Navarro Muñiz y su basura bajo la alfombra

Por Victoriano Martínez

El segundo informe de Juan Manuel Navarro Muñiz arrojó luz sobre la verdadera dimensión de la crisis de la basura en Soledad de Graciano Sánchez: no sólo tendrían que resolver el destino final de 165.46 toneladas de basura cada día (4 mil 964 al mes) sino que son de 198 a 220 toneladas diarias porque en el último año aumentó un 11 por ciento su recolección.

Y tendrían que resolverlos porque otro aspecto que queda claro en su informe es que el concepto que expone sobre el fortalecimiento del servicio de aseo público y gestión de residuos se limita a su recolección para “mantener un entorno limpio, ordenado y saludable, fortaleciendo la imagen urbana”. Del destino final para la basura, ni una palabra.

“La recolección de los residuos domésticos ha cobrado una gran demanda, es una gran tarea en materia de salud pública, por lo que se habilitan rutas de recolección para brindar, mejorar y extender el servicio, con la implementación de 2 turnos en la recolección diaria en las 261 colonias oscila alrededor de 220 toneladas por día”, señaló en su informe.

Una capacidad operativa que “dispone de rutas de recolección divididas en dos turnos, con una flota de 20 unidades vehiculares, 16 tolvas y 4 camionetas”.

Pero, además, para hacer más efectiva la recolección, “se otorgaron 268 permisos a particulares para brindar el servicio, quienes son sometidos a inspecciones para su óptimo funcionamiento y evitar alguna calamidad sanitaria”.

El pasado 9 de septiembre, la cara de una calamidad sanitaria se asomó –no por un problema con la recolección de la basura– en la comunidad Valle de la Palma en forma de malos olores e invasión de fauna nociva a las viviendas del lugar provenientes de un tiradero que no era clandestino, sino a donde el Ayuntamiento envió a los recolectores de basura a depositarla.

La protesta obligó a la autoridad a comprometerse a cerrar el tiradero, y a la siguiente semana la amenaza de calamidad sanitaria reapareció en la comunidad de Cándido Navarro con características similares, y con la retención y confrontación entre colonos y recolectores de basura, que sólo seguían la instrucción de la autoridad municipal para llevar a ese lugar los residuos. El siguiente punto fue la comunidad de La Virgen.

Lo que, sin relleno sanitario ni un destino final para los residuos urbanos, representan las 220 toneladas de basura recolectadas en Soledad de Graciano Sánchez es un acertijo sobre los sitios a donde se ha trasladado la potencial calamidad sanitaria de su depósito a cielo abierto y en un lugar sin las condiciones para contenerla.

Si el 17 de septiembre, tras la protesta en Cándido Navarro, la basura tuvo que ser depositada en otro sitio. Hoy se cumplen 14 días, lo que significa que Navarro Muñiz tendría que decirles a los habitantes de su municipio a donde mandaron 3 mil 80 toneladas de basura sin afectarlos.

“Lo único que me gustaría es que enfrente del Cabildo, digo, para no ser la única que esté enterada, saber cómo es que se está atendiendo, dónde se está llevando a cabo, si ya se hizo un convenio de forma aislada”, expuso la regidora Dulce Bianey Delgado Galván al reclamar en la sesión del Cabildo del pasado martes la falta de atención a su iniciativa para definir el destino final de los residuos urbanos.

La falta de respuesta confirmó lo expuesto en el segundo informe de Navarro Muñiz: los que importa es “mantener un entorno limpio, ordenado y saludable, fortaleciendo la imagen urbana”.

Algo así como meter la basura debajo de la alfombra para que todo se vea bonito con la esperanza de que ni huela ni genera fauna nociva que delate el riesgo de una calamidad sanitaria.