Astrolabio

JMCL Constancia Mayoría(9)

Por: Antonio González Vázquez

Llegaron todos de blanco. Ni la fuerzas verde ni la fuerza roja. No, ésta vez fue el blanco de la pureza, el blanco de la inocencia, de la claridad, de lo brillante; si, los ángeles se visten de blanco.

 

Así llegaron los priístas a la sede del Consejo Estatal Electoral y de Participación Ciudadana para la ceremonia de unción de Juan Manuel Carreras López como gobernador electo de San Luis Potosí.

 

Camisas, playeras, blusas, camisetas, guayaberas blancas. Los priístas impolutos, libres de mancha, como vírgenes nunca tentados por la ilegalidad ni la corrupción. Los priístas llegaron de blanco y tal vez nadie se lo pueda creer, el blanco de la pureza.

 

Desde las nueve de la mañana, puñados de priístas se apoderaron del edificio del Consejo y celebraran un triunfo alcanzado con las uñas: 29 mil votos más y 2.90 por ciento de sufragios más que la panista Sonia Mendoza.

 

En su blancura de detergente quitamanchas, los priístas no se desbordaban de alegría ni cayeron en actos histriónicos de efusividad, como si entendieran que su candidato ganó con apenas el 20 por ciento del padrón electoral. Sí, solo el 20 por ciento de los ciudadanos en el padrón votaron por él, aunque el 43 por ciento decidió no ira a las urnas, lo cual es peor.

 

Se les veía de blanco a todos, los más, priístas de otras épocas, muchos de ellos se han hecho viejos junto con el partido. Estaba Turrubiartes, Barrera, Del Valle, Calderón, Delgadillo, Emilio, Huerta, Medellín, Leomine, Villanueva, Castelo, Castillo, Rubio y decenas de apellidos más que han vivido las mieles en el presupuesto desde los tiempos de Silva y Sánchez.

 

Estaban todos de blanco como pretendiendo enviar un mensaje de paz, el mismo mensaje que Carreras ofreció en su primer discurso: ofrezco mi mano a todos para trabajar juntos por San Luis, dijo en tono tan falso como ceremonioso.

 

Carreras vistió elegantemente, pero no cargó con los colores del PRI ni mucho menos de los otros partidos que lo apoyaron. Lucía una corbata verde pistache que resaltaba con sobriedad en su camisa blanca y saco azul oscuro. No se puso en la solapa su botón del PRI.

 

La muchedumbre priísta en blanco se entendió entonces por ese mensaje de Carreras: fue un proceso electoral apegado a la legalidad, en el que, como en toda democracia hay quienes ganan y quienes pierden, quiero que asumamos la victoria con optimismo y esperanza, pero sin triunfalismos, destacó mientras que los priístas celular en mano tomaban videos o fotografía. No cabían de felicidad.

 

Fue una victoria democrática y legítima, describió Carreras a unos priístas a punto de llegar a las lagrimas de tan conmovidos. Luego, sin miramientos le aplaudieron hasta el cansancio y Carreras lanzó vivas por San Luis Potosí.

 

Luego de saludar de mano a cada uno de los consejeros y a los representantes de los partidos, salió del edificio electoral y entre brazos, sonrisas, apretones de manos y muchas fotografías, se dirigió a su casa de campaña donde en verdad empezaría la fiesta del partido.

 

Estarían también de blanco esa fue la instrucción, es decir, el lobo disfrazado de oveja, el delincuente disfrazado de santo. El octogenario, el tiranosaurio quieren ahora pasar el estercolero tan blancos como una paloma. A ver quien se los puede creer.

 

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