Por Victoriano Martínez

Después de 20 años del cierre de la Unión de Crédito Regional (Unicrer), que afectó a cinco mil ahorradores de Zacatecas, Guanajuato, Morelos, Estado de México, Coahuila, Querétaro, Aguascalientes y el entonces Distrito Federal además de San Luis Potosí, sus saldos cayeron tan pronto en el olvido que aun hoy no se conocen los resultados de sus efectos.

Hubo unos cuantos timadores con grandes beneficios y miles de timados con grandes perjuicios que todavía hoy no se recuperan por lo perdido.

Al caso se le reconoce como el mayor fraude financiero en la historia de San Luis Potosí con efectos negativos para la región, pero al mismo tiempo como un prototipo de los alcances que pueden darse cuando una amplia red de complicidades trabaja para garantizar impunidad.

Nadie duda que hay fortunas que surgieron y otras que se consolidaron con los beneficios del mega fraude.

Pero también es indudable que hay desgracias que se padecen hasta éstos días a las que un inexplicable silencio a través del tiempo colocó, no en la oscuridad, sino en el prácticamente total olvido colectivo.

Las fortunas producto de ese fraude quedaron disimuladas con el inexplicable silencio de quienes renunciaron a alzar la voz para exigir justicia.

El tiempo corrió a favor de los timadores y en contra de los timados.

Un recuento del caso, 20 años después, no es más que un recordatorio de una de esas tantas piedras con las que no hay que volver a tropezar… porque con el paso que tanta corrupción le abre al cinismo, el riesgo de que se fragüe algo similar está latente.