Abelardo Medellín Pérez
Los registros para las Coordinaciones Estatales de Defensa de la Transformación, celebrados este viernes 26 de junio en la Ciudad de México, sirvieron para dimensionar lo erosionada que está la simulada alianza de la 4T en territorio potosino y para entender en qué condiciones llegarán los perfiles que aspiran a contender por la gubernatura bajo el manto protector del proyecto federal cuatroteísta.
De los seis perfiles que se inscribieron en el proceso al mediodía de este viernes, resaltan en particular un par de presencias y un par de ausencias.
Para empezar, Morena. El único candidato que se inscribió presencialmente en el proceso y que, literalmente, se puso el chaleco morenista para presumir su filiación fue el ahora exdiputado local Carlos Arreola Mallol.
El legislador culminó su registro refiriendo que Morena es el partido número uno en las encuestas y presumiendo que en el movimiento manda el pueblo. Sus afirmaciones, además de alegres, están fuera de lugar, sobre todo si consideramos que su partido carece de resultados y perfiles competitivos en el estado.
Morena tiene el mismo número de legisladores en la bancada local que obtuvo en 2018, cuando fue beneficiado por el furor obradorista. Solo una tercera parte de esas curules son de mayoría relativa. En 2024, Morena perdió todos los ayuntamientos que había ganado en el trienio anterior y, aunque aumentó el número de cabildos ganados con respecto a 2021, ha perdido algunos de esos espacios frente al Partido Verde Ecologista de México (PVEM); como ejemplo está el Ayuntamiento de Vanegas. Además, aunque Morena ha tenido más militantes que el Verde en San Luis Potosí durante el último año, las proyecciones que muestran los datos actualizados apuntan a que entre julio y agosto próximos el PVEM podría superar al partido guinda también en este rubro.
Sí, Carlos Arreola tiene razón cuando afirma que el Verde no es el partido más democrático que tenemos actualmente en México; todo lo contrario, podría argumentarse. Sin embargo, parece ignorar que en San Luis Potosí su partido tampoco es la opción más competitiva. El morenismo tiene un historial de dos elecciones enfrentando, cara a cara, a candidatos de la Gallardía y quedando en tercer lugar.
Luego estuvieron las ausencias, principalmente la del Verde.
En contraste con lo dicho por el gobernador Ricardo Gallardo Cardona, durante las jornadas de registro hubo aspirantes a coordinadores que representaban al Partido Verde. El PVEM no solo podía registrar aspirantes, sino que lo hizo con diversos perfiles; el verdadero impedimento para el Verde potosino no fue la convocatoria, sino la terquedad.
Fue el coordinador nacional de elecciones del PVEM, Arturo Escobar, quien ventiló que los aspirantes potosinos emanados del Verde no pudieron registrarse en el proceso para elegir al coordinador estatal de la 4T porque el proyecto local insiste en mantener una candidatura nepotista con el perfil de Ruth González Silva.
Según Arturo Escobar, habrá que esperar hasta enero de 2027 para descubrir la naturaleza final de la alianza imaginaria entre la 4T y el gallardismo en San Luis Potosí.
Bajo ese entendido y ante el hecho de que el Verde no va a renunciar a la ignominiosa candidatura de González Silva, pareciera que Morena pretende regalarle, otra vez, la elección a la Gallardía, dado que, en cualquier escenario, las fichas no le alcanzan al partido de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo para imponerse en el estado.
Si deciden esperar hasta enero y es hasta entonces cuando la dirigencia morenista resuelve entregarle el botín al Verde, el morenismo habrá perdido y ni siquiera habrá tenido tiempo para repartir las migajas que le deje el proyecto local.
En cambio, si esperan hasta esa fecha para anunciar que irán en solitario, cualquier candidato bajo las siglas de Morena habrá desaprovechado enormemente los meses previos, que podrían representar una ventaja, mínima, pero real, para posicionarse como una opción alterna al gallardismo.
Este juego de estira y afloja, de amistad y enemistad, que ridículamente han sostenido ambos partidos no va a mermar el avasallante trabajo territorial que, con recursos estatales, ha realizado el PVEM; pero sí afectará a un morenismo que se perfila para ocupar, otra vez, un deshonroso tercer lugar.
Y, finalmente, el outsider: Gerardo Sánchez Zumaya.
Aunque decenas de publicaciones afirmaron que su postulación por el Partido del Trabajo era un fracaso, dado que no recibió el respaldo de Morena, tal lectura peca de una ingenuidad tan inocente como peligrosa.
El componente que vuelve a Sánchez Zumaya un perfil aún más competitivo que cualquier actor morenista en la actualidad no proviene de las siglas que respaldan sus aspiraciones y, a diferencia del proyecto gallardista, no depende del nivel de cohesión que pueda mantener con la 4T, aunque esta aún no se haya dado cuenta.
El potencial político del empresario huasteco no viene de su obradorismo; viene, en realidad, de su antigallardismo.
Cientos de simpatizantes de Morena y ciudadanos sin filiación política definida han volteado a ver a Sánchez Zumaya como la opción con razones y medios suficientes para enfrentar a Gallardo Cardona y su proyecto. No se trata de una exigencia de rendición de cuentas, sino más bien de revanchismo, y la expectativa es que esa venganza política sea llevada hasta sus últimas consecuencias.
El ensañamiento y las represalias que ha desplegado el gobierno de Gallardo Cardona contra sus detractores han sembrado en la ciudadanía la idea de que las cuentas son más altas de las que puede saldar un simple cambio de gobierno.
La mayoría de los potosinos sabe que, si el Verde pierde, pero quien gana es un político demasiado diplomático —por ejemplo, Enrique Galindo—, Gallardo Cardona negociará una transición que deje su administración intacta y sin investigaciones posteriores. Zumaya es un radical con intereses y pendientes personales; evidentemente, no negociará una salida amable para el sexenio de la Gallardía.
Ricardo Gallardo Cardona no ve en Zumaya a un contrincante morenista; ve a un outsider que, con suficiente impulso, podría cumplir la amenaza de investigar y sancionar todo aquello que la continuidad del Verde pretende dejar impune.
Al margen de esto, hay que ser claros: ser antigallardista no hace de Zumaya una mejor opción. De competir y ganar, habremos cambiado a un político enfocado en sus intereses personales por otro de la misma cepa política: el egocentrismo.
Al margen de tantos miedos políticos, intrascendencia partidista y cinismo nepotista, lo que se desdibuja y se borra en el horizonte es la tan prometida alianza que, en lo federal, promete, y en lo local, les estorba.
Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Astrolabio.
Es Licenciado en Ciencias de la Comunicación y Maestrando en Estudios sobre la Democracia y Procesos Electorales en el posgrado de Derecho de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. Ha trabajado como reportero y columnista en los medios digitales La Orquesta y Arco Informativo; actualmente es jefe de información de Astrolabio Diario Digital. Ha sido acreedor de dos premios estatales de periodismo en las categorías de Artículo de Fondo y Periodismo Regional.






