Abelardo Medellín Pérez
Mientras el éxito del ejercicio de gobierno y de las políticas públicas se mida en puentes construidos y festivales celebrados, la competencia ruinosa —la más común entre la clase política— no dependerá de mejorar los resultados propios y contrastarlos con los del adversario, sino de poner obstáculos a cualquier iniciativa que forme parte de su agenda.
Las recientes controversias entre el gobierno estatal, encabezado por Ricardo Gallardo Cardona, y el ayuntamiento capitalino, dirigido por Enrique Galindo Ceballos, son una clara muestra de que, en vísperas del año electoral, nuestros mandatarios están dispuestos a sacrificar su presunto compromiso con el progreso de San Luis Potosí con tal de lesionar la campaña del contrario.
Durante los últimos meses hemos escuchado al alcalde reclamar cómo la Contraloría del Estado ha detenido una decena de obras municipales, entre ellas el paso a desnivel de El Saucito, al frenar los procesos de licitación; cómo el gobierno estatal ha iniciado por su cuenta proyectos que había anunciado en conjunto con el ayuntamiento, como el de la Glorieta de la Familia, y cómo ambas partes han comenzado recientemente a competir por arrancar la construcción del viaducto elevado Río Santiago – Villa Magna.
En el caso específico de Galindo Ceballos, el alcalde ha acusado al gobierno estatal de construir sin las autorizaciones necesarias —ninguna sorpresa—; por otro lado, también se ha señalado al ayuntamiento por negarse a facilitar las plazas públicas que la Secretaría de Cultura solicitó para la realización de festivales.
Los gobiernos estatal y municipal han dejado ver una nueva rencilla que, si bien no es inédita, ha escalado a un punto en el que parece no importarles si la disputa deja a los potosinos sin obras o sin proyectos.
Las razones son evidentes. Gallardo no pretende obstaculizar los proyectos de Enrique Galindo porque este haga un muy buen trabajo; el gobernador busca desinflar la capacidad de una administración que, equivocadamente, ha identificado como enemiga y competidora en el juego de la propaganda de concreto.
Gallardo Cardona podrá construir puentes, carreteras, escuelas y parques, pero esas obras son antiadherentes a la sucesión. El ciudadano promedio puede adjudicarle esas acciones al gobernador, pero él no volverá a aparecer en la boleta. Es muy probable que quien lo haga sea su esposa y, si llega a la contienda con la única plataforma de presumir lo realizado por el gobernador saliente, nunca podrá desprenderse de la estela de nepotismo que ya proyecta su perfil.
En cambio, Galindo Ceballos sí puede ejecutar obras en la capital y, aunque estas no compitan con las estatales, podría llegar a la contienda presumiendo que el trabajo realizado durante dos periodos puede replicarse en un sexenio. Esa ventaja discursiva no la tiene la potencial candidata del PVEM. ¿Qué va a presumir: una gris gestión al frente del DIF y un trabajo aún menos relevante como senadora?
E insisto en este punto: Galindo Ceballos no ha hecho un mejor trabajo. Tiene prioridades equivocadas, nunca logró aterrizar un proyecto coherente en materia de movilidad, priorizó acciones de corto plazo sobre un proyecto ejecutivo bien planificado y, en la recta final de su trienio, confesó abiertamente que fue omiso al regular y sancionar las obras irregulares del gobierno estatal. No, Galindo no hizo un mejor trabajo.
Y aun con ello, el alcalde capitalino sí podría aprovechar electoralmente la experiencia adquirida en un cargo ejecutivo para competir contra un perfil que carece de ella. ¿Le funcionaría? Es poco probable, pero la Gallardía no se arriesgará con tantos frentes abiertos; por eso la estrategia consiste en frenar las obras municipales y realizarlas después con el sello Verde.
No debería sorprendernos que esa sea precisamente la razón por la cual el gobierno estatal no ha liberado los permisos para construir el paso a desnivel de El Saucito. Se trata de una obra que en su momento intentó imponer el entonces alcalde Ricardo Gallardo Juárez, frenada por la oposición de los vecinos y que, pese al paso del tiempo, no ha podido concretarse. Si el alcalde capitalino lograra iniciarla como propia, no solo se jactaría de una obra más, sino que podría presumir haber realizado lo que los Gallardo nunca pudieron.
En la realidad, solo es otra obra que, debido a su intento irregular de ejecución, nunca se edificó; pero, en el discurso de Gallardo Cardona, representa un fracaso generacional que podría sumarse a la lista de inconvenientes que deberá enfrentar la campaña de sucesión.
Luego de un largo periodo de letargo, Galindo Ceballos podría preparar sus propios artificios para combatir el bloqueo estatal; sin embargo, no parece haber encontrado aún el momento ni la circunstancia adecuados. Si todas las obras del gobierno carecen de permisos y fueron ejecutadas al margen de la regulación, el alcalde podría hacer públicas esas omisiones justo al inicio de la Feria Nacional Potosina y exhibir las irregularidades de las obras realizadas ahí y en la Arena Potosí.
O quizá esperar a que el gobierno estatal intente iniciar por su cuenta los trabajos de El Saucito y entonces detener el proyecto desde el ayuntamiento para asumirlo como propio. Si Galindo Ceballos no ha respondido a los embates por asumirse un “político profesional”, pronto descubrirá que el profesionalismo no basta cuando se enfrenta al pragmatismo más indolente.
En esta gresca fría por arrebatarse mutuamente el protagonismo, la consecuencia evidente ha sido que los proyectos anunciados con bombo y platillo para la capital del estado se frenaron una vez más. El esfuerzo destinado a imponer resistencia pudo haberse utilizado para planificar y consultar; en cambio, sirvió para exhibir los más tristes berrinches de ambos lados de la plaza.
Si el hambre electorera bastó para privar a la capital del desarrollo prometido, ¿cuánto vamos a perder en 2027, cuando el único interés de estos funcionarios sea asegurar su supervivencia política?
Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Astrolabio.
Es Licenciado en Ciencias de la Comunicación y Maestrando en Estudios sobre la Democracia y Procesos Electorales en el posgrado de Derecho de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. Ha trabajado como reportero y columnista en los medios digitales La Orquesta y Arco Informativo; actualmente es jefe de información de Astrolabio Diario Digital. Ha sido acreedor de dos premios estatales de periodismo en las categorías de Artículo de Fondo y Periodismo Regional.






