Jaime Nava

Si la presidenta de la Junta Directiva del DIF Estatal, Lorena Valle Rodríguez, acudiera esta mañana al Centro de Asistencia Social “Rafael Nieto” y, con lista en mano, revisara a cada uno de los menores que ahí se encuentran albergados, seguramente se detendría frente a un niño y, con la preocupación que el caso amerita, le preguntaría: “¡¿Qué te pasó?!”

Y no es qué, sino quién, lo que debería cuestionarse Lorena Valle Rodríguez, aunque la respuesta más inmediata sea: Claudia Hinojosa Celis, desde ahí la escalera de la responsabilidad sube hasta su propia oficina, desde la cual parece no alcanzar a ver cómo se violan todos los días los derechos humanos de los menores a los que debería proteger.

Quizá ella no lo sabe, pero desde hace casi un año los menores que se encuentran albergados en el Centro de Asistencia Social “Rafael Nieto” viven con el temor de ser enviados al cuarto de “aislamiento”, un lugar oscuro, pequeño y con paredes acolchadas con una especie de foami. Un sitio creado con el único propósito de castigar y de cuya existencia estuvo enterado el ex procurador de Protección de niñas, niños y adolescentes (PPNNA), Pablo Loredo Oyervidez, quien nada hizo para evitar que los menores fueran encerrados allí.

La cámara de punición se ubica en la oficina que anteriormente pertenecía a la Coordinadora Académica, entre los baños y el salón donde toman clases de regularización, a un lado del área de psicología. Sólo dos puertas de cristal y un pequeño pasillo separan al amplio vestíbulo de grandes ventanas del acceso al horror, como el que se vivió hace unos días.

Un menor que padece de epilepsia estuvo persiguiendo a otro durante un largo rato. Como suele ser habitual en los niños, el juego terminó en un berrinche que los empleados –dicen– no pudieron controlar y con ese argumento justifican el haber encerrado al niño en el cuarto de “aislamiento” con la anuencia de su directora, Claudia Hinojosa Celis.

La crisis se intensificó: el niño gritó, se estrelló contra las paredes de foami y golpeó una ventanita que tiene la puerta de ese cuarto para poder observar desde afuera cómo viven el encierro los menores. Nadie intervino hasta que la ventanita se hizo pedazos y la sangre se le escapaba al niño por ambas manos, por lo que recibió varios puntos de sutura.

Quienes dirigen el Centro de Asistencia Social “Rafael Nieto” –con el único mérito de ser amigos de los funcionarios que los recomendaron– ni siquiera se esfuerzan por ocultar su sobrada incompetencia, la nula vocación de servicio y el poco afecto que le tienen a un pequeño grupo de menores que no tuvieron la fortuna de nacer al poniente de la ciudad.

Víctimas del Estado, de los aproximadamente 20 niños que se encuentran en el “Rafael Nieto”, al menos 13 han sido “aislados” por los prefectos del Centro.

El descontrol en el que viven es tal que este lunes otro menor se salió sin que nadie lo notara. El segundo en menos de un mes; aunque, en esta ocasión, lograron localizarlo un par de horas más tarde en las inmediaciones del Parque Tangamanga I.

Cuando las autoridades del DIF dejen de esconderse, seguramente saldrán a culpar a los menores, dirán –como ya lo han hecho y hacen en privado– que son niños con “problemas” y que la realidad es otra; pero se les olvida que antes de que ellos llegaran, y cuando ellos se vayan, seguirán en sus puestos decenas de empleados, testigos silenciosos de hechos que ya no podrán seguir ocultando.

Aunque usted no lo crea, empleados del DIF, la PPNNA y el “Rafael Nieto” aseguran que mientras la Dra. María Luis Ramos encabezaba a la institución nunca vivieron situaciones similares. Califican su trabajo dentro de los Centros de Asistencia como “impecable” y destacan el cuidado y protección que tenían los niños durante su periodo.

Que alguien le dé al nuevo titular de la PPNNA, Miguel Cardoza Mora, la dirección del Centro de Asistencia Social “Rafael Nieto” porque, a casi dos meses de haber sido nombrado, no ha acudido ni a conocer las instalaciones. ¿Estará muy ocupado?