Uber. Después no se supo más de ella. Su familia posteriormente conoció testimonios que apuntaban a que habría sido asesinada en el rancho, aunque, según lo expuesto por Nochebuena, tampoco existe un resultado oficial que esclarezca su caso.

Otro fue el de Eleazar, un joven de 22 años desaparecido en Guanajuato en 2024, su tía reconoció una mochila roja y negra que le había prestado para el viaje que emprendió después de recibir una oferta de trabajo. La familia no obtuvo seguimiento de las autoridades sobre ese indicio. La desaparición de Eleazar ocurrió además después de que su madre desapareciera años antes.

Lo que las prendas cuentan en San Luis Potosí

La discusión no se quedó en Jalisco. Durante la misma charla, la periodista potosina y miembro de este medio, María Ruiz llevó el tema al contexto de San Luis Potosí y planteó que las prendas y otros objetos personales pueden ayudar a pasar de las cifras de desaparición a las historias concretas de las personas que están siendo buscadas.

Ruiz señaló que los lugares donde se localizan restos humanos también pueden aportar información sobre patrones de violencia, territorios y posibles formas de operación. Por ello, consideró relevante no limitar la discusión a cuántos hallazgos existen, sino preguntarse quiénes eran las personas cuyos restos o pertenencias aparecen en esos sitios, cómo llegaron ahí y qué relación existe entre los lugares de desaparición y los puntos de hallazgo.

La periodista también expuso datos que, según explicó, había obtenido de registros de la Comisión Nacional de Búsqueda y de archivos de la Fiscalía General del Estado (FGE) sobre hallazgos de fosas clandestinas en San Luis Potosí.

Uno de los principales cuestionamientos planteados durante su intervención fue la reserva de información relacionada con estos hallazgos. Ruiz señaló que la Fiscalía estatal estableció un acuerdo de reserva sobre información relacionada con las fosas, bajo el argumento de que su divulgación podría afectar las investigaciones y la seguridad del estado.

La reserva, sostuvo, deja abierta una pregunta para el periodismo y para las familias: qué información se está dejando de conocer sobre los lugares donde han sido encontrados restos humanos y qué otros indicios (como prendas u objetos personales) pudieron haber sido localizados junto con ellos.

Para Ruiz, conocer esos elementos puede ser determinante para reconstruir las historias de las personas desaparecidas y establecer posibles vínculos entre una víctima, un lugar de desaparición y un sitio de hallazgo.

El punto de encuentro entre ambas periodistas está precisamente ahí: una prenda no necesariamente permite saber qué ocurrió con una persona, pero puede indicar que estuvo en determinado lugar y abrir una línea de investigación.

Nochebuena advirtió que las prendas no pueden considerarse por sí mismas una prueba definitiva de que una persona murió en el Rancho Izaguirre. Sin embargo, sí pueden constituir un indicio para determinar que alguien pasó por ese lugar y, a partir de ahí, investigar qué ocurrió con esa persona.

Para las familias, mientras tanto, esos objetos adquieren otro significado. No son solamente pantalones, mochilas o prendas registradas en un catálogo: pueden ser uno de los pocos elementos que permitan relacionar a una persona desaparecida con un territorio.

Y mientras las autoridades no confirmen o descarten esas identificaciones, las prendas permanecen en un punto incómodo: son pistas que las familias pueden reconocer, pero que siguen sin convertirse en respuestas oficiales.

Nochebuena resumió esa ausencia de certeza al señalar que, hasta ahora, no existe acceso pleno a la verdad sobre lo ocurrido. El proyecto, explicó, busca precisamente acercarse a ella mediante el periodismo cuando las respuestas institucionales todavía no llegan.