Astrolabio

 

Parece ser que el criterio del Gobierno del Estado en materia de desarrollo económico es que hay que lograrlo cueste lo que cueste. Esa era la doctrina de gobierno con Marcelo de los Santos: que vengan cueste lo que cueste y así logró atraer a General Motors.

Con Fernando Toranzo Fernández privó el mismo concepto impulsado desde el gobierno federal para que el anodino mandatario local entendiera: 3 mil millones de pesos para lo que se pida de inicio a favor de BMW.

Ahora con Juan Manuel Carreras López no podría ser de otro modo y ya lo ha anticipado el secretario de Finanzas, José Luis Ugalde. Lo que sea con tal de convencer a Ford, es esa la idea central, les subsidiamos su instalación.

 

Las gigantes armadoras de vehículos están fascinadas con los gobiernos de las economías emergentes porque éstas están dispuestas a todo con tal de recibir unos cuantos millones de dólares en inversión foránea.

Pueden pedir lo que sea y los gobiernos de los países en desarrollo verán como le hacen para cumplir los caprichos: que un terreno amplio y estratégicamente ubicado, infraestructura básica, es decir, puentes, carreteras, vías férreas, caminos alimentadores; pero también agua, alumbrado, seguridad pública, capacitación y más.

En ese sentido, la lógica del Gobierno es que si se tiene espacio para una deuda pública de 22 mil millones de pesos y la actual es de solamente 4 mil 500 millones, quiere decir que fácilmente nos podemos endeudar y estaremos en los límites señalados en la Ley. O sea, No Problem.

El problema es que el secretario Ugalde al inicio de la administración había dicho que el total de la deuda del gobierno era de 22 mil millones de pesos.

Apostar la viabilidad financiera del gobierno a una empresa parece ser un exceso, más cuando lo que se entrega a las empresas del sector automotriz se mantiene en la opacidad.

 

Si el gobierno está en condiciones de aumentar la deuda en 16 mil millones de pesos ¿cuánto de eso será para Ford?, ¿Todo, la mitad¿ ¿Cuánto?

 

General Motors y BMW son templos de opacidad y ocultamiento de la información y ponen en entredicho que su llegada se haya apegado a la ley. Pero ahí están, más para presumir que para mejorar las condiciones de bienestar de los trabajadores.

 

Que venga Ford, pero que haya transparencia y acceso a la información sobre los beneficios que se le entregan. Son recursos públicos y la sociedad tiene derecho a saber.

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