Por Leonel Serrato Sánchez

El día de ayer votaron para elegir Gobernador en Coahuila, México, y Nayarit, así como presidentes municipales en Veracruz, y el resultado es catastrófico para el Partido Revolucionario Institucional PRI, el partido del Presidente Enrique Peña Nieto.

Los cuatro procesos electorales tuvieron sus momentos estelares en los medios de comunicación de todo el país, pero no por otra cosa sino por los escándalos relacionados con la putrefacción generalizada de nuestro sistema político.

El sistema electoral ha vuelto a disfuncionar, como en aquellos lejanos tiempos de los 90 en los que hizo crisis tras muchos años de permanentes acusaciones de la oposición al PRI, y que en San Luis Potosí recordamos muy bien, porque fue aquí donde dimos una de las más formidables luchas por conseguir que los votos fueran contados con limpieza, que el padrón fuera auténtico y que no se falsificara la voluntad popular.

Por cierto, mire Usted qué cosa más curiosa, en San Luis Potosí el presidente del Consejo Electoral de aquella infausta y fraudulenta elección fue el licenciado Alejandro Leal Tovías, actualmente Secretario General de Gobierno de Juan Manuel Carreras López, todo lo cual tuve ocasión de recordar en una inopinada reunión hace unos días.

El partido en el poder vuelve a arrebatar, o por lo menos a querer hacerlo, y eso que el Instituto Nacional Electoral es uno de los organismos electorales más costosos y sofisticados del mundo, sino el que más.

Antes había poca información, y aún así la ciudadanía sabía que los procesos electorales eran un cochinero; actualmente hay una exposición excesiva a la información, desde la certera hasta la más falsa posible, y todos volvemos a percibir que las elecciones son un atascadero, pero hoy día no es porque el gobierno esté metido en los organismos mangoneándolos, sino porque el gobierno está empeñado en destruir el sistema, como ya lo ha hecho con el de transparencia, con el competencia económica, con el de justicia, con el de derechos humanos, y todos los que le estorban.

Hoy los vicios provienen de la falta de gobierno, de la rampante impunidad y del clima de violencia que asfixia todo en el país.

Pero el clima de franco fraude electoral no ha logrado inhibir el deseo ciudadano de impedir que regresen los terribles días del partido único y corrupción que trae asociada.

La decisión de cambio que prácticamente toda la gente expresa es incompatible con lo que el PRI y sus socios del Partido Verde y Nueva Alianza pretenden imponer, y si bien es irreversible, mientras aún existan las condiciones de pobreza y corrupción, tardará en imponerse esa informe mayoría, hoy día no cohesionada.

A la ciudadanía mexicana no la une la pobreza, sino que la divide más, ya que una agobiada clase media prefiere cerrar los ojos ante la inmensa mayoría desposeída, y aunque el esfuerzo de la mayoría se ve frenado por la gigantesca, desbordante e imparable corrupción que impide el desarrollo genuino, nada parece animar y encender a la gente que hace opinión pública.

Parece imposible que la sociedad en forma libre siga votando por ese PRI, el PRI que representa todo lo podrido de nuestra comunidad, pero sin embargo, aún hay millones de personas que consideran que es preferible continuar con la corrupción que votar al cambio, porque en muchos casos la propaganda hace bien su trabajo y las acusaciones de que votar por el Partido Acción Nacional PAN o por MORENA es un salto al vacío.

Hay otro PRI, lamentablemente acorralado, que quiere competir con ideas, propuestas y buenas personas en las candidaturas, pero les resulta imposible ante la dimensión de los priistas que hacen negocios sucios, contratan compadres, amigos, y trafican con el poder público.

El resultado de las elecciones a la hora en que escribo estas líneas es incierto, porque en violación de todas las disposiciones electorales vigentes se han declarado vencedores hasta los que las encuestas de salida sólo les dan un punto porcentual.

Una cosa es absolutamente cierta, lo que el PRI tiene como resultado en esta votación de ayer es una debacle impresionante, un paso gigante hacia su tumba electoral en 2018, el inicio de una agonía literalmente imparable. Muy probablemente no a manos de MORENA o del PAN, sino de una sociedad civil que logre cohesionarse al margen de los partidos.

Otro resultado totalmente definitivo es el de la desaparición del Partido de la Revolución Democrática PRD como fuerza nacional digna de tomarse en cuenta, cuyo único futuro se aprecia ya como apéndice del PAN, tal como sucedió en Veracruz.

En todos los estados en contienda por la gubernatura quedó desacreditada la posibilidad real de los candidatos independientes, y se confirma que la victoria de Jaime Rodríguez “El bronco” en Nuevo León fue en realidad una reacción priista y panista por los pésimos candidatos postulados.

Pero no queda un revoltijo tras las votaciones de ayer, sino lo contrario, la sentencia ciudadana de que los partidos son indeseables y que no tienen capacidad para postular reales opciones para los electores.

¿Qué deben aprender los partidos? Que nadie los quiere, que sus desfiguros y corruptelas los descalifican, sin importar que postulen a buenas personas, porque la mayoría creemos que ninguna buena persona estaría en un partido sabiendo la clase de podredumbre que albergan en su seno.

La elección deberá enseñarle a Andrés Manuel López Obrador el inmenso valor de la humildad, y la exigencia de que mantenga fuera de MORENA a los corruptos que ya se han acercado para asociárseles; y a Ricardo Anaya que debe tener paciencia, que no coma ansias, porque parece que ya no hay manera de frenarlo para ser candidato presidencial.

Si el conteo de votos echa al PRI en Coahuila, Nayarit y el estado de México, el hundimiento estará completo –que yo creo que así fue–, y si no, a unos meses, ya es irreversible.

Temario

  • Los estertores de la votación en el estado de México.
  • Las críticas a la legislación electoral que aprobó la Asamblea orgíastica de vagos.

Leonel Serrato Sánchez

[email protected]

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