Fernanda Durán
La fotografía de Gabriel Salvador Martínez Flores volvió a recorrer este miércoles las calles de San Luis Potosí. Esta vez no estaba acompañada por los reconocimientos deportivos que obtuvo como arquero ni por las metas que todavía tenía pendientes, sino por carteles y una exigencia repetida durante el trayecto desde la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP) hasta la Fiscalía General del Estado: justicia.

Familiares, amistades y compañeros universitarios de “Salvita”, como le llamaban quienes lo conocían, marcharon por las calles del centro histórico para exigir el esclarecimiento de su asesinato y la detención de los responsables. A la movilización se sumó también la familia de Zahid, un niño de 12 años que desde hace casi cuatro meses permanece hospitalizado después de recibir un disparo durante un ataque armado en un taller mecánico de la colonia Satélite.
Dos familias distintas llegaron así hasta el mismo edificio y con un reclamo común: aseguran que las autoridades cuentan con información suficiente sobre quienes habrían participado en ambos hechos, pero las detenciones no han llegado.
Salvador tenía 21 años y estudiaba la Licenciatura en Criminología en la Facultad de Derecho de la UASLP. Fue asesinado a tiros el pasado 7 de agosto en la colonia Rural Atlas.
Para su familia, hablar de él únicamente desde el homicidio sería reducir una vida entera al momento en que terminó.
Un familiar, quien pidió mantener su identidad en reserva, lo recordó como un joven que acumulaba planes y que difícilmente abandonaba aquello que se proponía.
“Era un chico lleno de sueños, que toda la vida inspiró a toda su familia para ser buenas personas. Fue un chico lleno, lleno de sueños, que cada que se le presentaba un nuevo sueño hacía hasta lo imposible por cumplirlo. Cuando quería aprender a andar en bici, se caía y se caía y se caía. Pero no se rendía”.
Ese carácter, relató, también estaba presente en el deporte. Salvador practicaba tiro con arco, participó en distintas competencias y llegó a representar a la UASLP.
“Le encantaba ir a tirar. Era tirador con arco, fue a varias competencias. Le encantaba, disfrutaba mucho. Hasta iba a entrenar en la noche y hasta lloviendo, decía que le gustaba mucho entrenar de esa manera”.
Además estudiaba, trabajaba durante sus vacaciones para ayudar económicamente a su familia y tenía metas que no pudieron concretarse.
“No logró concluir su meta de graduarse, ni de ir a Colombia como era lo que soñaba. Su meta a corto plazo no lo logró por esta desafortunada situación, pero era un chico que siempre perseguía lo que quería”, expresó su familiar.
Por eso, durante la movilización, la exigencia no se limitó a conocer quién disparó: “Que se haga el trabajo como se tenga que hacer, que atrapen a quienes hicieron esto, que no solamente sea una cifra más, que no se le califique como solo una estadística, que se le respete como una persona y como el joven lleno de sueños que era”.
“No merecemos estar marchando para que no nos maten”
Antes de llegar a la Fiscalía, la familia explicó que detrás de la movilización existe también un reclamo más amplio frente a la violencia y a la obligación que enfrentan las víctimas de salir a las calles para exigir algo que consideran tendría que garantizar el Estado.
“Nosotros como víctimas no merecemos este trato. No merecemos estar pidiendo un derecho. No merecemos estar marchando para que no nos maten. Entonces merecemos salir sin miedo, no tener que marchar para exigir algo que nos merecemos por el simple hecho de existir”.
El Gobierno del Estado ha informado que existen dos probables responsables identificados por el asesinato de Salvador. El secretario general de Gobierno, J. Guadalupe Torres Sánchez, declaró previamente que, de acuerdo con los indicios recabados por la Fiscalía, el joven habría sido alcanzado por disparos en el contexto de una riña entre grupos pandilleriles.
Sin embargo, para quienes marcharon este miércoles, conocer que existen personas identificadas no es suficiente mientras no haya resultados concretos. La preocupación de que el expediente avance sin detenciones encontró eco en otra familia que conoce esa espera desde abril.
Zahid: casi cuatro meses hospitalizado y ningún detenido
Entre quienes acompañaron la marcha se encontraba Alfredo Lemus, tío de Zahid, un niño de 12 años que resultó gravemente herido el pasado 29 de abril durante un ataque armado contra el taller mecánico de su familia en la colonia Satélite.
El menor continúa hospitalizado casi cuatro meses después. Su tío afirmó que el daño que sufrió es irreversible.
“El de nosotros tiene 12 años, él sigue con vida pero quedó en un estado muy grave de salud. Hasta ahorita sigue internado, ya son casi cuatro meses que él sigue internado y delicado de salud y su daño es irreversible”.
De acuerdo con Lemus, el día del ataque Zahid había sido recogido de la secundaria por su abuela. Ambos acababan de ingresar al taller cuando hombres en motocicleta llegaron y comenzaron a disparar contra el vehículo en el que todavía se encontraban sin darles tiempo de bajarse ni resguardarse.
El familiar sostuvo:
“Desde el primer día, en cuestión de minutos, tuvimos información de los agresores, fueron tres. Sin embargo, la fiscalía tuvo tiempo y elementos para actuar y no hizo absolutamente nada”.
Según su versión, uno de los señalados consiguió un amparo y enfrenta el proceso en libertad, mientras no existe ninguna persona detenida por el ataque.
Lemus aseguró que la familia incluso sostuvo una reunión con el vicefiscal Alejandro Ponce, quien les habría expresado que daría seguimiento al expediente, pero reprochó que las acciones esperadas no se concretaron.
“Lo único que nos dicen es que les demos tiempo, que no saben las ubicaciones, que siguen investigando y es lo único que nos dicen”.
Para la familia de Zahid, esa experiencia explica su presencia en la marcha por Salvador.
“¿Cómo es posible si ya pasó algo con nosotros, por qué en el caso de Salvador si tienen identificados a los agresores no hacen nada para detenerlos? ¿Por qué les brindan esta oportunidad de que sigan impunes, de que se amparen? O sea, parece que protegen más a los agresores que a las víctimas”.
Lemus aseguró además que, después del ataque, la familia ha recibido amenazas para que deje de hacer pública su exigencia y afirmó:
“Sí, ha habido amenazas, que no sigamos presionando por redes sociales, incluso han sido palabras de la misma Fiscalía, que eso entorpeza la investigación, que no hagamos ruido, que no hagamos nada”.
La marcha terminó frente a las instalaciones de la Fiscalía General del Estado. Ahí, las fotografías, las consignas y los reclamos que acompañaron el recorrido se transformaron en una exigencia dirigida directamente a la institución.
Los manifestantes pidieron que la fiscal general saliera a explicar personalmente los avances en ambos casos y cuestionaron por qué no se han concretado detenciones cuando, según las familias, las autoridades conocen la identidad o ubicación de posibles responsables.
“¡Ya basta, por favor! Queremos justicia, no más niños, no más adolescentes, no más estudiantes. ¡Ya basta, por favor, ya basta!”, gritaron frente al inmueble.
Uno de los reclamos se concentró precisamente en evitar que el caso de Salvador siga el mismo camino que, desde la perspectiva de la familia de Zahid:
“Porque en el caso de Salvador no queremos que pase lo mismo que en el de Zahid. Que las personas, que los agresores se amparen. Porque si tienen elementos para ubicarlos, para detenerlos, no lo hacen”.
Después de permanecer frente a la Fiscalía y exigir que alguna autoridad atendiera sus reclamos, una comitiva integrada por familiares de Salvador y Zahid ingresó finalmente al edificio para reunirse con personal de la institución.

Afuera, el resto de los manifestantes permaneció a la espera, mientras mantenían la exigencia de que las investigaciones avancen y se actúe contra los responsables ya identificados en ambos casos.





