Maria Ruiz
María Guadalupe Ramos Murillo lleva casi dos años buscando a sus hermanos Abelardo y Osvaldo Ramos Murillo y al amigo de ambos, Oscar Juárez Padrón, cuyo paradero se desconoce desde el 13 de octubre de 2024, cuando fueron vistos por última vez en Fracción Milpillas, en la capital potosina.
Abelardo tenía 48 años en ese momento; actualmente tiene 50. Osvaldo tenía 45 y hoy tiene 47. Oscar tenía 33 y actualmente tiene 35.
La última vez que María Guadalupe los vio fue durante una convivencia familiar, en casa de su madre. Era el cumpleaños de Abelardo. La familia se había reunido para celebrarlo y, alrededor de las siete de la noche, los tres se dirigieron a la casa de Osvaldo, ubicada a un costado. A partir de entonces se perdió el contacto con los tres.
Las primeras horas todavía transcurrieron entre explicaciones que, con el tiempo, dejaron de tener sentido. Alrededor de las seis de la mañana del día siguiente, la familia encontró afuera de la casa de Osvaldo el automóvil de Abelardo. Él vivía hacia El Saucito, por lo que el vehículo en ese lugar llamó su atención.
Pensaron que quizá la convivencia había continuado durante la noche y que los tres estaban dentro de la vivienda.
La casa tenía la luz encendida y la puerta abierta. La motocicleta, de uso continuo de Osvaldo, tampoco estaba en el patio.
“Nosotros creímos que a lo mejor se habían desvelado festejando, mi otro hermano y que estaban adentro de la casa de Osvaldo. Nos llamó la atención a ver las cosas sin movimiento y la puerta abierta. Sin embargo, al entrar a su domicilio, nos percatamos de qué todo seguía inmóvil intacto. Incluso el carro de mi otro hermano seguía estacionado, como cuando lo dejó al llegar a la reunión familiar,”recuerda María Guadalupe.
No encontraron a ninguno.
La situación comenzó a llamar la atención de María, hermana de Abelardo y Osvaldo, pero también del resto de sus familiares. Ambos eran hombres de trabajo, acostumbrados a mantener sus actividades cotidianas y a descansar para continuar con ellas al día siguiente. No era habitual que se desvelaran o prolongaran una reunión hasta altas horas de la noche, mucho menos sin avisar a su familia.
Entre los hermanos y su madre existía una comunicación constante. Por eso, resultó extraño que ninguno de los dos les informara que permanecerían en el domicilio de al lado, propiedad de uno de sus hermanos, ni que posteriormente saldrían del lugar donde se encontraban reunidos.
Fue precisamente ese cambio en la rutina, esa falta de comunicación que en otras circunstancias habría parecido un detalle menor, lo que comenzó a encender las primeras alertas entre sus familiares. Algo no parecía estar dentro de lo habitual.
Por ello, también contemplaron la posibilidad de que hubieran decidido salir durante la noche en la moto, ya que esta no se encontraba en la cochera, y que en el trayecto hubieran tenido algún incidente o fueran detenidos por una autoridad de tránsito. La familia comenzó a buscarlos alrededor de las nueve de la mañana.
Revisaron hospitales y distintos sitios donde podían encontrarse. Acudieron a las salas de urgencias de los hospitales de la capital, a la Cruz Roja y a dependencias de la Policía Municipal, además de preguntar directamente en la Fiscalía General del Estado por si habían sido detenidos o trasladados durante la noche.
No encontraron rastro de ellos. Sin una explicación sobre lo ocurrido, comenzaron a contactar a otros familiares y amigos cercanos, quienes también negaron haber tenido comunicación con Abelardo y Osvaldo durante la noche o las primeras horas de la mañana.
Tras agotar las posibilidades de dónde podían encontrarse Abelardo, Osvaldo y su amigo Óscar, María decidió acudir a la Fiscalía General del Estado para presentar formalmente la denuncia por su no localización. Sin embargo, el personal se negó a recibirla y le indicó que debían esperar 72 horas para conocer su paradero. Posteriormente, la familia de Óscar haría lo mismo y recibiría la misma indicación.
Aunque el Protocolo Homologado de Búsqueda establece que no es necesario esperar 72 horas para reportar una desaparición o iniciar la búsqueda, María y su familia desconocían este procedimiento y atendieron la instrucción que recibieron. Para ella, ese tiempo de espera pudo haber retrasado las primeras acciones para localizar a sus hermanos y a Óscar. Posteriormente regresaron y rindieron las declaraciones correspondientes.
La búsqueda comenzó ese día 16 de octubre y continúa hasta ahora.
Como parte de las primeras diligencias de búsqueda, la Fiscalía General del Estado estableció que Óscar Juárez Padrón arribó al domicilio donde se encontraban los hermanos y que, posteriormente, los tres fueron vistos transitando en motocicletas, una de ellas propiedad de Osvaldo. Esta fue una de las primeras líneas de investigación seguidas por la Fiscalía para establecer qué ocurrió con los tres hombres.
A partir de entonces, la información sobre el caso comenzó a ser limitada. Las diligencias realizadas por la Fiscalía General del Estado no permitieron establecer un móvil que explicara la desaparición de Abelardo, Osvaldo y Óscar, ni encontraron elementos que los vincularan con la comisión de algún delito o con alguna situación que pudiera explicar por qué dejaron de ser localizados.
Sin una línea clara sobre qué ocurrió, hacia dónde se dirigían o por qué salieron aquella noche, las investigaciones avanzaron con pocas respuestas. Hasta ahora, la Fiscalía no ha logrado esclarecer qué sucedió con los tres.
No obstante, María continúa acudiendo a la institución para conocer los avances del caso, pero, hasta el momento, asegura no haber recibido información que permita establecer su paradero.
“No deja de ser un hecho que debe ser investigado y que obliga a las autoridades a agotar todas las líneas que permitan conocer qué ocurrió con mis hermanos”.
María Guadalupe refiere que en la Fiscalía los familiares han sido interrogados sobre las amistades de Abelardo y Osvaldo.
“No hay ningún avance, cero avance, nada más su GPS o su geolocalización de sus teléfonos es muy cercano a nosotros, a San Juanico y ya de ahí, nada. O sea, no hay nada . Es como si se hubiera abierto la tierra y se los llevara”, expresa.
Los tres hombres antes de la desaparición
Abelardo Ramos Murillo era contador. Había trabajado en Grupo MEBI y poco antes de su desaparición se encontraba buscando otras opciones de trabajo.
Osvaldo Ramos Murillo era mecánico y trabajaba sobre la carretera hacia Peñasco.
Oscar Juárez Padrón, conocido como “El vocho”, se dedicaba a la recolección de basura.
Abelardo tenía dos hijos. Osvaldo tenía tres. Aunque estaba separado, continuaba haciéndose cargo de ellos.
Son datos que María Guadalupe considera importantes porque una desaparición puede terminar reduciendo una vida entera a una fotografía difundida para localizar a una persona.
Antes de ser buscados, Abelardo y Osvaldo eran hermanos, padres y trabajadores. Oscar era amigo de ambos.
Había cumpleaños.
Había empleos.
Había hijos.
Había una familia.
Y había una vida cotidiana que se interrumpió cuando dejaron de tener contacto con ellos.
Para María Guadalupe también es importante hablar de sus hermanos porque, después de una desaparición, alrededor de la persona pueden aparecer preguntas que terminan convirtiéndose en juicios.
Qué hacía.
Con quién se relacionaba.
Qué amistades tenía.
Si bebía.
Si tenía problemas.
La familiar cuestiona que esas circunstancias puedan utilizarse para medir la importancia de una búsqueda.
“No eran hombres malos”, afirma sobre Abelardo y Osvaldo.
Después extiende esa defensa a todas las personas desaparecidas.
“Sean buenos y sean los más malos del mundo tienen derecho a ser buscados. Tienen derecho a ser amados”, sostiene.
Después de la desaparición de sus hermanos, María también tuvo que convertirse en buscadora. Se integró al colectivo Voz y Dignidad por los Nuestros San Luis Potosí, donde encontró acompañamiento y orientación para emprender una búsqueda que, desde entonces, modificó por completo su vida.
Sus dinámicas familiares y personales cambiaron. Tuvo que reorganizar horarios, dejar actividades a un lado y trasladarse a distintos puntos para participar en prospecciones y jornadas de búsqueda. Primero recorrió los sitios cercanos al último contacto con Abelardo y Osvaldo; después, ante la falta de respuestas, extendió la búsqueda a otros municipios de San Luis Potosí y a otros estados, entre ellos Aguascalientes y Guanajuato.
También asumió una tarea que su madre, por el profundo dolor que le provocó la desaparición de sus hijos, no siempre ha podido realizar. María busca por ella, mientras ambas enfrentan una ausencia que, hasta ahora, no tiene respuestas.
Desde ese lugar, María insiste en la necesidad de mirar las desapariciones sin prejuicios. El perfil de una persona desaparecida no determina el derecho de su familia a buscarla ni disminuye la gravedad de lo ocurrido. Para ella, la desaparición puede atravesar a cualquier familia, en cualquier momento, y por eso pide dejar de señalar y estigmatizar a quienes buscan a sus seres queridos.
“Esto le puede pasar a cualquier familia, en el momento que menos lo esperas”, es el llamado que hace desde su propia experiencia y desde el dolor de seguir sin saber dónde están sus hermanos.
“Una persona que no tiene un desaparecido no sabe el dolor que causa no saber que esta pasando con ello”, afirma María Guadalupe.
El tiempo no ha resuelto la desaparición.
Sólo ha aumentado el tiempo de búsqueda.
María tampoco busca únicamente a sus hermanos. Como integrante de Voz y Dignidad por los Nuestros, se ha sumado a las jornadas en las que otras madres, hermanas e hijas buscan a sus seres queridos. En esas prospecciones ha conocido de cerca el hallazgo de restos biológicos y fosas, experiencias que, asegura, han cambiado la manera en que mira su entorno y la realidad de la desaparición de personas.
Cada búsqueda también la lleva de regreso a las mismas preguntas sobre Abelardo y Osvaldo: dónde estarán, si tienen frío, si han comido, si alguien los está lastimando. Son preguntas que permanecen mientras no haya respuestas.
María insiste en una premisa que comparten las familias buscadoras y es que siempre se les busca con vida. Por eso, mantiene la esperanza de encontrar a sus hermanos y hace un llamado a cualquier persona que pudiera tener información sobre su paradero para que la proporcione.
“No vamos a dejar de buscarlos hasta encontrarlos”, sostiene. Detrás de esa búsqueda, recuerda, hay una familia que los espera: sus hijos, sus hermanos y una madre que todavía ansía verlos regresar a casa.
El próximo 13 de octubre se cumplirán dos años desde que Abelardo Ramos Murillo, Osvaldo Ramos Murillo y Oscar Juárez Padrón fueron vistos por última vez en Fracción Milpillas.
Abelardo tendrá 50 años.
Osvaldo, 47.
Oscar, 35.
Durante ese tiempo, sus hijos han seguido creciendo y sus familias han tenido que aprender a convivir con una pregunta que permanece abierta.
“Donde quiera que estén, hermanos, lo amamos con toda el alma y los seguimos esperando y buscando”, dice.
Después vuelve al verbo que ha acompañado a su familia durante casi dos años, “Hemos buscado hasta el infinito y lo seguiremos buscando”.





