Jaime Nava

“Muy pendejo, muy raro, muy ingenuo […] ese es el principal problema de este güey”, de esa manera -y antes de ser secretario de Finanzas-, José Luis Ugalde Montes describía al entonces candidato a la gubernatura, Juan Manuel Carreras López; tres adjetivos con los que bien podría resumirse su actuar en lo que va del sexenio y que hoy resultan relevantes si se quiere comprender por qué renuncia el fiscal Anticorrupción, Jorge Alejandro Vera Noyola.

Si Vera Noyola tenía su puesto asegurado hasta el 2025, ¿por qué se va? La pregunta –además del propio fiscal Anticorrupción– la deberían responder Juan Manuel Carreras y el fiscal general, Federico Arturo Garza Herrera; aunque se sabe que buscarlos es ocioso porque ocultarán la alegría que les da la noticia y repetirán las mismas frases genéricas que tienen bien ensayadas para sacarse de encima a los medios de comunicación.

Los desencuentros entre Vera Noyola y la dupla conformada por Juan Manuel Carreras López y Federico Garza Herrera comenzaron poco después de su elección, cuando el fiscal general se percató de que, en lugar de nadar de muertito, la Fiscalía Anticorrupción comenzó a trabajar en las denuncias sin distinguir colores o acuerdos políticos.

Ante el riesgo de que la Fiscalía General se viera opacada por la Anticorrupción, Garza Herrera comenzó a operar en su contra. Habría sido más sencillo que ordenara su casa y pusiera a trabajar a sus empleados, empezando por los amigos de sus hijos que tiene contratados; sin embargo, optó por otra estrategia.

Codazos legales, zancadillas presupuestales y la saturación de la Fiscalía Anticorrupción con asuntos de poca trascendencia que, originalmente, le correspondían a la Fiscalía General, se convirtieron en el día a día de Vera Noyola. Lo que comenzó como una escena de celos, con el paso del tiempo se convirtió en la ruta recurrente con la que Carreras y Garza amarraban las manos de quienes, desde la Fiscalía Anticorrupción, osaran intentar avanzar en investigaciones de gran interés público, como las relacionadas con los apellidos Romero, Barrera y Gallardo.

Parece que Juan Manuel Carreras López y Federico Garza Herrera decidieron convertirse en cómplices de la corrupción y en los principales obstáculos para que en San Luis Potosí exista una verdadera procuración de justicia. Uno de los ejemplos más notables es la denuncia por enriquecimiento inexplicable que presentó el Frente Ciudadano Anticorrupción en contra del ex alcalde Ricardo Gallardo Juárez.

La carpeta de investigación pasó meses acumulando polvo en una estantería de la Fiscalía General del Estado luego de que el primer agente del Ministerio Público encargado del caso se viera forzado a acelerar su jubilación tras haber recibido una amenaza relacionada con ese asunto. De ese tamaño es el problema de la procuración de justicia en el estado, aunque Carreras y Garza no se quieran dar por enterados.

Que todo lo que tiene que ver con la gallardía y sus aliados se congele en las fiscalías no es casualidad. Para evitarse problemas, Garza Herrera se autoconvenció de que esas carpetas no existen; pero, cuando la realidad llegó a reventar su burbuja, intentó turnarlas a la Fiscalía Anticorrupción para que allá se hicieran cargo, regalito que acompañó con una tarjeta diciendo: “están solos, buena suerte”.

Todos los porqués respecto del raro actuar gubernamental son difíciles de desentrañar -ni siquiera las personas más cercanas a Carreras le encuentran una respuesta a su tibieza-; no obstante, uno de ellos tiene su origen en el proceso electoral del 2015, año en el que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y la gallardía formaron una alianza de facto, para ganar la gubernatura a cambio de liberar a Ricardo Gallardo Cardona quien se encontraba preso por el desvío de más de 200 millones de pesos de Soledad de Graciano Sánchez a sus empresas.

Una de las personas más cercanas a Ricardo Gallardo Juárez le confesó a este columnista que en el 2015 el PRI les hizo llegar sobres llenos con fajos de billetes de 500 pesos para que Gallardo utilizara la estructura que había formado para comprar votos días antes de la elección; “la instrucción era clara: votas por Gallardo y por Carreras”. ¿El nefando pacto continúa?

Cuando Carreras López se dio cuenta de que al fiscal Anticorrupción le daba lo mismo investigar a azules, verdes o tricolores, comenzó a distanciarse de él. El gobernador se dejó regañar por un grupo de priístas que están muy molestos con la investigación que se le sigue al ex diputado José Luis Romero Calzada. La papa caliente le pertenecía a la Fiscalía General, pero como Garza Herrera no se quiso quemar, la mandó a la Anticorrupción para que el enojo del corredor también lo recibieran allá.

La relación entre Jorge Alejandro Vera Noyola y Juan Manuel Carreras López alcanzó el punto de congelamiento a finales del 2019 cuando el diputado del Partido Acción Nacional, Rolando Hervert Lara, presentó ante el Congreso una iniciativa para dotar de autonomía a la Fiscalía Anticorrupción. Fuentes dentro de Palacio de Gobierno aseguran que en la Secretaría General le atribuyeron la autoría de la iniciativa a Vera Noyola y la sola idea de que pudiera ser completamente autónomo no les gustó ni a Garza Herrera ni al gobernador, ya que para el primero significaba una disminución de recursos y, para el segundo, perder el control, razón por la cual optó por aplicarle la ley del hielo.

Sin apoyo, sin recursos, sujeto a los caprichos y complicidades de Carreras y Garza, a Vera Noyola no le dejaron más opción que renunciar al cargo.

Al forzar la salida del fiscal anticorrupción acaban de inaugurar la temporada de zopilotes. El cuerpo de la Fiscalía lo van a rondar varias aves, especialmente las de corral, junto a su cándido compinche a quienes les sobran los motivos para querer apoderarse de una institución que, en sus manos, puede ser -todavía más– utilizada con fines personales y políticos. ¿A poco así de ingenuos son en la administración estatal?

Juan Manuel Carreras López llegó a la gubernatura montado en un discurso anticorrupción que, más de cuatro años después, no está ni tantito cerca de materializar. ¿Qué le sabrán a Carreras que lo hace tan vulnerable a las presiones de los grupos políticos más corruptos de San Luis?

Por la importancia de su cargo Jorge Alejandro Vera Noyola no puede irse sin antes dar la cara y ofrecer una explicación a los potosinos. Además, tiene que informar en qué condiciones se encuentra la Fiscalía Anticorrupción y los pendientes que heredará a la marioneta que lo sucederá.