Abelardo Medellín
Una de las pocas mentiras del gobernador Ricardo Gallardo Cardona que no ha permeado en el discurso público de la vida política potosina es su presunta adhesión a la Cuarta Transformación y al obradorismo como dogma; esta ilusa autoadscripción a la nueva izquierda mexicana por parte del jefe del Ejecutivo nunca ha podido sostenerse y nuevamente ha sido desmentida por las recientes declaraciones del mandatario con respecto a los conflictos que ha provocado la construcción de la nueva autopista de cuota a Matehuala.
El origen de la hipocresía con la que desfila Gallardo Cardona descansa en dos posibilidades: una memoria de teflón o un cinismo de acero. Porque, si el gobernador tuviera una capacidad de retención equiparable a su capacidad de rencor, quizá recordaría que apostar por una autopista de cuota traiciona directamente la herencia política que, hace dos años, Andrés Manuel López Obrador dejó para San Luis Potosí.
El 23 de agosto de 2024 (hace casi dos años exactos), el entonces presidente López Obrador visitó la Huasteca potosina acompañado de Claudia Sheinbaum Pardo, entonces presidenta virtualmente electa, para la inauguración de la carretera Ciudad Valles-Tamazunchale. Ese sería el último evento público del expresidente en tierras potosinas durante su mandato.
Durante su discurso, el presidente López Obrador resaltó especialmente una de las características más importantes de esa obra de infraestructura: que fue construida con recursos públicos y sin necesidad de concesiones que generaran un cobro de peajes para la población.
“Porque es relativamente fácil hacer carreteras concesionadas en donde el ciudadano tiene que pagar; si ya todos contribuimos, pagamos impuestos, ¿por qué vamos a pagar otro impuesto? […] ¿Para qué son los impuestos? Pues para que el gobierno tenga presupuesto y haga las obras, pero no que, además de cobrar los impuestos, hace obras o da concesiones para que vuelvan a cobrar al pueblo para usar los servicios, para usar una obra. Eso también ya está cambiando en el país, no construimos ninguna obra de paga en todo este sexenio, todo es de libre tránsito para la gente.
Entonces, esta carretera se hace con el mismo principio, con el mismo criterio, no es de paga, porque es un derecho que ustedes tienen: el poder viajar en carreteras seguras”.
El comentario de López Obrador llegó muy tarde a los oídos del gobernador Gallardo Cardona, quien, para ese momento, ya tenía meses promocionando una nueva carretera de cuota a Matehuala y que, nueve días antes, había dado el banderazo de arranque al Libramiento carretero Ventura-El Peyote.
Gallardo Cardona no solo ignoró ese principio al promover la construcción de una carretera de cuota hacia el norte del estado, sino que, en la práctica, repudia todo lo que la sugerencia presidencial pretende proteger.
Ante las preocupaciones que expresaron públicamente comerciantes de la carretera libre a Matehuala, quienes reportan pérdidas de más del 70 por ciento en sus ganancias por las restricciones tramposas con las que se beneficia la nueva autopista de la empresa META, el gobernador contestó que tales quejas venían de un solo empresario gasolinero y que, por tratarse de un interés particular, no podía hacer caso a dichos reclamos.
El problema es que las quejas públicas no vinieron de un solo empresario; las primeras protestas fueron impulsadas por comerciantes de diversos giros del sector servicios y a ellos se sumaron los trabajadores de negocios carreteros que dependen de dichas fuentes de empleo. Y cuando el gobernador ignora una advertencia de trabajadores y empresarios en un corredor al que nunca le ha prestado atención, lo que parece es que los intereses particulares los tiene él.
Porque el león siempre cree que todos son de su condición, y parece que el pollo también. Gallardo no puede concebir que un proyecto de gobierno pueda afectar a la población, porque la única lógica con la que opera su razonamiento es la lógica empresarial.
“Si alguien se opone a mi proyecto, debe ser otro empresario tan mezquino como yo”, imagina para sus adentros el jefe del Ejecutivo.
Gallardo Cardona no puede ponerse en el lugar de los ciudadanos, porque él no se concibe como uno; él se concibe como un empresario con la abusiva oportunidad de disponer de recursos públicos para maximizar sus ganancias. Bajo ese entendido, ¿de cuánto serán las ganancias que defiende con uñas y dientes en este proyecto?
Tan dispuesto está el gobernador a ignorar a su propio estado por recibir los beneficios prometidos que incluso pasa por alto el ecocidio en potencia que ha traído el proyecto carretero.
Desde inicios de 2026, la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente detectó que los trabajos del proyecto carretero afectaron especies de cactáceas protegidas en el tramo de El Peyote, lo que incluso llevó a la clausura de los trabajos en la zona. Pese a que obtuvieron los permisos federales para continuar con el proyecto, esta semana la Procuraduría Agraria constató que, una vez más, la empresa encargada de la obra derribó y destruyó especies como: Yucca filifera / Yucca carnerosana (palma china, palma yuca, palma barreta) y la Ferocactus histrix (biznaga burra).
Ante tal devastación y la violación de las normas mexicanas de protección al ambiente, aun con la reincidencia, el gobernador se vanagloria de decir públicamente que su administración apoyará al “cien por ciento” la nueva autopista.
Con la defensa velada a esta obra, el gobernador lo único que hace es negar aquellos principios que buscó transmitir en su momento el presidente López Obrador, ese que inició el movimiento al que, hipócritamente, el gobernador dice que integra.
Gallardo Cardona no solo reafirma su fidelidad con una obra que afecta a la población y al medio ambiente, sino que confiesa una vez más lo dispuesto que está a traicionar a cualquier movimiento del que forme parte. Gallardo no está dispuesto a ser congruente con un movimiento que no atienda sus intereses particulares.
Por eso impulsa a su esposa como sucesora a la gubernatura, aunque eso vaya contra el nepotismo electoral que se combate a nivel federal, y por eso mismo se ha vuelto el pollo guardián de una carretera de cuota que transgrede los principios que sugirió el presidente López Obrador en su última visita al estado.
La relación del gobernador con la 4T y el obradorismo es la misma que mantiene con sus ciudadanos: una disposición absoluta, sí, pero a traicionarlos.
Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Astrolabio.
Es Licenciado en Ciencias de la Comunicación y Maestro en Estudios sobre la Democracia y Procesos Electorales en el posgrado de Derecho de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. Ha trabajado como reportero y columnista en los medios digitales La Orquesta y Arco Informativo; actualmente es jefe de información de Astrolabio Diario Digital. Ha sido acreedor de dos premios estatales de periodismo en las categorías de Artículo de Fondo y Periodismo Regional.






