Por: Diana López.

 

– Llévele, escójale…

– Pregunte sin compromiso, lo que le guste, se lo mostramos.

-¿Gorditas, enchiladas, quesadillas? ¿Algo para comer?

 

Grandes pilares sostienen una infraestructura fuerte, que alberga locales con cientos de productos y servicios, con voces que te atrapan desde que ingresas al Mercado Hidalgo. Los pasillos lucen con lazos de colores en el techo, y cada uno de los puestos luce lleno de vida, entre aquellos que ofertan artesanías, flores, dulces típicos, comida y ropa. Los aromas se mezclan, resaltando más algunos que otros en ciertos momentos.

El olor a comida, por ejemplo, proviene en parte del segundo piso, al que se llega por un par de escaleras que se sitúan a los costados de la entrada del lugar. Ahí te esperan gorditas, enchiladas potosinas, quesadillas y más.

En la parte de abajo disfrutas de los colores de esos objetos y juguetes que han cautivado por generaciones a chicos y grandes. Resaltan guitarras, títeres, adornos de madera y decoraciones que huelen a México. Que huelen a San Luis Potosí.

El aroma de las flores frescas y recién cortadas inunda por momentos y envuelve tus sentidos. Rosas, jazmines, claveles y margaritas son las que fácilmente podrás identificar. Muchos encuentran ahí el ramo para la novia o la esposa; el arreglo para la mamá y la abuela.

Si sigues caminando, te vas a encontrar con carnicerías, puestos que ofertan ropa que evocan un poco a la forma de vestir de hace algunos años. Bolsas, mochilas, accesorios y artículos para el hogar, complementan el ambiente del primer mercado de la ciudad. Algunos locales lucen tristes, abandonados u olvidados.

 

-¿Una gordita? ¿De qué la va a querer? Tenemos deshebrada, papa, chicharrón y mole…

 

El mercado Hidalgo se inauguró el 5 de mayo de 1945, fue el primero que se construyó en San Luis Potosí. Años antes, en 1891, el entonces Presidente Porfirio Díaz inauguró un mercado que llevaría su nombre. Durante la época de la revolución, el nombre se cambió a “Camerino Mendoza”, pero fue demolido en la administración de Gonzalo N. Santos.

Se encuentra ubicado en la zona centro, entre las calles de Guajardo, Mier, Terán y Morelos. Una de sus últimas remodelaciones fue en el año de 1997. Hoy, muchos locatarios que ya pertenecen a la tercera o cuarta generación que instituyó este establecimiento popular desde sus inicios, luchan por mantener a flote una tradición que con el paso del tiempo se ha ido perdiendo…

Cada pasillo y cada local guarda cientos de historias en sus muros, que se suman a los recuerdos de locatarios establecidos ahí; pasos que hacen eco desde hace 70 años. Visitas que van desde las amas de casa que acudían (y acuden) a comprar el mandado y la comida para el hogar. Niños apilados en los puestos de dulces y juguetes; obreros y jóvenes en locales de comida, buscando llenar el estómago antes de continuar con las labores del día. Y en las esquinas, aquellas mujeres de aspecto humilde que ofertan tunas, nopales y verduras con el fin de seguirse manteniendo.

 

-Pásele Señorita, tenemos queso de tuna, cajeta, palanquetas, cocadas… ¿De cuál le vamos a dar?

 

Gaby Torres es hija del dueño del local de dulces regionales. Forma parte de la tercera generación familiar que permanece en el local, que existe desde que el mercado se inauguró. Cuenta que antes de existir los puestos establecidos, todo el lugar estaba poblado por ambulantes y estructuras “de fierro”.

“El Licenciado N. Santos fue el que donó el terreno. Y el mercado debió haberse inaugurado el 1° de mayo, pero la muerte de Hitler justo un día antes tuvo un impacto mundial que hizo posponer la fecha de apertura para el 5 de mayo… Es lo que contaron mis abuelos.”

Gaby platica que su familia se ha dedicado desde hace tiempo a la venta de dulces típicos, frescos y de primera calidad. El local de al lado pertenece a sus hermanos, y ellos ofrecen artesanías locales: “En el puesto de dulces casi siempre tenemos visitas, gente foránea que acude del norte y de los estados del centro, sobre todo en vacaciones, puentes y semana Santa. También han venido muchos japoneses y americanos, aunque no consumen dulce; ellos se llevan artesanías”.

A la vista resaltan los colores de las ya tradicionales cocadas, y los frascos de cajeta bien acomodados en fila provocan que “se haga agua la boca”. Gaby muestra algo de su mercancía y resalta que sus clientes piden mucho el queso de tuna, un dulce de pura concentración de la tuna “cardona”, que se da en la región potosina y en Zacatecas; también acuden por cocadas, dulce de leche y otros.

Sin embargo, comenta que no son las mismas ventas de hace 10 años: “Yo creo que la inseguridad influyó bastante para que la gente tuviera miedo de salir y de venir a San Luis Potosí; también se nos vino la influenza, ya le decíamos a Diosito: levántanos el castigo”.

El padre de Gaby se acerca y agradezco las atenciones por permitirme un rato de tiempo para platicar. Pregunto por los “tarugos” que son debilidad personal y amablemente, me regala uno. Y saboreándolo, me acerco a la puerta, dejando atrás un lugar de tradiciones, recuerdos, ambiente e historias puramente potosinas.

 

“Bien dicen que si no conoces algún mercado de tu ciudad, o no visitas uno al viajar a otro estado, no conociste la esencia de la ciudad”.

 

Gritos, aplausos y música hacen vibrar las afueras del cumpleañero. Hoy 05 de mayo es el aniversario 70 del mercado Hidalgo, y un gran festejo se ha hecho en su honor. Locatarios agradecen seguir en pie dentro de este sitio que les ha dado y dejado tanto.

Mientras la gente se amontona para escuchar la música y ver el show de lucha libre, observo el exterior. Y me doy cuenta que nunca es demasiado tarde para conocer más de nuestra ciudad.

Nunca hay demasiado tiempo para conocer esas historias que forman parte de nuestra cultura.

De nuestra esencia.

De nuestro estado.

De nuestro México.

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