Astrolabio

Por: Antonio González Vázquez

Durante la mitad de mi vida he sido reportero. En el trayecto, he visto y escuchado muchas cosas, pero entre los especimenes más carentes de nobleza y honestidad de los que he estado cerca, sin duda alguna, están los políticos.

 

Al filo de los cinco lustros como reportero de a pie, he sido testigo de muchas cosas y puedo asegurar con claridad cinematográfica que entre lo peor están los políticos en tiempos de campañas electorales.

 

Mi primer proceso electoral fue el de gobernador en 1991, lo cual ya supone que asistí a unos de los fraudes más descarados que se hayan cometido en San Luis Potosí. Un establo de cabras o de vacas despediría un aroma a rosas frente a lo que salía de la sede estatal del PRI y de los periódicos y de palacio de gobierno.

 

Fue tan burda la operación fraudulenta que El Heraldo publico un extra dando triunfador a Fausto Zapata Loredo. El problema fue que cuando salió la extra a las calles aún no se cerraban las casillas. Era tal la manipulación de la opinión pública, que el entonces director de Pulso, Juan José Rodríguez era asesor del candidato del PRI.

 

Desde entonces he cubierto elecciones municipales, estatales y federales y en cada ocasión he descubierto nuevas formas de trapacería, de engaño, de manipulación, de mentira. Puedo asegurar que las campañas son actos de teatralidad en extremo absurdas.

 

He cubierto las elecciones de gobernador de 1991 a la que se celebra hoy y me sorprende que los candidatos y partidos mantengan el mismo corte de tijera. Es decir, igual de farsantes, oportunistas y vividores.

 

Cambian los actores políticos, algunas circunstancias, los nombres y la coyuntura pero esencialmente son los mismos. Hasta la prensa es la misma: ven las elecciones como motivo de negocio y no como una oportunidad de informar con certeza y honestidad a sus lectores y audiencias.

 

 

En cada oportunidad hay un cochinero, el primero en las internas y el segundo, en las constitucionales: todos se portan como auténticos patanes y en ciertos casos, como delincuentes. En cada elección de presidente de la república o de gobernador, la sospecha es la misma: compraron la elección. La noción no es del todo una fantasía sino una realidad cada vez más palpable.

 

Todavía a unas horas de las elecciones, PRI y PAN se denuncian unos a otros del reparto de despensas y de la compra del voto, lo cual confirma que son iguales.

 

Entre más elecciones he cubierto, más me convenzo de que tenemos una clase política bananera que está a siglos de distancia de la sociedad e igual de lejos de los verdaderos valores de la política.

 

Digamos, por ejemplo, que invariablemente y con puntualidad religiosa, en cada elección el candidato a gobernador de cualquier partido ofrece eliminar la pobreza, acabar con la desigualdad social. También ofrecen crear tantos empleos como sea necesario en decenas de miles, hacer crecer la economía como la espuma y hacer de San Luis una sucursal del cielo.

 

Nada se cumple, eso está as la vista: 52.3 por ciento de los potosinos en pobreza y dos mil ejecutados relacionados a la delincuencia organizada, sirvan de ejemplo para exhibir las mentiras del entonces candidato Toranzo hace seis años, cuando ofreció que regresaría a los potosinos la paz y tranquilidad perdidas y que eliminaría la pobreza porque su gobierno sería para los pobres.

 

Pues bien, eso mismo ha ocurrido de manera sostenida en todas las elecciones y campañas que he cubierto: todos dicen lo mismo y los resultados siempre son negativos a la décima potencia.

 

Dicho esto, debo expresar con cierto dejo de orgullo que jamás he votado por el PRI. No voté por Salinas, ni por Zedillo y mucho menos por Peña; tampoco he votado en las presidenciales por el PAN, o sea no dí mi voto a Fox ni tampoco a Calderón.

 

Siempre he votado por la oposición orientada desde la izquierda, pero ante el desastre en que se convirtió el PRD desde hace años, también de dejado de verlo como opción real pues se han convertido en una versión chafa del PRI.

 

Este domingo voy a votar, es importante hacerlo aunque los partidos y candidatos que tenemos enfrente resultan poco confiables y convincentes. Yo votaré por la oposición al PRI, al PAN y al PRD. Vale más tener uno que otro diputado, alcalde, regidor o diputado, pero de esos que no se quedan callados, que no se convierten en cómplices o tapaderas.

 

Creo que todos tenemos que ejercer nuestro derecho y obligación al voto y hay que pensar en castigar a los que han hecho las cosas mal, ya cada quién decidirá a quien dar el voto, solo hay que pensar que el regreso al partido único y todopoderoso puede llegar a convertirse en un error histórico que después nos podrán reclamar.

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