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España, (11 de mayo de 2015).- Seis semanas de bloqueo aéreo y marítimo e intensos bombardeos han colocado a Yemen al borde de la catástrofe humana agravando la carestía que padece la nación más pobre del golfo Pérsico. “Los ataques aéreos han dañado muy seriamente las infraestructuras. Los aeropuertos, los puertos y las carreteras están destrozados”, relata a EL MUNDO desde Saná Teresa Sancristóval, responsable de la Unidad de Emergencias de Médicos Sin Fronteras (MSF).

Ayer la coalición árabe liderada por Arabia Saudí se ensañó con el aeropuerto internacional de la capital yemení. La pista principal, rehabilitada recientemente, fue el blanco de hasta cuatro bombardeos horas antes de la llegada de dos aviones con ayudafletados por el Comité Internacional de la Cruz Roja y Médicos Sin Fronteras.

“Llevamos muchos días sin poder aterrizar con más ayuda y personal. Se están interrumpiendo todas las vías para desplazarse de una población a otra y distribuir la ayuda”, agrega Sancristóval, que alcanzó Yemen hace tres semanas. Desde entonces el cada vez más precario acceso al agua se ha convertido en su mayor preocupación. “Yemen es el país con menos agua por habitante del planeta. En Saná hay que bombear agua que está a más de 200 metros de profundidad. Sin petróleo es imposible extraerla”, señala la cooperante. La falta de combustible ha obligado a cerrar algunos hospitales y la población ha comenzado a abandonar la ciudad. “Mucha gente está emigrando por la falta de agua y la embotellada se vende a precios muy altos. Hay quienes han optado por ducharse solo una vez a la semana o han dejado de cocinar para no tener que fregar pero las medidas de ahorro son limitadas”.

De prologarse la situación, la cooperante española augura un desastre. “De momento -señala- la solidaridad entre los vecinos ha garantizado el agua pero, si se sigue reduciendo el abastecimiento,las consecuencias serán la deshidratación y la muerte. Un bebé fallece si pasa tres días sin beber. Lo peor es que cuando lleguemos a una situación de catástrofe no habrá posibilidad de reacción y será tarde”. La embestidas de la aviación árabe no han cesado pese a las promesas de Riad. El viernes el ministro de Exteriores saudí Adel al Jubeir anunció cinco días de alto el fuego que deberían entrar en vigor a las 11 de la noche del próximo martes. La tregua -ofrecida tras un encuentro en París de los países del Consejo de Cooperación del Golfo con el secretario de Estado John Kerry- está condicionada a la aceptación del grupo rebelde chií de los hutíes y sus aliados y busca paliar la grave situación humanitaria.

Ajenos a la supuesta “pausa humanitaria”, los ataques aéreos se han recrudecido en los últimos tres días. Ayer un centenar de bombardeos golpeó las provincias de Saada y Hajjah, feudos de los hutíes en el norte del país. El viernes, en otro giro dramático para la población civil, la alianza designó Saada “zona de guerra” y llamó a sus habitantes a dejar precipitadamente una provincia convertida en “objetivo militar” prioritario tras los ataques lanzados durante la última semana por el grupo chií en la frontera saudí. MSF alertó de que es imposible que “toda la población civil pueda abandonar la provincia con unas pocas horas de preaviso” y pronosticó que, si Riad cumple con su amenaza, “decenas de personas perecerán bajo las bombas” y la crisis humanitaria se agudizara con miles de almas desplazadas a montañas al sur de la provincia complicando la distribución de la ayuda. “El bombardeo de objetivos civiles, con o sin aviso previo, es una grave violación del Derecho Internacional Humanitario“, recalca la organización.

Entretanto, en enclaves del sur del país como Taez y Adén las refriegas entre hutíes y los combatientes leales al presidente Abdo Rabu Mansur Hadi prosiguen. Los ataques aéreos no han logrado hasta ahora cambios significativos en el campo de batalla. Los hutíes, con el respaldo del ex presidente Ali Abdalá Saleh e Irán, mantienen el control sobre numerosas plazas mientras crece el balance de víctimas. Según cifras de la ONU, al menos 646 civiles han perdido la vida desde que se iniciaran los bombardeos el 25 de marzo. Unas 300.000 personas han abandonado sus hogares. “Los heridos varían según el lugar. En Adén se reciben muchos heridos de bala. En Saada hemos sido testigos de heridos con lesiones muy graves por aplastamiento tras una bomba o por esquirlas. Pero el bloqueo por mar y aire puede provocar más mortalidad que los bombardeos“, apunta Sancristóval.

En la capital y los emplazamientos más castigados por el plomo, los supervivientes tratan de sobrellevar las noches en vela. “La gente lo está viviendo bastante mal. No solo por los bombardeos, que son muy activos durante la noche, sino también por el fuego antiaéreo que es constante”, reconoce la cooperante. “La situación resulta aún más angustiosa por la falta de electricidad y combustible. Estamos proporcionando apoyo en salud mental a las víctimas de los bombardeos. Los niños dibujan a menudo aviones y bombas”.

El Mundo