Alejandro Rubín de Celis
En la lucha por el poder en México durante los últimos 25 años se ha manifestado una tendencia creciente a la polarización política. Cada vez se nota más claramente en la discusión pública cómo las personas toman una postura política que parece inamovible y que es el resultado de distintos factores políticos, mediáticos y hasta psicológicos.
En psicología hay un concepto que explica parte importante de ese comportamiento y se conoce como sesgo de confirmación, que fue creado por el psicólogo Peter Wason en 1960 a partir de los resultados de sus investigaciones neurocientíficas.
El sesgo de confirmación es la tendencia cognitiva a buscar, seleccionar o recibir información que confirma y refuerza nuestras creencias y posturas, en este caso de carácter político e ideológico, ya que también se da en otros ámbitos como el moral o el religioso.
Los medios de comunicación tradicionales, y en años relativamente recientes las redes sociales y las plataformas digitales dedicadas a producir y difundir información y opiniones políticas, han sido determinantes en la forma como personas y grupos de la sociedad se han radicalizado, a tal grado de que, en la gran mayoría de los casos se tiende a buscar y recibir información e ideas que solo coinciden con una sola manera de pensar, y a descartar por completo a la opuesta. Para ponerlo en términos concretos se hace referencia a las ideologías de izquierda y derecha, o la división entre liberales (o progresistas) y conservadores.
Para las ideas propias, oídos y mente abiertos; para las del otro, oídos sordos y mente cerrada. No hay margen ni se abre posibilidad alguna de escuchar sus ideas o argumentos, no importa si hay razón o no en ellos, porque ese “otro” es el enemigo a vencer y no hay que darle oportunidad de nada, simplemente hay que combatirlo y acabarlo.
“No admitimos más que lo que creemos, y al no haber matices y ponderaciones, sino polémicas ruidosas y vistosas, el propio punto de vista, al que uno se aferra, se hace más recalcitrante”, afirma el doctor en filosofía y estudioso del pensamiento único, Óscar de la Borbolla.
En este proceso de polarización, ya prácticamente todos los medios y las plataformas informativas en México han tomado partido. En los espacios editoriales se nota más claramente la tendencia de cada uno y sólo contados medios buscan un mínimo de equilibrio con plumas de ambos bandos; en tanto, hay corporativos mediáticos que han despedido colaboradores que ya no coinciden con su postura política y, en otros, simplemente ignoran o le dan poca importancia a sus intervenciones, hasta que por dignidad deciden renunciar.
En las mesas de análisis en radio y televisión abierta y por Internet la mayoría de los participantes, si no es que todos en buena parte ellos, son abiertos enemigos de una de las tendencias o bien sus acérrimos defensores, son contados los espacios en los que hay un mínimo de equilibrio en las opiniones de un lado y de otro.
Para colmo, la identificación que hacen los algoritmos en la red acerca de nuestra tendencia política (además de nuestros gustos, aficiones y otros aspectos de nuestra personalidad) hacen que ya ni siquiera tengamos que buscar aquellos contenidos que son afines a nuestra manera de pensar, sino que ellos los colocan en nuestros dispositivos digitales, regularmente ésos y no los de la contraparte, lo que contribuye al reforzamiento de nuestras posturas, con una peligrosa tendencia a la radicalización.
En las redes sociales digitales la polarización está a todo lo que da. La denostación, el insulto, la mentira y la descalificación sin el más mínimo escrúpulo ni sustento es el pan de cada día, ¡qué va! de cada minuto del día.
Transformar esta realidad resulta hoy extremadamente complejo. Requeriría no sólo que los grupos de poder y los propios ciudadanos pusieran en segundo término sus intereses particulares y fuesen lo suficientemente honestos para reconocer que luchar por la democracia debe hacerse en favor del bien común, y para ello el factor diálogo es fundamental, pero no el diálogo entre iguales, sino entre diferentes, no a partir de prejuicios e ideas preconcebidas. Un diálogo respetuoso, con mente abierta, donde se demuestre voluntad para escuchar los argumentos del contrario, analizarlos, desechar los que no convencen pero también actuar con la honestidad intelectual necesaria para admitir aquello que se reconoce como correcto, lógico, razonable o bien sustentado.
El doctor Óscar de la Borbolla lo plantea así: “El diálogo, a diferencia del coro, es ese estado en el que uno se abre al otro, se dispone a considerar lo otro, lo distinto. Por ello, la desaparición del diálogo es una consecuencia grave de la polarización, la otra es el estancamiento. La historia se frena, el enriquecimiento de uno mismo se detiene, la verdad que se suscribe se vuelve dogma, y uno, sin darse cuenta, se fanatiza”.
Seguir viendo y escuchando noticiarios y programas de opinión cargados para un solo lado, participar en redes sociales digitales (incluida WhatsApp) donde sólo se critica y denosta al contrario, y en general consumir contenidos que sólo confirman nuestra posición política, limitan significativamente nuestra capacidad de discernir, de analizar, de escuchar voces distintas que en muchos casos ofrecen argumentaciones bien sustentadas, dignas de tomarse en cuenta, que hasta pueden modificar, parcial o incluso totalmente, nuestra forma de ver o percibir determinados hechos, personajes o fenómenos de la política mexicana. El que escribe estas líneas lo ha comprobado muchas veces.
En el ánimo de reducir en alguna medida el problema de la polarización política, es recomendable elegir y consumir medios y plataformas informativas de los dos bandos principales, al menos uno de cada lado (si se pueden más, mucho mejor, y considerar siempre los espacios de opinión), y evitar redes sociales digitales “tóxicas” que promueven un pensamiento único que solo nos conducen a la polarización.
Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Astrolabio.
Es Licenciado en Ciencias de la Comunicación por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente. Periodista desde hace 38 años. Fue coordinador de Noticias de Canal 7 de televisión en SLP y director de la revista Transición en sus versiones impresa y electrónica. Docente universitario durante 31 años. Ha impartido materias de periodismo, ética de la comunicación y opinión pública.






