Por Leonel Serrato Sánchez

La semana pasada fue durísima para las instituciones policiales potosinas, fueron puestas a prueba por los criminales y no la pasaron en agravio de las más elementales libertades cívicas.

Las policías están bajo fuego intenso de grupos delincuenciales y uno interno e igual de intenso que apenas se percibía, y que luego fue cobrando particular fuerza: están profundamente divididas, e incluso confrontadas hasta llegar a la contienda.

En San Luis Potosí, descontando las fuerzas federales y las militares, pueden apreciarse cinco cuerpos policíacos:

La Policía Estatal dependiente de la Secretaría de Seguridad Pública, al mando de un grupo de ancianos exmilitares de amplia y larguísima trayectoria, pero ya cansinos, desfasados, rebasados por la realidad.

La Policía Estatal Metropolitana, recién lanzada por el propio gobierno estatal en un desesperado intento por recuperar credibilidad social e incidir en la capital potosina y su zona conurbada de Soledad de Graciano Sánchez, en donde el aumento de la violencia criminal se multiplicó en 300 % desde que los actuales alcaldes están a cargo de la administración; sus mandos parecen representar un viento fresco, serios, responsables, pero al final están administrando la misma fuerza, con los mismos oficiales, con las mismas problemáticas laborales y reglamentarias; está condenada al fracaso, por más bonitas que estén sus patrullas.

La Policía Ministerial del Estado, que por determinación de la ley es un cuerpo de investigación y de ejecución de medidas ordenadas por el Ministerio Público y por los jueces y tribunales, a cuyas órdenes precisas debiera encontrarse; ellos no son preventivos como el resto de las policías, sino reactivos, y sus facultades limitadas a las órdenes recibidas tanto de investigación como de ejecución de medidas dictadas por los tribunales, que eso no ocurra y anden como patrullas de caminos, es otra cosa.

La Policía Municipal de San Luis Potosí, actualmente reducida a una expresión mínima, carente de todo, incluso de mando desde hace varios meses, dedicada a todo, menos a prevenir la delincuencia y la ruptura a la convivencia vecinal, desprovista hasta de patrullas, uniformes y armamento, en un estado lastimoso de abandono, confiados al fin en que las fuerzas federales y las estatales hagan su trabajo.

La Policía Municipal de Soledad de Graciano Sánchez, bajo el mando, durante las últimas tres administraciones, de los dos Gallardo, infiltrada hasta la médula por los grupos criminales que se han enseñoreado de nuestra zona urbana –según se revela en investigaciones penales–, y los pocos elementos que se han resistido al embate de los malos, muy desmoralizados por las constantes humillaciones a que han sido sometidos, desde los cateos estatales y militares, hasta obligarlos a participar en actos políticos de “desagravio”.

La fuerza policial apenas llega a millar y medio, incluyendo a los que ventajosa e ilegalmente han pretendido sindicalizarse y hacen labores de oficina y con horario burocrático merced la intromisión de lideresas que sólo buscan aumentar su membresía, aún a costa de la seguridad de la gente.

Y si bien el presupuesto en materia de seguridad es abundante, brilla por su ausencia, porque los oficiales de todas las policías deben cumplir sus tareas de proteger y servir a la comunidad con carencias elementales, como calzado y ropa apropiada, y ya no piense Usted en equipamiento de seguridad o armas para enfrentar a una delincuencia que posee armamento, equipo logístico y recursos humanos que harían palidecer incluso a los más bravos soldados.

Ya me ha leído Usted referir la manera en que organizan los turnos de los oficiales que no gozan del privilegio de ser protegidos sindicales, y la manera del todo infame en que se les expone en misiones carentes de la más mínima planeación y de cómo no se les ha procurado una mejoría en sus niveles de vida, haciendo que una gran cantidad de oficiales y administrativos residan expuestos en zonas marginales de la ciudad.

Si esa tragedia laboral y de políticas de incentivos, seguros de vida y salud, equipamiento, entrenamiento y mejoría integral de su encaje en la sociedad con mejores viviendas y en sitios seguros, le parece ya grave –que lo es y muchísimo– no puede Usted imaginar el peligro permanente que viven al ser víctimas de infiltración por los grupos delincuenciales, o bajo sospecha permanente de sus pares de otras corporaciones.

Si Usted y yo nos sentimos inseguros al caminar por las calles de nuestra zona urbana, imagine por un momento cómo deben sentirse los oficiales y administrativos –que no son protegidos sindicales– que no atinan a saber si es verdad o no que sus mandos obedecen a intereses criminales o por lo menos distintos al del bien común de las y los potosinos.

Son muchas las filtraciones a ciertos medios electrónicos –portales de mala muerte o regenteados por personajes oscuros y a sueldo de los peores intereses políticos de San Luis Potosí– en las que aparecen acusados los mandos de todas las policías de pertenecer a tal o cual cártel criminal, y se les da amplia y sospechosa difusión a las mantas y cartulinas en los que supuestos y reales grupos criminales dejan mensajes dirigidos a los mandos de todas las policías.

Han sido muchas las acusaciones que de esa manera han recibido los mandos de la Policía Ministerial, que pueden tener lecturas encontradas, pero que no dejan de llamar la atención porque según se trata de reclamos de grupos criminales.

Las policías que operan en nuestra ciudad capital y la zona conurbada de Soledad de Graciano Sánchez han perdido a muchos elementos, sea porque han sido asesinados, porque han causado baja por lesiones, enfermedades, retiro o deserción, y también porque han sido removidos tras investigaciones internas.

Las acusaciones sobre que unas y otras policías están infiltradas –e incluso al servicio– de tal o cual cártel criminal infestan las redes sociales y las de mensajería, sin que la sociedad potosina reciba la más mínima explicación.

¿Por qué hay tantas policías, cada cual con su mando, a pesar de que los alcaldes comodinos de los municipios conurbados proclaman que hay un Mando Único?

Sería del todo positivo que hubiese un solo cuerpo policial, con divisiones internas para prevención, vialidad, investigación y tareas de ejecución ministerial y judicial, por separado, pero bajo un mando único y efectivo, y que no estén sujetos a politiquerías.

¿Cómo confiar en las policías si están bajo fuego criminal y en medio de las grillas internas que carcomen al Gobierno de Juan Manuel Carreras o abandonadas y humilladas por la abulia de los dos Gallardo, los alcaldes conurbados? Creo que ya es tiempo que las policías salgan a darnos una explicación, porque sin la cooperación social no podrán salir de la espiral de violencia ni repeler el fuego que enfrentan.

Temario

Siga los acontecimientos en España en torno a la pretensión catalana de independencia, incluso el debate sobre la actuación de las policías puede aleccionarnos sobre lo que nos está pasando (los Mossos d’Esquadra, frente a la Policía Nacional o la Guardia Civil).

Oiga, ¿y el Comité Estatal de Protección a Periodistas…? si no sabe Usted qué es, qué hace, quiénes lo integran y para qué sirve, no se sienta culpable, todo parece indicar que es un membrete inútil, en sus narices fue secuestrado y asesinado un fotoreportero que había presentado una queja ante ellos.

El nombramiento del Auditor Superior del Estado está en manos de la AV, y parece que merced sus turbias negociaciones de siempre será –otra vez– botín de esos voraces impresentables.

Leonel Serrato Sánchez

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1 COMENTARIO

  1. Sí algo podemos rescatar del caso Cataluña es la frase utilizada en sus pancartas: Parlemos, hablemos. Es tiempo de reconocer el grave problema de inseguridad y hablarlo, es inconcebible esconderlo y pretender que no pasa nada. Es inaudito que el Secretario de Seguridad vea al Estado como a los toros, desde la barrera, mientras brota sangre y brutalidad, desde arriba se aplaude y vitorea. Hablemos.

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