Los reporterillos de Astrolabio Diario Digital echamos un vistazo al pasado y en esta sección le presentamos uno de nuestros hallazgos:

Desde siempre, toda protesta busca abrir algún tipo de puerta, simbólicamente pero también en forma literal. He aquí un caso encontrado en El Sol de San Luis del 19 de septiembre de 1958:

Incendiaron la Puerta de la UAP

Lluvia de Piedras, Ladrillos y Bombas “molotov” Todo el día

A las doce horas, la riña estaba en todo su apogeo. Las piedras volaban de ambos bandos en todas direcciones. Los ánimos estaban de lo más exaltado.

Las piedras llegaron hasta las oficinas del Banco de Crédito Agrícola y de la Agencia de Agricultura; quedaron hechos añicos. Lo mismo ocurrió con las grandes y costosas vidrieras de la casa Deutz y de Herrera S.A., donde varios cristales quedaron hechos pedazos. Al estrellarse los cristales con las piedras se escuchaban sordos golpes.

Desde el exterior, estudiantes dotados de hondas lanzaban con fuerza piedras hasta las azoteas de la Universidad. Muchos de los cristales de las oficinas de la Secretaría fueron destruidos.

A la una de la tarde se hizo el segundo intento de destrozar la puerta prendiéndole fuego. Estudiantes con botes de petróleo con aceite se acercaron, entre la lluvia de piedras, hasta la puerta principal del edificio, y la rociaron de combustible, luego arrojaron estopas encendidas.

Desde el interior arrojaron agua con cubetas para apagar el fuego. Algunos pupitres se habían usado para resistir los impactos del exterior y fueron cubiertos de llamas. Grupos de estudiantes formaron “cadenas” para transportar cubetas de agua de la pila que se encuentra al centro del edificio, para llenar la puerta de agua y acabar con el fuego. Unos minutos después lograron contenerlo.

Una media hora más tarde, otros estudiantes se acercaron llevando latas conteniendo gasolina. Entre ellos iba José Luis Sánchez. Se acercaron protegiéndose en las paredes, por el templo de la Compañía. Llegaron hasta los estanquillos que están afuera de la Universidad y en donde un hombre y una mujer, dueños de los estanquillos, se protegían de las lluvias de piedras. No habían querido retirarse a pesar de que llovían grandes cantidades de piedras. Nuevamente llenaron de gasolina las puertas y le prendieron fuego. Las llamas se elevaban hasta los balcones. Una columna de humo alcanzaba hasta la cornisa superior del edificio y los estudiantes ahí protegidos tuvieron que retirarse.

En la Plaza todo eran gritos y júbilo. Los grupos de estudiantes se habían concentrado frente al Banco del Centro y en los Portales Ipiña se acercaban creyendo que la puerta iba a ceder. Desde dentro llovía el agua en grandes cantidades y el fuego cedía.