Abelardo Medellín Pérez
La excusa con la que Ignacio Segura Morquecho justificó la pobre evolución de las cifras de afiliación del Partido Verde, con respecto a las metas prometidas por el gobernador Ricardo Gallardo Cardona, resulta una triste confirmación de la paradoja fundacional de su movimiento: el dirigente conduce un partido que se dice grande (el más grande), pero en sus actividades es un partido chico.
Luego de que el Instituto Nacional Electoral (INE) publicara los registros oficiales de la revisión trianual del padrón de afiliación de los partidos y se confirmara que el Partido Verde Ecologista de México tiene poco más de 191 mil afiliados, el dirigente del PVEM tuvo que responder al mediocre resultado de su instituto, que apenas hace un año prometía amasar más de un millón de afiliados para febrero de 2026.
El plazo llegó, la meta nunca se cumplió; ni en febrero ni el primero de septiembre, cuando se publicó la relación real de afiliados contabilizados en los registros válidos. La promesa gallardista, como otras, no aguantó el rigor de los datos reales y al gobernador y sus huestes no les quedó más que la dolorosa e ingenua cantaleta de los “otros datos”.
Así lo hizo esta semana Segura Morquecho, quien en una entrevista con medios afirmó que los registros del INE no muestran la realidad de sus afiliaciones, y esto se debe a que el PVEM en San Luis Potosí tiene su registro propio de ciudadanos “credencializados”. Añadió, además, que este registro interno, discreto y muy probablemente imaginario, recuenta actualmente 710 mil personas registradas en el PVEM.
“Lo que yo siempre lo he comentado es que nosotros tenemos un sistema de afiliación interno en el cual nosotros tenemos 710 mil personas al día de hoy y nosotros no hemos concluido, no hemos cerrado […] el sistema de credencialización es un sistema local, es un sistema que como partido estatal estamos implementando y es ahí donde queremos llegar al millón de afiliados credencializados en nuestro sistema”, así lo dijo el dirigente.
La ilógica explicación del dirigente estatal supone no uno, sino varios problemas por sí sola que, en el mejor de los casos, los pintan de mentirosos y, en el más realista, los ventilan como corruptos.
Como siempre cuando se trata del Verde, el primer problema es la opacidad. Si de verdad tienen los datos de 518 mil 839 ciudadanos que se registraron ante el instituto político para afiliarse, ¿por qué no reportarlo al INE y así hacer que aparezcan en el padrón verificado?
Nada sería más conveniente para el partido que poder presumir medio millón de afiliados más que Morena en el estado, en un momento donde solo Morena podría rivalizar con el proyecto gallardista de cara al 2027. En lugar de mostrar la capacidad de afiliación de su partido, el Verde, por omisión o dolo, prefiere mantener una mentira cómoda que le permita presumir una cifra imposible de corroborar con datos verificados y, en consecuencia, dan declaraciones que los dejan en ridículo. Porque sí, que el dirigente salga a decir que tiene un padrón alterno de afiliados con más de 700 mil ciudadanos registrados puede parecer mucho o puede ser poco, pero de todas formas no se puede cotejar y, por tanto, no importa si dijo medio millón o dijo 10 millones. Eso lo hace ridículo.
El otro problema es de definiciones. Si los ciudadanos que se registraron ante el Verde lo hicieron de forma libre, voluntaria e individual (aunque es poco probable), no importa qué nombre le quiera poner el partido, eso es una afiliación y, por tanto, debe ser reportada al INE en atención a lo que marca la ley electoral. El partido puede decidir sus medios y formas de afiliar, pero no puede registrar ciudadanos en atención a los criterios de ley y luego elaborar un padrón que se guarda para sí mismo. La discrecionalidad de hacerlo así incluso pone en entredicho el respeto por los datos personales de los “afiliados verdes”, puesto que, si esos datos no se ponen a disposición del INE para su verificación, entonces, ¿qué nos asegura que se usan responsablemente?
Y ahí reside el otro problema. Quizá el partido sí ha credencializado ciudadanos; de hecho, hemos sido testigos de cómo las autoridades estatales obligan a sus trabajadores a credencializarse ante el Partido Verde; quizá 700 mil registros ciudadanos sí son un número congruente con las cifras de participación en el partido, pero… ¿esa credencialización es para afiliados o para el registro de los programas sociales de gobierno? Desde hace dos años, ciudadanos han denunciado cómo se les pide que se registren con una credencial del Partido Verde para poder recibir los apoyos sociales de la administración estatal. A eso no se le llama afiliado, se le dice víctima de coacción.
Y si las afiliaciones del Verde necesitan realizarse bajo amenaza de retirar programas sociales, las promueven operadores políticos abusivos en las colonias y se fraguan en eventos masivos de registro, ¿por qué llamarles afiliados? Esta idea no solo pone en duda los 500 mil militantes fantasmas que presume Morquecho, sino que pone en tela de juicio incluso los 191 mil afiliados que reconoce el INE. ¿Cuántos de ellos se habrán sumado en libertad y voluntariamente?, ¿será que la afiliación efectiva y acorde con los principios de ley en realidad es mucho más baja que la que reporta el INE?
Un partido que no puede hacer públicos sus procesos de afiliación es una institución opaca. Un partido que mantiene registros alternos a los oficiales y los presume como reales carece de credibilidad. Un partido que coacciona para lograr raquíticos números y luego se inventa cifras que no puede probar, no es un partido grande, es una opción indigna de ser votada.
Los partidos grandes tienen historia institucional, no antecedentes interminables de irregularidades. Los partidos grandes trascienden en la vida pública por la congruencia de sus valores en el ejercicio del gobierno, no traicionan a la primera oportunidad hasta los principios de su nombre. Los partidos grandes ganan elecciones, pero no deberían recurrir al clientelismo, la coacción o el nepotismo para lograr ese cometido.
Ante las grandes ambiciones de su meta y los intentos de cubrir su fracaso, el Verde Ecologista se mostró de nuevo como lo que siempre ha sido: un partido chico.
Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Astrolabio.
Es Licenciado en Ciencias de la Comunicación y Maestro en Estudios sobre la Democracia y Procesos Electorales en el posgrado de Derecho de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. Ha trabajado como reportero y columnista en los medios digitales La Orquesta y Arco Informativo; actualmente es jefe de información de Astrolabio Diario Digital. Ha sido acreedor de dos premios estatales de periodismo en las categorías de Artículo de Fondo y Periodismo Regional.






