Fracking: ¿una declaración de guerra?

Por Victoriano Martínez

“Lo que dijimos ayer de manera muy abierta, muy franca es: en este mundo en el que vivimos, México debe garantizar su soberanía. Y la soberanía, una parte fundamental es la soberanía energética.

“Entonces, lo que anunciamos ayer es: la próxima semana les vamos a presentar a los expertos que nos van a ayudar a tomar la mejor decisión, porque sería muy irresponsable de nuestra parte decir ‘no, seguimos importando y no vemos ninguna otra alternativa’.

“Expertos en energía que nos ayuden a tomar la mejor decisión posible del plan que viene”.

Con esas palabras, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo expuso en La Mañanera del pasado 9 de abril la etapa en la que va el apartado de “Producción a partir de yacimientos de geología compleja” del Plan Estratégico 2025-2035 de PEMEX (página 30).

Hablar de yacimientos de geología compleja en el Plan Estratégico es una forma de referirse a la explotación de hidrocarburos a través de la práctica del fracking o fractura hidráulica, términos cuyo uso se evitó en el documento de Pemex.

No obstante, tales referencias encendieron las alarmas de la Alianza Contra el Fracking (ACF) y de comunidades Tenek y Náhuatl de la Huasteca, que iniciaron una movilización y solicitaron formalmente al Congreso del Estado que exhorte al Congreso de la Unión a prohibir esa técnica extractiva.

No sería más que el seguimiento a la iniciativa de reforma constitucional presentada por el expresidente Andrés Manuel López Obrador el 5 de febrero de 2024 y fue la única del paquete de 20 propuestas que no se aprobó. Ni siquiera se discutió y dictaminó.

Hoy la Contraloría Autónoma del Agua de la Huasteca Potosina (CAAHP), convocó al 4º foro “¡No al fracking! En defensa del territorio, el agua y la vida”, en el en el pleno del Congreso del Estado el próximo miércoles 22 de abril.

Será la oportunidad para que los diputados locales fijen su postura y den seguimiento a la solicitud de que promueven las comunidades indígenas para la prohibición del fracking.

Las comunidades indígenas ven en esa prohibición una forma de protección y defensa de su territorio ante la devastación que puede provocar el fracking. Una especie de posición soberana sobre los intereses ambientales y territoriales de su comunidad.

Una soberanía que contrasta con la que antepone Sheinbaum Pardo cuando señala que una parte fundamental de la soberanía nacional es la soberanía energética.

¿Bastará con que se consulte a los mejores expertos en agua, en geotermia, en geología, en geofísica, en residuos peligrosos, en reciclamiento de agua que serán presentados esta semana como anunció la presidenta?

¿Acaso no es necesario consultar a las comunidades –especialmente las indígenas– que resultarán afectadas, así sea con un fracking sustentable?

Tras la presentación del Plan Estratégico 2025-2035 de PEMEX la posibilidad del uso del fracking apareció camuflada bajo el término “yacimientos de geología compleja”. Ahora se avanzó en matizar con la posibilidad del uso de nuevas tecnologías que permitirían un fracking sustentable.

Una dosificación de la información que pareciera tener la intención de generar aceptación a un modelo de fracking que bien pudo plantearse abiertamente desde la etapa preparatoria del Plan Estratégico con información completa, detallada y explicada a las comunidades afectadas para luego consultarlas.

Ahora a quien se consulta es a los expertos que podrían optar por algún modelo de fracking sustentable, o alternativas energéticas que, sin la necesidad del fracking, contribuyan a la soberanía energética.

En tanto, el tema muestra un flujo insuficiente de información, con tufo de control intencionado, hacia las comunidades que advierten afectaciones graves al grado de que lo perciben de tal manera que les “resulta inconcebible que la búsqueda de la soberanía energética descanse en el sacrificio de la calidad de vida de las personas y de la naturaleza” y hasta lo consideren “una especie de declaración de guerra hacia los pueblos y comunidades indígenas”.