Antonio González Vázquez

En un portón herrumbroso de una finca abandonada en la calle Coronel Romero queda cierta huella de las elecciones municipales del 1 de julio de 2018.

Ese lugar fue antiguamente hogar de la empresa Cartonera San Luis y ahora es vestigio silencioso de la quiebra de un negocio, pero, a la vez, es memoria de una campaña que ya es historia.

En la política, el tiempo no perdona a nadie. El poder, por necesidad, desgasta y el tiempo erosiona al gobernante. El poder se goza a plenitud al mismo tiempo que se sufre.

La imagen corresponde a un cartel de promoción electoral del entonces candidato Xavier Nava Palacios. A la intemperie, el promocional se ha ido desvaneciendo pedazo a pedazo.

Sobrevive el lema de campaña de Xavier Nava: ¡Rompe el silencio! Del nombre del candidato no queda casi nada y su rostro se ha carcomido en buena parte.

El cartel debió ser útil en su tiempo, muchos transeúntes de esa calle debieron ver la propaganda y probablemente percibieron en el candidato una esperanza de cambio.

Ese promocional que se extingue poco a poco fue parte de una estrategia exitosa que llevó al candidato Nava a aplastar a fuerza de votos a Ricardo Gallardo Juárez.

El papá de los pollitos fracasó en el intento por reelegirse, se le acabó el negocio, se puso freno a un gobierno cuyo motor que le activaba era la corrupción.

De esa sorpresiva campaña que llamaba a “romper el silencio” queda ese solitario cartel en un inmueble en ruinas.

Romper el silencio es la consigna electoral que sobrevive a más de un año de distancia en ese portón que nunca se abre.

Hay cierta paradoja en ese cartel de propaganda política. No hay producto de la mercadotecnia electoral que termine por desmoronarse. El ejercicio del poder cobra caro.

La sonrisa del candidato sobrevive al igual que la sonrisa del alcalde. La sonrisa serena del candidato en el promocional ya no es la misma ahora como presidente municipal.

Gobernar una ciudad agobiada por los problemas puede ser un suplicio. No acabas de salir de un asunto crítico cuando ya estás en otro.

Es tiempo de tragar sapos o de parir chayotes, dicen los clásicos en referencia a gobernantes absorbidos por alguna crisis.

El  promocional electoral semidestruido del portón en Coronel Romero tiene algo de cierto si se voltea a ver al Ayuntamiento tras once meses de gobierno.

Gobernar desgasta, basta ver los estragos en el líder de la Cuarta Transformación. Nadie escapa de ello. Por supuesto, Xavier Nava, tampoco.

Bien mirado, el alcalde se puede ver en el espejo de ese promocional electoral. Después de todo, cuando él llegó al ayuntamiento, éste ya estaba en ruinas.

Feminicidios, homicidios, robos, secuestros, uso de la fuerza pública para suplir la política como instrumento de gobierno, servicios municipales deficientes, obra pública insuficiente, desorden administrativo, son apenas algunos problemas que aproximan la imagen del gobierno de la capital a ese deteriorado promocional electoral que se ofrece a pie de éste texto.