Por Victoriano Martínez

Cuando (1) la naturaleza parece lanzar un reclamo a la humanidad, (2) el coronavirus Covid-19 confina a gran parte de la población a sus casas y (3) diversas especies retoman –así sea momentáneamente–espacios que la urbanización les arrebató, no hay duda sobre la necesidad de reflexionar sobre nuestra relación con la naturaleza.

El inicio de las medidas para contener los efectos de Covid-19 suspendió, entre muchas cosas, el proceso de consulta para definir los programas municipales de Ordenamiento Territorial y Desarrollo Urbano (PMOTDU) y de Desarrollo Urbano y Centro de Población (PDUCP), en la que destacó como tema central la protección a la Sierra de San Miguelito.

Hace un año, la invasión de humo sobre la ciudad, proveniente de los incendios que consumieron miles de hectáreas en la Sierra de San Miguelito, fue un primer llamado para reconocer los servicios ecológicos que ese macizo montañoso le presta a la ciudad de San Luis Potosí. La respuesta fue el compromiso presidencial de declarar a la Sierra como Área Natural Protegida (ANP).

Ambos procesos, tanto el de la declaratoria de ANP como el de la consulta para los PMOTDU y PDUCP, enfrentan desde el primer momento la presión de grandes empresarios inmobiliarios que pretenden extender la urbanización sobre la Sierra de San Miguelito, cuyos efectos ya se han conocido con las crecientes inundaciones en la ciudad en temporada de lluvias.

Confinados en sus hogares, habitantes de la zona sur de la ciudad que han padecido de esas inundaciones, a través de videos en redes sociales, hoy advierten –porque también lo padecen, como gran parte de la ciudad– de un efecto más de la urbanización de la Sierra: la falta de agua. Llaman a proteger la Sierra como zona de recarga de los mantos acuíferos.

Son muchas las señales que indican que la protección de la Sierra de San Miguelito es una cuestión de supervivencia y una lucha por evitar al máximo romper el equilibrio en la convivencia con la naturaleza (como lo advierte en uno de los videos José Miramontes, director de la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí), sobre todo, ante la amenaza que representan las ambiciones depredadoras de grandes desarrolladores inmobiliarios.

Si por un lado el Covid-19 suspendió el proceso de consulta de los PMOTDU y PDUCP, y ha provocado que se hable poco de la declaratoria de ANP, por otro ha dado paso a otras razones, también de supervivencia, por las que se debe proteger la Sierra de San Miguelito. Una más la expresó así el doctor Hugo López Gatell en la rueda de prensa de este 10 de abril:

Sobre lo que dice de las especies, efectivamente, las enfermedades emergentes causadas por agentes infecciosos, mayormente por causa de virus, tres cuartas partes de estas enfermedades emergentes, es decir, nuevas especies de microorganismos que causan infecciones en los seres humanos, tres cuartas partes, provienen del mundo animal, diferente a los seres humanos, sobretodo de la vida silvestre. Esto se conoce desde hace tiempo y es un patrón continuo. El origen en parte puede tener que ver con el tráfico de especies, pero también con la invasión de los ecosistemas por parte de los seres humanos. En la medida que se expanden las zonas urbanas y se hacen urbanizaciones en el territorio natural, el territorio silvestre y se degrada el ambiente. Existe una… desplazamiento de especies animales que normalmente viven en equilibrio con algunos agentes infecciosos como los virus, y cuando se pierde este equilibrio, entonces hay un desplazamiento de la fauna hacia los territorios donde ahora viven los seres humanos, pero que originalmente eran los territorios silvestres. Entonces ese es un fenómeno mundial.

El Covid-19 resulta, pues, una advertencia de que no estamos solos, que debemos respetar y vivir en equilibrio con los demás seres vivos de nuestro entorno, ante lo que en San Luis Potosí la protección a la Sierra de San Miguelito resulta un tema urgente, por las grandes amenazas que enfrenta.

Pero también existen otros temas ecológicos ante los que debe haber respuestas: la falta de planes de manejo para la Sierra de Álvarez, para el Parque Paseo a la Presa San José, el monitoreo y control de la calidad del aire, la regulación las ladrilleras, etc.