Iraís Valenciano
“Una voz libre fortalece la verdad verdad (sic), el diálogo y la democracia”, fue el mensaje que la Fiscalía General del Estado publicó el domingo pasado con motivo del Día de la Libertad de Expresión. Dos días antes, dos comunicadoras detenidas el 21 de mayo por esa misma Fiscalía fueron liberadas, luego de que la Secretaría de Gobernación (Segob), a través de la Unidad de Apoyo al Sistema de Justicia (UASJ) y del Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas, brindara atención a las acusadas.
Ayer por la mañana, era posible leer 17 comentarios en el post de Facebook de la Fiscalía. Más tarde, la lista se redujo a 11 y solo seis permanecían visibles aunque ninguno de ellos, positivo.
Que la Fiscalía General del Estado haya conmemorado la libertad de expresión cuando semanas antes detuvo a dos mujeres por publicaciones que realizaron en redes sociales, no fue bien visto por quienes conocen el contexto actual.
Ayer durante una entrevista, la fiscal General del Estado, Manuela García Cázares fue cuestionada respecto a cómo garantizar que haya libertad de expresión luego de las reformas que sancionan con hasta tres años de prisión y multa a quien, sin consentimiento, utilice sistemas de Inteligencia Artificial para crear, reproducir, modificar o difundir contenidos que simulen la apariencia, la voz o la identidad de una persona real. “Ellas (las comunicadoras recién liberadas) están por un delito que evidentemente es nuevo en el Código penal, ustedes lo saben, pero el tipo penal deja fuera las situaciones de los periodistas”, respondió la funcionaria.
Aparte, el Mecanismo Estatal de Protección de Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas, expresó el 24 de mayo mediante un comunicado que “no se cuenta con elementos para considerar que los presuntos actos cometidos se hayan realizado en el contexto de un ejercicio periodístico”. Pero el 7 de junio (sí, en el Día de la Libertad de Expresión) emitió un segundo boletín en el que presumió haber estado al pendiente del caso que derivó en la liberación de las dos mujeres y se comprometió a “dar seguimiento a cualquier situación que pudiera limitar el derecho a la libertad de expresión”.
El engrudo se revolvió entre si las detenidas eran o no periodistas, cuando el meollo debió estar siempre en la libre expresión que, hay que decirlo: como todos los derechos, debe ejercerse con responsabilidad y en caso contrario, ya existen en México recursos como la denuncia por daño moral o el derecho de réplica.
Y en medio de todo esto: ¿Quién puede definir con claridad quién es o no periodista?
En una entrevista con el conductor de noticias de MVS, Luis Cárdenas el pasado viernes, el diputado Héctor Serrano expresó: “Qué lamentable que la que no es periodista es la señora (en referencia a Anahí Torres, directora de En Primera San Luis) y para no hacerlo debate, ella es licenciada en Administración Turística y un día se despertó y dijo que tenía ganas de ser periodista y entones puso un portal y ahora es periodista”.
¿Cuántas de las personas que hoy son dueñas de un medio de comunicación o que laboran como reporteros, editores, conductores de noticias, columnistas, articulistas, cronistas, productores, fotógrafos o camarógrafos en San Luis Potosí cuentan con un título profesional de una carrera afín al periodismo?
Por supuesto que aprender en las aulas sobre redacción, gramática, estructura, ética, géneros, formatos multiplataforma, sistemas de gestión de contenidos, diseño editorial, maquetación y muchos otros temas relacionados con el periodismo es de gran valor. Sin embargo, la necesidad de profesionalizar el periodismo no es ningún hilo negro descubierto en Vallejo 200. Hace más de 40 años, los directores de medios masivos de comunicación en San Luis Potosí le pidieron al entonces rector de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, Guillermo Delgado Robles, la creación de una carrera para tal fin.
De esa licenciatura, que finalmente no se enfocó solo en el periodismo, han egresado profesionistas que actualmente ocupan espacios tan variados como el campo laboral se los permite, porque la Comunicación es lo suficientemente versátil como para incursionar en un sinfín de posibilidades.
Y a diferencia de otras profesiones en las que sin un título es imposible ejercer, el periodismo es tan noble que ha abierto las puertas a personajes como Manuel Buendía, Julio Scherer, Elena Poniatowska, Carlos Monsiváis, Cristina Pacheco, Juan Villoro, Gabriel García Márquez, Oriana Fallaci y Ryszard Kapuściński, por mencionar solo algunos. ¿Qué tienen todos ellos en común? Ninguno estudió periodismo.
¿Por qué es tan flexible la profesión? Porque su materia prima es la libertad de expresión, reconocida en el artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos que señala: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”.
“La libertad de expresión en la que creo…”, dijo el diputado Serrano en su entrevista con MVS. Cada quien es libre de pensar y creer lo que desee, pero la definición de libertad de expresión no da lugar a interpretaciones o creencias.
¿Y entonces cualquiera se puede hacer llamar periodista?
Carlos Marín, en su libro “Manual de periodismo”, subraya que un periodista debe satisfacer tres responsabilidades:
– Dominio técnico del periodismo
– Apego a la verdad
– Conciencia del servicio al público que conlleva su trabajo
Menciona además que para cumplir su función con eficiencia, el reportero debe reunir cualidades como: agudeza, aptitud adquirida, dignidad profesional, dominio de la redacción, esfuerzo de objetividad, honradez, iniciativa, pasión, sentido periodístico, tenacidad y vocación.
Los mejores jueces de quién es periodista o no, son los ciudadanos que consumen la información y que valoran la calidad de una noticia veraz, una crónica que lo transporta al lugar de los hechos, una entrevista que revela información valiosa o un reportaje que evidencia una problemática, no quienes aun sin un título, reparten etiquetas según sus criterios o peor aún, una Fiscalía que parece solo celebrar el 7 de junio la libertad de expresión.
Porque lo que está en el centro de la discusión no es quiénes merecen ser llamados periodistas.
La libertad de expresión la tenemos todas y todos. Y no solo el 7 de junio de cada año.
Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Astrolabio.
Es Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí y maestra en Diseño Multimedia por la Universidad del Valle de México. Ha ejercido el periodismo desde 2004 en medios de comunicación impresos y digitales. A partir del 2017 se incorporó a la plantilla docente de la Facultad de Ciencias de la Comunicación.






