Oswaldo Ríos Medrano

Las guerras floridas eran enfrentamientos entre pueblos mesoamericanos con un alto contenido ritual y simbólico, en el que se incluía la captura de prisioneros y sacrificios humanos en la modalidad de extraer el corazón para ser ofrendado al dios Huitzilopochtli.

Las guerras púnicas son tres episodios bélicos en distintas etapas de la historia (a lo largo de un siglo, unos 200 años antes de Cristo) en los que Roma se enfrentó con Cartago. La primera vez por el dominio sobre Sicilia. La segunda, enmarcada con la mítica marcha del general cartaginés Aníbal a través de los Pirineos y los Alpes hasta llegar a Roma, y la victoria del general romano Escipión que derrotó a los cartagineses en Hispania. Y la tercera, la derrota definitiva de Cartago a manos de Roma, convirtiendo a la victoriosa en la segunda potencia más importante del Mediterráneo.

Las guerras plumíferas son esas que se libran en la capital potosina entre admiradores declarados de Ricardo Gallardo y admiradores renegados de Ricardo Gallardo. Es decir, entre amarillos que no son perredistas, sino gallardistas; y azules que no son panistas, sino navistas.

Es público y notorio que Xavier Nava ha sido monotemático en sus ya casi 5 meses de gobierno, de forma reiterada y en diferentes tonos ha machacado la misma frase “no habrá impunidad para los excesos de Ricardo Gallardo”. La frase deja una cosa clara y otra en duda. Es evidente que Nava odia a Gallardo de tiempo completo, pero que pueda probar sus dichos y hacer que autoridades que no dependen de él castiguen lo que califica como excesos, es altamente incierto, sobre todo si consideramos que esos mismos “excesos”, él los está cometiendo como alcalde.

Vayamos a lo primero, ¿por qué Nava odia a Gallardo?

La pregunta es interesante de explicar si apuntamos dos datos.

Fue Xavier Nava quien impuso entre los gallardistas la moda de llamar “Don Ricardo” a Ricardo Gallardo. Ese apelativo reverencial y casi de devoción paternal era la manera en que lo nombraba en todos los mítines que hicieron de la mano en 2015 (Nava buscando ser diputado federal y Gallardo ser alcalde capitalino). Quienes no me crean, pueden ver las decenas de discursos que circulan en internet, en los que en tono francamente zalamero, Nava adulaba a Gallardo frente a la gente y le reconocía virtudes que hacían ruborizar hasta los más embelesados gallardistas.

Algunos ejemplos:

“Un hombre que hace política de una manera distinta”; “como dice don Ricardo, San Luis Potosí no se equivoca, y con él ya ganamos”; “con Don Ricardo a la cabeza, vamos a ganar esta elección”; “nosotros sabemos trabajar y ahí está el ejemplo de Soledad (donde Gallardo había sido alcalde)”; “tendremos en Don Ricardo Gallardo a la figura del nuevo presidente municipal”; “estoy contento de formar parte de este equipo ganador, este proyecto está encabezado por hombres y mujeres que tienen mucha gallardía”; y varias más por el estilo.

Otro apunte pertinente de recuerdo es que Nava fue quien proveyó de la que hasta ahora es la única definición que hay sobre la “gallardía”. El ideólogo Nava lo precisó en los siguientes términos: “La gallardía es algo más que un adjetivo para este movimiento, encierra la capacidad para estar cerca de la gente y atenderla como pensaban que ya no era posible hacerlo desde el gobierno. A #LegislarConGallardía”.

Amor había.

Hay algunos navistas que defienden la abyección de Nava afirmando que esos gestos eran necesarios para ganar la confianza de “Don Ricardo” y hacerlo beneficiario de sus votos. Admitiendo esa justificación con alto gramaje de cinismo, entonces quedaría clara otra cuestión: Nava debe lo que es políticamente a Ricardo Gallardo, pues sin esa diputación federal que ganó gracias a la gallardía, la traición futura no habría ocurrido. Así de simple.

Pero entonces, si había tanta miel entre estos dos personajes que además ganaron sus respectivas elecciones, ¿qué los enconó? Lo de siempre, el cochino dinero. Como diputado federal, Nava tuvo acceso a los recursos del famosísimo “fondo moches” (hoy desaparecido por López Obrador), para realizar obras en la Capital gobernada por el alcalde Gallardo. El problema irresoluble entre ambos fue el que los hace idénticos: su adicción a invitar amigos y socios a realizar negocios a la política.  No pudieron ponerse de acuerdo en las obras, pero sobre todo, en las constructoras que realizarían esas obras. Rompieron, y Xavier Nava se llevó sus recursos a otro lado, a partir de ahí, las guerras plumíferas.

Ya como alcalde, Nava ha jurado venganza contra el otrora Don Ricardo y lo ha acusado mediáticamente de decenas de situaciones que hasta ahora no ha denunciado penalmente. Se supone que las concentrarán como conclusión del proceso de revisión de la entrega-recepción, además de las auditorías externas a la administración de Gallardo. Habrá que estar atentos si estas espulgadas no terminan simplemente “robusteciendo” la revisión de la cuenta pública del 2018 y este asunto queda en manos de la Auditoría Superior del Estado.

Si ese no es el camino, quedarían dos posibilidades para Nava: la primera, denunciar a Gallardo ante la Fiscalía del Estado y depositar el costo político de su sueño de llevar a Gallardo a prisión en los hombros de Federico Garza y el gobernador Juan Manuel Carreras.

En San Luis Potosí, los más recientes antecedentes de funcionarios encarcelados por actos relacionados con el ejercicio de sus atribuciones públicas son del gobierno estatal, en todos los casos, las acusaciones no pudieron comprobarse, por lo que las “acciones punitivas” quedaron en la privación de la libertad durante el proceso de los imputados (de 6 meses a 1 año como máximo).  

La otra, es acudir directamente a la Fiscalía General de la República y aprovechar las condiciones políticas de cambio para tratar de ofrecerle a Morena la posibilidad de usar la procuración de justicia como arma de intervención política, sobre todo si Xavier Nava termina siendo postulado por ese partido para la gubernatura en 2021. No quisiera amargar sus apetitos camorreros, pero van dos apuntes: si López Obrador permanece en una lógica de mucha alharaca y pocas acciones para castigar la corrupción en el orden federal, ¿qué hace pensar que estará dispuesto a hacerlo por asuntos de menos rédito político? Por otra parte, ¿alguien recuerda qué pasó con las denuncias que Xavier Nava interpuso en la PGR por corrupción contra la “ecuación corrupta”? o ¿qué fue de la denuncia que interpusieron miembros de su equipo por haber sido “levantados”, “torturados” y “amenazados” por hacer campaña en colonias gallardistas? Exacto. Eso que están pensando.

Si Gallardo cometió delitos debería pagar por ellos y le toca a Xavier Nava darle a las autoridades competentes los elementos de prueba para que no queden, efectivamente impunes. Lo paradójico, es que el odio con el que Nava amenaza a Gallardo con llevarlo a la cárcel, contrasta con el homenaje que Nava le rinde todos los días a la hora de gobernar.

Nepotismo, millonarias obras adjudicadas de forma directa, cero licitaciones, opacidad sin precedentes, violencia política contra las mujeres, censura a la oposición, frivolidad, hedonismo y el pago de medios de comunicación que se dedican a ensalzar a su persona, son los pasos que Nava imita fielmente de su mentor Gallardo.

Todo adicionado con dos porquerías que son de auténtica manufactura navista: el incremento de 40% a los sueldos de los funcionarios municipales, incluido el alcalde; y el intento miserable de aumentar las tarifas de agua potable un 40%.

Si usted pensaba que Nava detesta a Gallardo porque fue el empresario pollero el que dio maíz, corral y cobijo al polluelo que se asume junior de una estirpe dorada, no es así.

La razón de la animadversión es más profunda. Nava odia a Gallardo porque lo lleva adentro, porque quiere ser como él, pero que al mismo tiempo, nadie se dé cuenta. No se puede.

Twitter: @OSWALDORIOSM
Mail:
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