Por Victoriano Martínez

Desde la LVIII Legislatura, quienes hicieron campaña para llegar a ocupar los cargos como diputados incluyeron entre sus promesas, de manera individual y por separado, la reducción de los sueldos de los legisladores.

La LXII Legislatura es la primera a la que llega un grupo parlamentario como tal (el más numeroso, por cierto), con esa bandera, y con la de un programa de austeridad.

Quienes ofrecieron bajar los sueldos de los diputados hace 12 años, llegaron a la curul y se encontraron con un ingreso bruto de 82 mil 546 pesos. Y a partir de ahí con los incrementos acumulados.

Tras cobrar sus primeras quincenas se olvidaron de hacer efectivas sus promesas de campaña sobre la moderación salarial, aunque recurrieron a posturas simuladoras de atención a esos compromisos.

Uno de esos desplantes lo dieron los diputados de la LXI Legislatura, la considerada hasta hoy la más corrupta de la historia, el 26 de septiembre de 2016, cuanto tenían encima la indignación ciudadana por la ecuación corrupta.

Ese día afirmaron que reducirían sus ingresos en 25 mil pesos mensuales. Nominalmente lo aparentaron, pero en los hechos encontraron muchas formas de allegarse recursos públicos a sus bolsillos.

Quienes hoy llegan con la sana intención de bajar los sueldos a los diputados ya cobraron este lunes su segunda quincena, a razón de un ingreso bruto mensual por 162 mil 816.04 pesos. Neto de 114 mil 54.36 pesos.

Aún pueden afirmar que recibir tan jugoso salario no los ha hecho olvidar su promesa de campaña.

Lo que tienen que demostrar es que no van a simular movimientos para hacer creer que cumplen, con tal de mantener el ingreso que ya probaron.

De 2007 a 2018 el sueldo bruto de los diputados pasó de 82 mil 546 pesos a 162 mil 816.04 pesos. Un incremento del 97 por ciento en 11 años.

En los últimos tres años, los aumentos en los salarios de los diputados acumularon un 39.78 por ciento.

La presentación y aprobación de un presupuesto para 2019 este lunes en sesión ordinaria con tan amplio margen de opacidad, al no desglosar sus partidas, es otra mala señal que acumula la LXII Legislatura.

Hace tres años, los diputados privilegiaron el incremento al presupuesto total del Congreso del Estado y lo aumentaron en un 9.31 por ciento, en tanto que el Capítulo 1000, el que corresponde a los sueldos y prestaciones, lo aumentaron en un 6.02 por ciento.

Aunque este año los diputados, con la bancada de la austeridad, autorizaron apenas un incremento del 1.65 por ciento al presupuesto total, en las partidas generales queda claro que mantienen como prioridad el incremento salarial: esa partida la aumentaron un 6.76 por ciento, incluso más que sus antecesores hace tres años.

El presupuesto autorizado, que aún falta ver cómo lo incorpora el Ejecutivo en el presupuesto general del Estado, no muestra ningún indicio de que se vayan a reducir el sueldo, mucho menos de algún plan de austeridad, y aún menos de un ejercicio del presupuesto con transparencia.

Ya llevan dos quincenas en las que ganan mucho… pero están quedando a deber demasiado.

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