¿Y qué quiere Ruth?

“A la política no te metes, te meten. Y no te sales, te sacan”: Antonio Rocha Cordero.

Por Edgardo Pérez Alvelais

Una gran sacudida en el tablero del Ajedrez Político generaron las palabras del gobernador Ricardo Gallardo Cardona cuando, en exclusiva, le dijo al periodista Daniel Ortiz de Pulso que “Ruth puede esperar” y, al mismo tiempo, sin decir sus nombres y expresando solo sus encargos, abrió el abanico para cuatro posibles prospectos que pueden tomar la estafeta en caso de que la senadora desista de sus aspiraciones de relevar a su esposo en la ‘Silla del Águila’ potosina: J. Guadalupe Torres Sánchez, secretario general de Gobierno; el diputado federal Juan Carlos Valladares Eichelmann; el alcalde de Soledad de Graciano Sánchez, Juan Manuel Navarro Muñiz y Juan Ignacio Segura Morquecho, dirigente estatal del Partido Verde.

Se desconoce cuál es la intencionalidad real de las palabras del mandatario, pero en el Ajedrez tradicional el sacrificio de dama es la maniobra táctica y estratégica más espectacular del juego ciencia, en la cual un jugador permite, voluntariamente, la captura de su pieza más poderosa. Debido al altísimo valor de la dama -equivalente a 9 peones-, este recurso exige un cálculo milimétrico y solo se justifica si otorga una compensación excepcional que lleve a un Jaque mate inmediato o forzado.

Lo que sí puedo decir es que las palabras de Gallardo coinciden con lo que escribí en mi pasada columna: “La realidad de las cosas es que aún no hay nada para nadie. En política, un minuto es una eternidad. Hay tantos factores y circunstancias que lo pueden cambiar todo en un segundo. Ni siquiera las eventuales candidaturas de Ruth González Silva, Elí César Cervantes Rojas y Enrique Galindo Ceballos están amarradas. Todavía hay muchas aduanas por pasar y requisitos por cumplir.”

Se puede deducir que en el 2033 Ruth ya no tendría impedimento legal ni moral. Con un eventual sacrificio de sus aspiraciones, Gallardo quedaría bien con la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y amarraría la gubernatura para su grupo a un proyecto de más años. En Soledad llevan 14 años en el poder y contando. Incluso Morena podría sumarse al candidato del PVEM y juntos derrotar a Galindo que es la carta más factible del PRI y PAN y, evidentemente, es el adversario a vencer. Esto apenas comienza y no olvidemos lo que decía Antonio Rocha Cordero: “A la política no te metes, te meten. Y no te sales, te sacan”.

Pero ¿y qué quiere Ruth? Apenas ayer domingo su ‘Cuarto de Guerra’ distribuyó una encuesta de Consulta Mitofsky correspondiente a octubre de 2026, en la cual el 44.5 por ciento de los sondeados considera que ella ganará la próxima elección, dejando muy atrás a Galindo que con el PRIAN  obtiene apenas 18 por ciento, y a Elí de Morena, con 13.1 por ciento.

La diferencia es significativa: Ruth supera por 26.5 puntos porcentuales a Galindo y por 31.4 puntos al perfil morenista, en una medición que refleja quién consideran las y los ciudadanos que ganará la gubernatura, independientemente de sus preferencias personales. Estén o no cuchareados esos números, sean o no verosímiles, son una fotografía de este momento y cabe señalar que los indecisos o quienes no contestaron suman 20.1% y pueden voltear la sopa a cualquier lado.

De Ricardo Gallardo hemos escuchado mucho. De los partidos, las alianzas y los cálculos sucesorios, todavía más. Pero entre tantas declaraciones, especulaciones y movimientos políticos, hay una voz que merece ocupar el centro de la conversación: la de Ruth González Silva que también debe oír su voz interior o conciencia.

No es solamente la esposa del gobernador. Es senadora de la República, cuenta con trayectoria política propia, ganó su escaño con más de 500 mil votos y su nombre figura entre los posibles aspirantes a la gubernatura de San Luis Potosí en 2027. Sin embargo, buena parte del debate sobre su futuro parece construirse a partir de lo que otros dicen, interpretan o deciden alrededor de ella.

La reciente declaración de Gallardo, “Ruth puede esperar”, desató toda clase de interpretaciones, incluso una caricatura en la que ella aparece atacada de risa mientras lee la noticia. La sátira resulta ocurrente, pero deja flotando una pregunta mucho más interesante: ¿Ruth también considera que puede esperar?

La senadora ha manifestado que todavía no decide si buscará la gubernatura y ha defendido su derecho a participar. Tampoco ha sido ajena a la confrontación política. Su reciente postura en el Senado dejó ver a una legisladora dispuesta a responder personalmente cuando considera necesario fijar una posición. Es una leona.

Pero su papel político merece examinarse más allá de las controversias, de la hegemonía del gobernador y de las expectativas de su partido. ¿Aspira realmente a gobernar San Luis Potosí? ¿Tiene un proyecto propio? ¿Qué conservaría de la actual administración y qué estaría dispuesta a cambiar? Y, sobre todo, ¿hasta dónde llega su autonomía para decidir el rumbo de su carrera política? y ¿para qué quiere gobernar?

Ruth ha recorrido municipios, participado en actividades partidistas y desarrollado trabajo legislativo. Ese desempeño debe valorarse por sus resultados, sus compromisos y las propuestas que pueda ofrecer frente a los problemas del estado. Su trayectoria no tendría por qué quedar reducida al apellido de su esposo.

No se trata de exigirle que adelante una candidatura ni de pedirle que marque distancia con Gallardo para demostrar independencia. Se trata, sencillamente, de escuchar sus convicciones, conocer sus prioridades y entender qué lugar pretende ocupar en el futuro político de San Luis Potosí: conocer a Ruth desde la perspectiva de Ruth.

Los partidos podrán negociar alianzas, sus dirigentes definir estrategias y el gobernador expresar preferencias. Pero ninguna de esas circunstancias debería sustituir la voluntad personal de quien aspira a participar ni, mucho menos, anticipar la decisión de las y los ciudadanos.

Porque aquí hay dos voluntades que deben respetarse: la de Ruth González para decidir su futuro y la de las y los potosinos para elegir libremente a quién habrá de gobernarlos. El poder no se hereda, no se reparte ni se concede por anticipado. Se disputa democráticamente y su destino finalmente lo determina el voto ciudadano.

Por eso, antes de seguir interpretando si Ruth puede esperar, quizá sea momento de escuchar directamente a la protagonista de esta historia. Gallardo dijo que los tiempos del Partido Verde son diferentes y definirá su candidatura a la gubernatura entre diciembre de 2026 y enero de 2027. Ya falta poco. Sin embargo, el tiempo es relativo. Albert Einstein explicaba la relatividad del tiempo de forma sencilla con esta metáfora: “Cuando besas a una mujer hermosa, una hora parece un segundo. Cuando te sientas sobre una brasa ardiente, un segundo parece una hora; eso es la relatividad”.

Simultáneas:

– ¿Cambian los personajes o cambian las prácticas? La serie mexicana ‘El círculo’ en Netflix, inspirada en la novela ‘Los corruptores’, de Jorge Zepeda Patterson, irrumpió con gran éxito y altos niveles de rating en el streaming. Este desafiante thriller nos presenta una historia de secretos, intereses, complicidades y relaciones de poder. Una ficción que plantea una pregunta incómoda: ¿hasta dónde pueden llegar quienes buscan conservar su influencia? La novela apareció en 2013. Trece años después, México tiene otros gobiernos, otros protagonistas y un escenario político diferente. Pero las preguntas sobre la transparencia, la rendición de cuentas y las relaciones entre el poder político y los intereses particulares siguen vigentes. San Luis Potosí ofrece hoy un escenario interesante para esa reflexión. Rumbo a 2027, el Partido Verde contempla entre sus figuras a Ruth González Silva; Morena ha colocado a Elí César Cervantes al frente de su organización oficialista estatal, mientras Enrique Galindo Ceballos ha expresado su interés en construir una alianza opositora que ya bautizaron como ‘galindismo’. Las negociaciones, las diferencias entre partidos y las aspiraciones personales forman parte de una sucesión que ya ocupa buena parte de la conversación pública. Nada de ello constituye, por sí mismo, una irregularidad. Las alianzas son legítimas, las aspiraciones también y la competencia política es indispensable en una democracia.

– ¿Y las y los ciudadanos? La cuestión de fondo es otra: ¿qué tanto conocen las y los ciudadanos sobre los acuerdos, los compromisos y los proyectos que se están construyendo en su nombre? Porque una candidatura no es solamente una fotografía, una estructura territorial o un acuerdo entre dirigencias. Representa una propuesta de gobierno que debe poder examinarse públicamente. En San Luis Potosí sería conveniente conocer, más allá de los nombres y los colores partidistas, qué propone cada aspirante frente a la inseguridad, el agua, la infraestructura, la salud, la inversión y la transparencia en el ejercicio del presupuesto. También sería pertinente saber cómo se seleccionarán las candidaturas, qué participación tendrán las militancias y bajo qué criterios se justificarán las alianzas. La realidad suele superar la ficción de ‘El círculo’ y nos recuerda que la información puede convertirse en instrumento de poder. La democracia, en cambio, exige que la información pública sea una herramienta de vigilancia ciudadana. El poder puede negociar candidaturas; no puede negociar de antemano la voluntad de las y los electores.

– Un nuevo capítulo por escribirse. San Luis Potosí ha vivido distintas etapas políticas y ha sido escenario de importantes transformaciones y alternancias. La elección de 2027 abrirá un nuevo capítulo, cuyo resultado todavía no está escrito. La verdadera diferencia entre una renovación de nombres y una transformación de las prácticas deberá buscarse en los hechos, en los compromisos verificables y en la disposición de quienes aspiren a gobernar para someterse al escrutinio público. Porque al final, más allá de los partidos, las alianzas y los apellidos, queda una pregunta que ninguna negociación política puede responder por los ciudadanos: ¿Qué clase de gobierno quieren las y los potosinos para los próximos seis años? El poder no se hereda ni se presume como un derecho adquirido. Se disputa democráticamente, se ejerce bajo la ley y se somete al juicio ciudadano. Y en 2027, la decisión corresponderá a las y los potosinos.

¡Hasta el próximo lunes!

Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Astrolabio.

Es Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la UASLP. Comenzó como reportero en Canal 13 y para la revista Jaque. Dirigió Canal 9 de SLP y conoció de cerca el modelo de Radio Canadá en Montreal. Ocupó cargos de producción audiovisual, monitoreo, síntesis y análisis en Comunicación Social de Gobierno del Estado y del Ayuntamiento de la capital. Fue ejecutivo de Proyectos Técnicos y Especiales del Centro Nacional de Supercómputo del IPICYT y en la iniciativa privada participó en Seguros ING y AXA. Actualmente se desempeña en el sector inmobiliario y es director de Ajedrez Político SLP. Twitter: @AlvelaisPerez.