Cómo celebrar el primer fracaso

Abelardo Medellín Pérez

Aunque la mayoría podría no estar de acuerdo, una de las cosas más tristes de los eventos que el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) realizó esta semana para conmemorar los 20 años del gallardismo en San Luis Potosí no son las cantidades ingentes de acarreados, no fue la imperiosa necesidad de darle un nuevo escaparate electorero a Ruth González ni los desangelados discursos que con dificultad declamaron los integrantes de la dinastía festejada… Lo más triste de tan urgida celebración fue la fecha misma.

Si el Verde Ecologista tuviera un dirigente político y no un porrista al frente del partido en San Luis Potosí, quizá habría esperado a 2029 para celebrar con coherencia y razón el “primer triunfo de la gallardía”, es decir, la fecha en que Ricardo Gallardo Juárez logró ser electo como alcalde de Soledad de Graciano Sánchez en aquel lejano 2009.

Pero no. El hambre de los aplausos coaccionados es tanta, que la Gallardía y su latifundio partidista decidieron festejar el aniversario de aquella ocasión en que el fundador del movimiento perdió su primera elección.

En 2006 nació, en efecto, el movimiento gallardista como lo conocemos hoy, es decir: personalista, con ambiciones únicamente electorales y sin un norte ideológico claro. Tan vacío de contenido entonces como el que nos gobierna hoy.

Sin embargo, en dicho año el candidato a la alcaldía de Soledad, Gallardo Juárez, no resultó avante en el proceso electoral, pues como candidato de la coalición PRD-PT-PC solo obtuvo 18 mil 127 votos. Con tales resultados, fue superado por los 23 mil 170 sufragios que recibió el candidato del PAN, Juan Manuel Velázquez Galarza.

De nada sirvieron las mareas de banderines amarillos y las playeras con la leyenda “Ganamos”; el primer intento del movimiento gallardista se descalabró al pie de su promesa populista.

Eso fue lo que el Partido Verde y miles de ciudadanos (aunque no tantos como reportan) celebraron con pancartas, vítores y porras este jueves y viernes en San Luis Potosí: el amargo recuerdo de esa primera vez en que no pudieron.

Para ser justos con su historia, quizá podríamos pensar en regalarle a la Gallardía un eco de aquel primer fracaso.

Quizá, para que no olviden que el servicio público es brega de perfección y no el reposo de los cómodos, podríamos hacerles revivir aquel 2006, o aquellos 2018, 2021 y 2024 en que perdieron la capital potosina con sus respectivos perfiles mal encaminados (desde el fundador hasta la actual titular de la Segam).

Quizá valga la pena recordarles que cuando un integrante de su dinastía ha querido repetir en el cargo, la ciudadanía se lo ha negado, y que algo similar podría pasar si insisten en que la única vía de sucesión para el movimiento es la del nepotismo.

Porque en el fondo, eso es lo que está en las bases del movimiento gallardista: un nepotismo rampante y obsceno, un desprecio por los derechos laborales de los trabajadores de sus administraciones, una tradición familiar de opacidad, un odio declarado a la rendición de cuentas, una necesidad enfermiza de controlar los medios de comunicación, un interés particular y privado por enriquecerse a través de las oportunidades que da el servicio público y, tal como quedó en evidencia durante estos días de fiesta verde, la firme creencia de que los simpatizantes —orgánicos y obligados— solo sirven para llenar un asiento, cargar un banderín, aplaudir y abultar el público de una fotografía.

No son parte de un movimiento, no son considerados ciudadanos, no tienen derecho a recibir un apoyo sin empeñar su dignidad a cambio, no son invitaddos… no tienen nada que festejar. Los potosinos solo tenemos valor como carne de cañón para la gallardía; solo servimos si estamos dispuestos a rendirles reverencia o celebrar la conmemoración de la primer intentona fracasada.

Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Astrolabio.

Es Licenciado en Ciencias de la Comunicación y Maestrando en Estudios sobre la Democracia y Procesos Electorales en el posgrado de Derecho de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. Ha trabajado como reportero y columnista en los medios digitales La Orquesta y Arco Informativo; actualmente es jefe de información de Astrolabio Diario Digital. Ha sido acreedor de dos premios estatales de periodismo en las categorías de Artículo de Fondo y Periodismo Regional.