La alianza, todavía no

Adriana Ochoa

La política es una de las actividades humanas en las que el sesgo de confirmación activa con facilidad cierto prurito por fabricar tormentas en vasos tequileros. El fenómeno es aún más factible en ambientes de polarización. Un gesto, una mirada o un asiento vacío bastan para encender las alarmas de las redacciones y los pasillos del poder.

Esta tendencia a favorecer la información que confirma las propias creencias ya existentes también toma a veces la ruta del extremo opuesto. Un abrazo palmoteado y ruidoso, un saludo de mano y una sonrisilla de cortesía se convierten, para quien así quiere verlo, en la señal cierta y definitiva que la regiduría “segura” o la primera pluri ya están en la bolsa.

Los tiempos políticos desatan un safari masivo en busca de señales. Toda visita presidencial es auscultada al detalle. La propia jefa del Ejecutivo federal informó que su presencia en San Luis fue precedida desde la víspera por eventos similares en Morelos, Durango y Zacatecas. Y que de aquí se iba a Aguascalientes. En suma, que hacía una gira de encuentros entidad por entidad, denominada “Honestidad y Resultados”; una especie de road trip nacional con la 4T como evangelio.

Una revisión rápida a los comunicados y mensajes de Claudia Sheinbaum en cada uno de los lugares visitados permite ver un temario de difusión post informe: número de beneficiados de los programas, cuantía de becas, que si la leche del bienestar o los fertilizantes gratuitos. Salvo la diferencia de cifras en cada entidad, el mensaje no cambia.

Con todo y eso, la visita presidencial volvió a dejar a la vista las fisuras de una alianza que no termina de dibujarse del todo entre Morena y el Partido Verde gobernante en San Luis Potosí. Un pacto que siempre parece crujir y el viernes no estuvo exento de diferendos y desencuentros entre los integrantes de la alianza para hacer historia.

El choque de intereses locales afloró en la superficie. Desde los espacios a ocupar en la Arena Potosí. El Verde del gobernador a meter gente desde el amanecer y Morena a no dejarse. Habían quedado en llenar mitad y mitad del auditorio. Morena lo logró; el Verde tuvo que llamar de obligados a estudiantes del Cobach para que cubrieran huecos.

Y al tercer aliado de la 4T en San Luis, el PT, a tumbarle banderas en la calle, corretearlos, tundirlos y hasta robarles las pertenencias. Los petistas afectados señalan a operadores gallardistas del PVEM como sus agresores. La razón es obvia: Gerardo Sánchez Zumaya, el aspirante a gobernador que corre por el PT.

La provocación del huasteco tuvo su lado ingenioso: nueve jóvenes plantados en un acceso a la arena con camisetas negras y grandes letras verdes “fosfo” para formar el mensaje “No nepotismo”. Como les faltaban dos integrantes para que el mensaje se completara, desplegaron las dos camisetas sin portador como mantas. Inevitable mirarlos.

La gran ausente del escenario fue la senadora Ruth González Silva, esposa del gobernador Ricardo Gallardo Cardona. Promovida por el entorno gubernamental como la pieza clave para la sucesión potosina, su vacante en la cita presidencial generó todo tipo de especulaciones y lecturas cruzadas.

En medio del escrutinio sobre el nepotismo político y las críticas por la promoción sucesoria, replegar los reflectores durante la visita presidencial pudo haber sido una decisión calculada.

Restar visibilidad a la senadora frente a Sheinbaum evita alimentar el debate sobre los excesos locales. Esta opción exige un supuesto adicional: que alguien dentro del aparato oficial consideró prudente no sobrecargar la estampa pública.

Si hubo entusiastas de la prolongación familiar gallardista en el poder (y sí los hubo), no encontraron el esperado guiño definitivo para aprobar la alianza con Morena es esos términos. Y para los más opuestos, una versión más elaborada sostiene que el desdén forma parte de un pulso estratégico de cara a las próximas elecciones, en una mesa de negociación plagada de tiranteces. Morenistas que han trabajado con Sheinbaum aseguran que la jefa de este país no es de las que maquiavelan vetos en eventos.

Una lectura pragmática que no requiere inventar fricciones de última hora ni complejas maniobras diplomáticas apunta con mayor probabilidad a cuestiones de protocolo o agenda que a un veto fulminante o a una fricción dramática en la coalición gobernante.

La burocracia suele ser insípida, pero explica con frecuencia los desencuentros sin apelar al morbo político. Si no estaba en el programa o tenía compromisos en el Senado, no hay que buscar conspiraciones. Más o menos a la hora del evento de la jefa del país, la senadora subió en sus redes fotos de encuentros con vecinos en colonias populares. Y en las redes del gobierno “sin límites”, ni una sola mención a la gira presidencial; los mensajes del viernes, para promover una app oficial de taxis y el concierto del 15 de septiembre.

Otra figura objetivo en los safaris de señales políticas, el alcalde capitalino Enrique Galindo se la pasó cómodo y sociable en el corralito de los delegados federales. Hasta se quedó al adelanto cumpleañero con mariachi que un grupo de morenistas le improvisó al final a la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez. La funcionaria despidió a su jefa y regresó a la serenata a recibir, abrazos, parabienes y flores. Adusta siempre, ahí se le vio sonriente.

Los apocalipsis suelen decepcionar a sus profetas y por lo que va al alcalde potosino en el evento de Claudia Sheinbaum, se cumplió el dicho. Ni lo echaron al fondo de la Arena por ser priista, ni recibió desdenes de apestado. Atendió una invitación como autoridad local y como tal fue tratado: institucional, en una relación de respeto y cortesía.

Lo que sí queda claro en general es que la atmósfera en San Luis Potosí dista de ser un idilio armonioso. La convivencia entre las marcas partidistas en el gobierno se mantiene tensa, impulsada únicamente por la conveniencia electoral mutua. Más allá de hipótesis o excusas logísticas, confirmó que la alianza dista mucho de ser feliz.

La visita presidencial sirvió para tomar la temperatura a una relación pragmática. Un matrimonio por conveniencia donde los socios sonríen ante la cámara principal mientras se miden con recelo en los márgenes de la foto.

Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Astrolabio.

Adriana Ochoa es periodista desde 1988. Actualmente es directora de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí y docente titular de Organización Política y Ciudadanía.